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domingo, 13 de septiembre de 2015

Sobre la escasez de autobuses


         Desde el fondo del autobús observaba a ratos la fila de hombres y mujeres que soportaban los treinta y ocho grados del calor oriental. Ese día, la brisa se había extraviado. Los pasajeros no podían mantener la mirada en un objetivo fijo por mucho rato. El viaje era acompañado con bruscos movimientos en zigzag sugeridos por el tráfico de la avenida y las irregularidades del asfalto.
            “Ta’ vacía’o. Suba, suba. ¡Cárcel Vieja, Chica, Fuente!”, gritaba el desesperado colector. Su modulación era tan rápida como atropellada. En un abrir y cerrar de ojos podía mencionar 5, 6 ó 7 estaciones. Las paradas no tienen nombre, son un grupo de puntos distribuidos al azar por la dinámica popular, una repartición que se hizo en honor al bochinche. Las vías que conectan la zona norte de Anzoátegui están aderezadas por el diccionario de la costa y no por los cuadrantes del Plan de Desarrollo Urbano Local olvidado en los archivos de la burocracia.
            En un autobús de 42 puestos nos congregamos poco más de 60 personas. En la fila, la fricción de los cuerpos generaba molestia. “Esto huele a cabuya de marinero”, exclamó una señora miembro de ese club llamado la “tercera edad”. Acto seguido, el colector discutía con un grupo de muchachos de camisa azul. Arbitrariamente la unidad había decretado el rechazo a todos los boletos preferenciales. El pasaje estudiantil quedó sin efecto. La indignación era un acuerdo tácito.
            Finalizaba la tarde. Casi todos venían de su faena diaria, la mal pagada jornada laboral. Una docena de amas de casa cargaban con las compras del día. Aquellos rostros mostraban la fatiga de muchas horas en alguna cola. Faltaban productos.
            Las paradas se han quedado sin autobuses porque éstos cada vez son menos. No huyeron, siguen en la zona, pero no están en funcionamiento. Se encuentran en algún taller, algún galpón o terreno baldío, alguna calle o vereda cómplice que los recibe una semana, o dos, o varios meses, mientras el azarado chofer resiste la peregrinación de la búsqueda de repuestos. Son rehenes de la escasez y la inflación.
            En la zona norte, por lo menos un 50% de los autobuses se encuentran inoperativos. El gobierno ha activado una manada de unidades chinas, rojas, con pantallas electrónicas para escribir vivas al socialismo, cuyo único atractivo es el aire acondicionado, pues corren con la misma suerte de los vehículos paganos: el canibalismo se apoderó de los estacionamientos de estos autobuses “revolucionarios”. Los mecánicos desarman uno para mantener con vida a otro. Es una especie de donación de órganos forzosa de la cual depende la existencia de ese paciente crítico que es la movilidad de los ciudadanos de a pie.
            Todos dentro del autobús comparten la misma desgracia: el desabastecimiento, los altos precios y la inseguridad. Nadie se salva. Pasajeros, colector, chofer y vehículo son víctimas de los flagelos que vive la Venezuela actual.
            En las paradas están miles, millones, esperando que la suerte caiga del cielo y les permita retornar a casa. Quienes no pueden subir al transporte, arrancan la travesía a pie. Tiempo después, no sabemos si llegaron a sus hogares. La calle, además de huecos, oscuridad y basura, tiene muchas balas, el único producto que se consigue en todos lados.
        
Ángel Arellano

lunes, 17 de agosto de 2015

El elefante en la cristalería

         Partamos de la siguiente premisa: ni al gobierno de Chávez ni al de Maduro le ha interesado, le interesa o le interesará la inseguridad ciudadana. Nunca. Ellos lo reconocen tácitamente. Veinticinco planes de seguridad han sido impulsados desde que llegaron al poder en 1999 y ninguno ha dado resultados eficientes. Cada uno estuvo acompañado de la misma plegaria demagógica: “Ahora sí vamos con todo contra el hampa”, “Llegó el momento de acabar con la delincuencia”, “Con el ‘Patria Segura’ sí tendremos barrios tranquilos”. Un castillo de naipes.
            Hace exactamente un mes, el 13 de julio, el chavismo anunció con bombos y platillos, y con muertos y disparos, el nuevo plan de seguridad para, “ahora sí”, acabar con la delincuencia: Operación para la Liberación y Protección del Pueblo (OLP). “Liberarlo” y “protegerlo” de la violencia. ¿Cómo? Con más violencia, intentando captar la simpatía de los que están “a monte” por culpa de la delincuencia. “¡Plomo parejo!”. Artimaña electoral. Por naturaleza al gobierno le interesa el conflicto, no la paz. Desde hace más de tres lustros los derechos humanos valen lo mismo que las balas que han asesinado a más de 300 mil compatriotas en las calles.
            Como la propaganda da para todo cuando se tiene el control para coaccionar a medios de comunicación independientes cerrando emisoras y canales de televisión, persiguiendo tuiteros, periodistas y páginas web a la par de la consolidación de una plataforma mediática estatal sin límites, al gobierno no le cuesta mucho poner de moda nuevos términos. Es así como los revendedores, especuladores, acaparadores y buhoneros, calificativos históricos incluso en la Revolución, pasaron a ser “bachaqueros”. De la misma forma se insertó en la agenda pública la sigla OLP. Ahora cualquier frase emitida por la nomenclatura chavista pasa por aderezarla con esas tres letras.
            Paradójico que en el país con más homicidios per cápita  en toda América sea tema de discusión el nuevo programa de seguridad que tiene más de reality show sangriento que de programa, un espectáculo en el que contingentes de militares y policías invaden los barrios más peligrosos para “liberar” por unos minutos al pueblo de sus verdugos que a la sazón están pagados por la derecha, la oposición, Estados Unidos… Por unos minutos. No se ha detectado un descenso en el índice de violencia luego de las sacudidas que se llevan por el medio a culpables, sospechosos e inocentes. ¿Será casualidad que ningún “pran” relevante ha caído tras alguna de las OLP practicadas?
            De acuerdo con cifras oficiales se han realizado 21 operativos de las OLP en 12 estados. La intervención de 17 mil efectivos ha dejado un saldo de 931 detenidos y 52 muertos. Han decomisado 1017 armas y 2094 municiones, menos de lo que se encuentra en cualquier centro penitenciario del país. 27 funcionarios fueron necesarios para realizar una detención, 221 para decomisar un arma, 154 para rescatar un vehículo, 307 para una moto, y 60 para recuperar uno de los 356 apartamentos de Misión Vivienda dentro de las “Zonas de Paz” (hay docenas de denuncias por desalojos injustificados).
            Existe una desproporción evidente en las OLP. Una “cayapa” para capturar a un delincuente. No actúan fiscales, defensores ni garantes de los Derechos Humanos. Y se preguntará alguien ¿para qué DDHH si están matando malandros? La fuerza, cuando se desborda, arremete contra todo lo que está a su paso. Van muchas denuncias por abusos contra inocentes… y las que faltan. Como me dijo mi amigo Max Guerra, es como meter a un elefante en una cristalería.

Ángel Arellano

domingo, 12 de julio de 2015

Visitando a Américo en el Razetti

         En el hospital Luís Razetti de Barcelona los médicos recuerdan los reportajes que realizaba el periodista Américo Hernández en sus años mozos. Él se encuentra internado por una de dolencia que lo ha llevado a permanecer en el recinto durante un par de semanas.
            Como del venezolano lo que más recoge el mundo es su capacidad para demostrar afecto y solidaridad, asistí un día cualquiera a visitar a Américo y llevarle un libro. Los minutos que transcurren en el hospital se convierten en horas y las horas en días, haciendo de los días semanas y de las semanas una eternidad. Cuando llegué a la camilla en la que reposaba acompañado de su amable esposa, le entregué el ejemplar y hablamos. En medio de la conversación decidió prestarme un libro que tenía junto a él. La obra en cuestión era “¡Viven! La tragedia de Los Andes” de Piers Paul Read (1974), el famoso relato sobre los deportistas uruguayos que se estrellaron en las frías montañas que dividen Chile de Argentina. Aquella tragedia se hizo popular en su tiempo cuando los sobrevivientes confesaron haber comido carne humana para paliar el hambre durante 70 días de intemperie.
“¡Después de leer esto sé que lo que tengo es una pica’ e’ plaga!”, me dijo Américo. La exclamación fue un lugar común. Si algo nos caracteriza es nuestra capacidad de adaptación en las más deplorables circunstancias. Solo miremos alrededor cuántas personas subsisten en medio de esta crisis sin parangón.
Cuando bajaba las escaleras del hospital pensé en la precariedad de su situación, en el deterioro de la infraestructura, en la miseria de sus insumos y en el drama de quienes ahí laboran. Más de 20 mil médicos venezolanos se han ido al extranjero en los últimos años. Las ruinas del país. Aquella institución de primer mundo inaugurada en su ubicación actual en 1963 por Rómulo Betancourt, ícono de la democracia moderna, y reinaugurado docenas de veces por los gobernantes populistas de turno, es el símbolo de la decadencia de la región. Cito una interrogante que Tomás Straka se hace en “La república fragmentada” (2015): “¿cómo es posible que al cabo de los años más prósperos, libres y pacíficos de la historia venezolana (lo cual no quiere decir que lo hayan sido en términos ideales, sino comparados con lo ocurrido hasta entonces) se llegara a tal sensación de fracaso?”.
A las 7 de la noche regresaba a casa. Y aunque corrí con suerte porque mi vehículo estaba entero en el oscuro estacionamiento, en la salida del hospital me detuvo una cola que duró por lo menos dos horas: motorizados protestaban exigiendo a la morgue la entrega de un compañero fallecido. La policía se desentendió del asunto. Patrullaban los alrededores pero no interactuaban con los manifestantes. Algo similar había sucedido toda la semana en la Universidad de Oriente, en donde encapuchados trancan la avenida, saquean camiones y roban a estudiantes. Muchos pacientes que salían de alta, otros que intentaban ingresar y varios que necesitaban salir rápido del sitio para iniciar la angustiosa búsqueda de medicamentos, se encontraban en aquella cola.
Un par de días después el director de la Policía regional ofreció a la prensa una declaración escalofriante: “Polianzoátegui vigilará la UDO si le garantizan seguridad”. ¿Quién debe brindar seguridad a quién? El que los responsables de resguardar a la sociedad pidan ayuda nos da una idea de nuestra deplorable situación.
  
Ángel Arellano

miércoles, 29 de abril de 2015

El ejemplo de Boconó

¿Alguien conoce Boconó? Una ciudad relevante, la segunda de Trujillo, con una hoja de vida densa e importante desde su fundación (1563) hasta la actualidad. ¿Hay quien recuerde la última protesta de connotación nacional registrada en aquél lugar?
Hoy en Boconó la población salió a la calle con dos consignas: basta de escasez y basta del reinado del hampa. Su único norte era mostrar el descontento con la crisis nacional. Cosa que logró ampliamente.
Cuando el mensaje es sencillo y la causa es común, la reacción no se hace esperar. La gente superó los dimes y diretes de la coyuntura electoral, las conchas de mango del gobierno, los temas halados por los cabellos para distraer a la opinión, y se creció estimulando el rechazo hacia dos lugares comunes: las colas y la inseguridad.
Esta movilización de calle, gran expresión de civismo, enarbola la bandera de una causa justa. El pueblo no puede seguir soportando a unas autoridades que persisten en la destrucción del país.
Sencillo: tenemos hambre y odiamos la violencia.
Desde nuestro espacio cada quien puede aportar, porque cada ciudadano es accionista de esta nación y socio de este problema. Si lo dejamos correr, como han hecho muchos, o si nos acomodamos en la fila y simulamos vivir en la burbuja del "¡la culpa es de los políticos!, ¡que lo resuelvan ellos!", mientras a nuestro alrededor se desmorona lo que una vez fue la Venezuela democrática, complacemos al gobierno.
La indiferencia es un aplauso a los culpables.
No está en discusión si hay o no que sumarse a la oposición, porque la oposición ya no es un grupo minoritario o el sinónimo mal empleado que posicionó el chavismo para englobar a todos los afectos de la MUD, la Cuarta República y las fallas del pasado, la oposición somos todos los venezolanos que no queremos más caos. Que nos oponemos a la miseria y la frustración que patrocinan los que desde el poder hieren cada vez más a la población.
Boconó ha sido un ejemplo. La causa es de todos. Tenemos hambre y odiamos la violencia. Basta de escasez, basta de colas, basta de inflación, basta de malandros en la calle y en el gobierno.

Cambiar este modelo es una meta muy posible, si empujamos todos.

Ángel Arellano

domingo, 18 de mayo de 2014

El delito estudiantil


         Juan de Dios es un muchacho sano, alto, agradable, educado desde la humildad del cultivo y la promesa de la cosecha en un pueblito de Guárico. Baila, canta, lee poesía y estudia sociología, una de esas ciencias raras que pretende comprender la incomprendida vida del tumulto. Se fue a la capital cargado de sueños, queriendo volver para traer el sustento a una familia que mucho necesita.
            Salió a protestar el día de la juventud. Al igual que sus compañeros de clases, la inseguridad le tocó muy de cerca. Apenas en enero le habían robado todo en un autobús y veía con estupor que mientras asesinaban a estudiantes dentro de sus propias casas de estudio, el pueblo se mantenía en colas interminables sufriendo por la escasez y el desabastecimiento.
            En la marcha se armó una trifulca, llegaron disociados armados y grupos antimotines. Los dos lados de la violencia: la oficial (GNB y policía) y la paramilitar (colectivos). Perdió el equilibrio, cayó al piso. Al levantarse sólo notó un destello blanco y un ardor insuperable en el rostro. Vuelve a caer, ahora sí inconsciente.
            Despierta en una camilla, no hay visión por el ojo izquierdo. El dolor es intenso. Está esposado. No sabe qué ocurre. Sin teléfono ni morral ni cartera. ¿A quién le comunica su desgracia? Llegan dos reservistas de las Fuerzas Armadas. Se lo llevan sin más.
Entiende su situación al pisar la celda, vendado, con la franela empapada en sangre y múltiples moretones. No le permiten hablar con nadie. No sabe de su madre, amigos y demás estudiantes. Lo mantienen ahí, a oscuras. 25 largos días. ¿Su delito? Emprender, estudiar, soñar, alzar su voz, gritar la verdad, caminar con un cartel exigiendo justicia y soluciones a la crisis venezolana.
Sale de prisión en medio de protestas. Al fin ve a su madre, la siente, llora, sufre con ella la desventura de ser una nueva víctima de la dictadura. Su padre no está, nunca estuvo. Se regresan en el primer autobús a Guárico, directo a casa del médico amigo de la familia. Es poca la esperanza, no tendrá más visión en ese ojo. La bomba lacrimógena destrozó nervios benditos.
Al pasar las semanas se mantiene desde casa colaborando con su causa. Escribe, diseña panfletos, organiza reuniones y asambleas populares. Juan de Dios es un activista, un hijo de la lucha por la democracia. Apenas 20 años. No se dará por vencido. Reiniciará clases el próximo semestre. Quiere ver su país mejor, quiere que toda la sociedad se vuelque a poner su granito de arena ante el desastre de la dictadura.
Dos meses después, Juan de Dios es uno de los millones de jóvenes que llora la caída de 42 personas en tres meses de protestas. Más de tres mil detenidos y setenta torturados. Quiebra fiscal del país, no hay dinero, alimentos, medicinas, repuestos. La calle, la participación, el acompañamiento de la gente, la protesta, es el único camino a la justicia, a la historia. Unidad real, esa deuda que nos tenemos pendiente.
En 2011 el periodista Ramón Hernández publicó “Contra el olvido”, un libro de conversaciones con el ilustre Simón Alberto Consalvi. En sus páginas comentaba mucho de lo que hoy sucede: “Cuando la resistencia sea fuerte, llegarán las torturas (…) Cuando haya una enérgica resistencia, la tortura y la muerte estarán presentes (…) En Cuba sólo existe lo que dejó Batista y los gobiernos anteriores. La revolución no construyó nada. Aquí se caerá el puente sobre el Lago de Maracaibo, se abandonará la infraestructura y el dinero del petróleo se usará para la sobrevivencia, para comprar alimentos y medicinas a las mafias internacionales”.


Ángel Arellano
Twitter: @angelarellano
www.angelarellano.com.ve

martes, 21 de enero de 2014

Diálogo y sus condiciones


          Del diálogo y su necesidad para hacer frente a la hostilidad que atraviesa la nación desde hace unos quince años no hay nada que agregar. La sociedad reconoce por abrumadora mayoría que para atender con eficacia la crisis política, económica y social en la que estamos sumidos, es obligatorio pactar unas normas mínimas de entendimiento con las que oposición y gobierno, las dos perfectas mitades en las que se divide la población venezolana, puedan hablar, convivir y trabajar en función del clamor popular.
            Tanto los oficialistas como sus contrarios se sienten asistidos por la verdad, pero al no existir un escenario para el careo de las ideas, los primeros recurren a la hegemonía mediática y la arbitrariedad para imponer sus tesis, mientras los segundos, disminuidos en televisión, radio, y prensa escrita, ventilan cuanto pueden a través de la concurrida ventana en la que se convirtió internet.
            Esta navidad para el venezolano estuvo llena de tristezas y miserias. Familias enteras que no completaron los ingredientes de las hallacas por la escasez o difirieron el Niño Jesús por los exagerados costos de los productos. Habrán notado que una vez transcurrida la jornada electoral del 8D, los electrodomésticos baratos desaparecieron y los precios exorbitantes siguen la escalada en un año en el que todo lo que se consigue es transitando los caminos verdes.
            Ante este panorama, minado de contradicciones para el ciudadano de a pie que solo entiende de su urgencia para llevar el pan a la casa y pagar las deudas, se viene planteando un escenario de “diálogo” en el que los gobernantes asisten a reuniones con la curia de Miraflores para articular líneas de gobernabilidad. Si bien es correcto apoyar cada paso que se de en beneficio de la reconciliación nacional, no es menos cierto que este “diálogo” se debe dar en igualdad de condiciones. Hemos sentido incomprensión en la comunidad nacional en cada reunión entre gobernantes opositores y gobernantes oficialistas, pues así como se hacen en la sede del Ejecutivo Nacional, a escala regional parece repetirse el “diálogo” sin problemas.
            ¿Por qué incomprensión? Es complicado para el común asimilar una conversación diplomática, aun cuando el país abogue porque sea en el mejor clima de cordialidad y respeto, entre los representantes de un Estado depredador que mantiene presos políticos, exclusión en las instituciones y programas sociales públicos, insuperables índices de corrupción, nepotismo y las peores cifras en homicidios, salud, inflación y escasez que gobierno alguno ha tenido en la República, con los líderes de una alternativa que aboga por el restablecimiento del estado de derecho, la separación de poderes, institucionalización y garantías democráticas, sin que para estos últimos se den algunos gestos que afiancen esa “paz” que el gobierno aparentemente anhela. ¿Cuáles son estos gestos? Liberación de Simonovis y otros presos políticos del régimen, acuerdo para el respeto de la libertad de prensa, espacio para los opositores en medios de comunicación públicos, presidencias en comisiones de la Asamblea Nacional de acuerdo a la proporción de escaños, supresión de los gobiernos paralelos, entre otros primeros compromisos.
            De lo contrario, ¿cómo reconocer que la iniciativa del gobierno atendida por la oposición tendrá mayores resultados que algunas obras públicas en municipios y estados? Es difícil. No para nosotros que día a día militamos en la incansable lucha por un mejor país, que podemos comprender las penurias que supone hablar por primera vez con una sorda burocracia que por un lustro se mantuvo totalmente cerrada en su clero, sino para ese vecino, ese venezolano que siente que sus problemas más sensibles (inseguridad, alto costo de la vida, apagones, desempleo) no están siendo atendidos por más que Miraflores decreta medidas, promulga leyes y encadena a diario.
            Es menester para la Unidad, dentro de su estrategia de proyección en el tiempo, exigir estas condiciones, velar porque se cumplan y nutrir de coherencia su mensaje nacional. De lo contrario, se abonará el terreno al gobierno para la apretada crisis que se mantendrá durante todo el año. Vienen situaciones sumamente espinosas, calamidades económicas que marcarán la primera mitad del siglo. Se necesita una oposición operativa, articulada en toda la geografía y que proponga soluciones desde el parlante internacional hasta el radio bemba del barrio. No nos encantemos con espejitos, hay que luchar.


Ángel Arellano
Twitter: @angelarellano

lunes, 28 de octubre de 2013

La desaparición de lo público




          El civismo perdido. Un extravío de cuantioso valor para la identidad nacional sin comparación alguna. La gran derrota de esta sociedad ha sido la entrega de sus valores civiles a una camaradería de mafiosos que a costillas de un libreto mal leído sobre unos supuestos valores “revolucionarios” y “bolivarianos”, desampararon al pueblo y se hicieron con el botín de las arcas patrias para financiar su nueva clase: la boliburguesía.
          En un enriquecido debate en el aula con compañeros de clase, sale de un chispazo esta frase: “lo público desapareció en Venezuela”. La sentida falta de espacios para el compartir entre todos transpira entre minutos de melancolía dedicados al recuerdo de lo que teníamos como país.
El que trabajaba tenía oportunidad, y el flojo, flojo se quedaba. Existió una Venezuela exportadora y productiva. Hubo una idea del progreso, sobre todo de la vida en sociedad, la vida pública.
Hoy nuestros compatriotas gastan los pocos ahorros que la veloz inflación les permite mantener en sus cuentas bancarias para adquirir algunos bienes que ayuden a hacer todo en casa. Comida cuando se consiguen productos para hacer completo el mercado, la caña para la casa, las cotufas para ver películas desde el sofá, la torta de cumpleaños no sale a la calle, y miles de etcéteras.
El socialismo fue una promesa absurda porque hoy la sociedad valora lo privado, lo que es de ellos, no las plazas, calles, monumentos, parques, universidades, jardines, canchas, gimnasios.
Extraviada quedó la cultura ciudadana para dar paso a la hostilidad entre hermanos, guerra en la calle. Es el mejor legado de esta “revolución”. Hasta el motorizado que se atraviesa olvidó el “disculpas” para incorporar un insulto sin razón. Desapareció de nuestro ideario el respeto al otro.
El privilegio que ha tenido estos últimos 15 años la mitificación de la labor militar de los líderes del proceso independentista venezolano, así como la reivindicación de los intentos de golpes de Estado en la década de los noventas por cortesía de este chapapote de gobierno, enviaron al foso de la valoración cultural a nuestros cimientos civiles y democráticos.
Bolívar, rey y padre de todo lo sagrado en la República, es el santo cuya luz de velas esconde la labor de tantos ciudadanos y próceres que lograron darle orden a la idea de sociedad que quisimos desarrollar para el futuro. Es así como lo militar y violento tiene privilegios. Y por ende, tanto tiempo después, con una administración dedicada a publicitar el gendarme como mejor opción, se desfiguró esta concepción hasta lograr la desaparición de lo público.
Somos, pues, un país en el que tiene mayor aceptación un carrito de perros calientes que una plaza pública, o un remate de caballos que un jardín para todos los ciudadanos.
A todo esto agreguemos el factor miedo. Miedo emanado de la violencia. Sale mejor llegar a casa temprano directo a dormir que ir al teatro o al parque (sólo en la capital, en el interior sencillamente no los hay) porque en la vía han muerto cientos a manos del hampa. Todo concatenado en un genuino atentado contra los valores que pudieran quedar insertos en la mente de las generaciones actuales, porque las nuevas, en las que crecerán los hijos de los que lucharon contra “la boliburguesía” y los hijos de los boliburgueses, no pinta mayor diferencia si no irrumpe un drástico cambio pronto.
De lo contrario, sigamos olvidando.



Ángel Arellano
Twitter: @angelarellano

martes, 10 de septiembre de 2013

Patria sin luz no existe



          Sin más que lágrimas y lamentos, el hermano de una treintañera asesinada en Puerto La Cruz grita “La Patria segura no existe, lo que existe es la muerte segura”. Su familiar, vendedora de perros calientes como muchas en todo el país, falleció en medio de una balacera protagonizada por bandas en el sector Chuparín Arriba.
Esta zona días atrás protestaba la falta de servicios públicos elementales y la escasa sanidad de sus calles. Torres de basura tienen hediondo el lugar, y aunque los vecinos han organizado sus operativos de limpieza para ampararse de las enfermedades que proliferan con los desechos regados por doquier, el aseo no ha dicho presente en las últimas cuatro semanas.
Agreguemos algo que es común, tan común que ya causa ruido repetirlo, pero nuestro trabajo como redactor no sólo debe ser el de la catarsis literaria, sino acompañar a las masas en sus dolores y penurias: muchas vías de Chuparín Arriba están apagadas, entregadas a la oscuridad. Los bancos de transformadores rechinan solicitando cambio o mantenimiento. Y los que no suenan, simplemente ya no dan más luz dejando desde hace tiempo a merced del hampa desbordada cual cauce sin represa, a la inocente ciudadanía que ya no soporta los nervios de vivir en esta sanguinaria realidad.
            La falta de alumbrado es en estos momentos el apoyo número uno que recibe la delincuencia a nivel nacional. Pareciera que todas las empresas públicas e instituciones del gobierno firmaron hace ya casi 15 años un pacto con el diablo para poner a Venezuela en el paredón de los fusilados.
            Muere nuestra población civil a manos de los sinvergüenzas mejor armados que cualquier guardia. Por ahí se publicó un video de una cuerda de Policías Nacionales malandros gastando balas en juegos de carajitos. Son esos mismos casquillos los que no se usan para defender gente como la perro calientera de Chuparín que pereció a causa de las organizaciones delictivas que dominan Puerto La Cruz y de los cuerpos de “inseguridad” rendidos a pies juntillas a las directrices de los pranes más bestias y enfermos.
            No será sorpresa que este pueblo estalle en llamas agotado de sus desgracias. El índice de conflictividad venezolano, medido por la cantidad de protestas, denuncias y reclamos de la sociedad para con sus autoridades, estalla en niveles alarmantes nunca antes vistos. La comunidad internacional exhibe a la República como la protagonista de la mayor inflación en el planeta.
            ¡Ni en Siria la cosa está más cara que aquí, echémosle bolas! Pero no falta un ministro o dirigente chavista que salga con un dossier de respuestas rebuscadas al mejor estilo de Jesse Chacón, al que se le apagaron 14 estados durante casi medio día aunque “la situación del servicio eléctrico está normalizada”.
            Maduro y su nerviosismo medido por las muletillas y trastadas al hablar. No controla ni el mensajero que lleva los periódicos a Miraflores. Por eso estamos como estamos, gente incapaz que no comprende ni atiende las gigantescas calamidades nacionales.
            La Carretera de la Costa se incendió en protesta hace pocos días. Gente alarmada por la creciente inseguridad en la zona oeste de Anzoátegui, donde no los ampara nadie y ni a las buenas de Dios ya se sienten porque son venezolanos que hasta la fe perdieron a punta de pistola.
            La Patria segura en tiempos del chavismo siempre ha sido un mito. El gobierno le teme a la rabia canalizada a través de votos, y hacia allá va la cosa. Por nuestros muertos, por nuestros servicios públicos fundamentales y por la papa que no llega a la mesa amén de esos precios exorbitantes. Unidad.



Ángel Arellano
Twitter: @angelarellano

lunes, 24 de diciembre de 2012

2012: VAN 18960 HOMICIDIOS




          Inseguridad, realidad que nos golpea, flagelo que tiene desmembrada la identidad de Venezuela ante el mundo. 66 ciudadanos de cada 100mil habitantes caen muertos por el hampa que ha coronado un paraíso para desarrollar sus actos delictivos, a toda escala.
            Por supuesto que en un Estado de derecho controlado por las leyes y un plan integral de lucha contra la inseguridad, estas cifras son imposibles. El moribundo Gobierno Nacional nunca ha afianzado una verdadera guerra a la violencia que se vive en el país. Su programa populista número 21, “Misión A Toda Vida Venezuela”, no ofrece resultados, sólo publicidad y material POP. Miles de millones de bolívares invertidos en fallidas estrategias que no han disminuido en por lo menos un punto porcentual la triste realidad.
            2011 fue un año crítico para la nación al reportarse 18.850 homicidios de manera oficial (Fuente Cicpc y Mppij). El año en curso ya lo supera con 18.960 fallecidos (al 17 de diciembre), y las estimaciones es que pase la barrera de los 19 mil: una carnicería monumental destacada en el mundo.
            Sin embargo, el gobierno en su estrategia permanente de mantener a todos contentos, difunde estudios que muestran que Venezuela es un país alegre y optimista. En contraste, las colas para “parir” Harina Pan, azúcar, leche y aceite han sido las verdaderos protagonistas de la Navidad.
            Por otro lado, el campante presidente del INE, Elías Eljuri, saliendo al paso a la breve y obvia desaparición mediática del economista de la revolución, Jorge Giordani, se despliega flamante con la positiva información de que la inflación cerraría 2012 en menos del 20%. Los salarios no valen nada en el Estado más corrupto del continente. Las cifras de nuestra economía se unen al luto que nos dejan los delincuentes asesinos.
            Partiendo de información publicada por el colega periodista Deivis Ramírez Miranda el 23 de diciembre de 2012 en El Universal, el 80% de los homicidios registrados en Venezuela fueron con armas de fuego y 20% con armas blancas, objetos contundentes y otros. ¿Qué pasó con la Ley para el Desarme y Control de Armas y Municiones engavetada en la Asamblea Nacional? Son los parlamentarios del chavismo quienes deben darle una respuesta a las miles de familias enlutadas.
            El Presupuesto de la nación para 2013 no dedica su fortaleza en el renglón seguridad ciudadana. Por el contrario, su músculo financiero está orientado a fortalecer el clientelismo que predomina en el exagerado gasto público, en un año que se verá herido por la crisis.
            No podemos despedir este escrito sin antes reflexionar en que de esos 18.960 homicidios que van a la fecha, mucho más de la mitad son personas menores de 30 años: los jóvenes de la Patria cayendo abatidos en toda nuestra geografía. Para las nuevas generaciones este es el verdadero titular, no la polémica y millonaria salud presidencial.

            Ángel Arellano
            Email: asearellano@yahoo.es
            Twitter: @angelarellano
            www.angelarelano.tk

martes, 24 de julio de 2012

El malandraje del oeste



          Hace unas semanas que debo un merecido espacio en nuestra columna semanal al flagelo de mayor popularidad en Venezuela, la inseguridad. Entendida como el elemento más noticioso que el país exporta al resto del mundo. Nos conocen más por Chávez y por la tasa de homicidios y robos que por el petróleo y las mises. En fin, hay que cambiar.
            La zona rural del oeste de Anzoátegui y sus pueblos más urbanizados dejaron de ser territorios “algo” tranquilos por la descomposición de los cuerpos de seguridad municipales, regionales y nacionales que allí hacen vida. A esto mencionado le añadimos el gigantesco número de ciudadanos provenientes de los estados Carabobo, Vargas, Distrito Capital, Miranda, Aragua, Zulia, Mérida y Táchira que han poblado barrios enteros trayéndose en su migrar un gran número de desalmados que persiguen a la manada.
Boca de Uchire, Valle de Guanape, Onoto, y sobre todo Clarines, Píritu y Puerto Píritu son capitales de los municipios del oeste que están bañadas en delitos. De nuevos sectores ubicados a las afueras de los pueblos, proviene la mayoría de hampones que han alterado los índices de “paz” que se respiraban en estas localidades.
Hace unos diez años en Clarines, por ejemplo, podías dormir en la calle y lo más que pasaría con tú integridad era que te pintaran o jugaran alguna broma pesada, cinco años después se intensificaron los robos pero igual se sentía un grado digamos que de tranquilidad por ser sitios sin mucha población.
Hoy por hoy no hay gente en la calle porque el hampa anda como jinete desbocado llevándose a todo el que se consiga mal parado.
El índice de robos, hurtos, riñas, actos vandálicos, homicidios y secuestros se reproduce con el pasar de las horas, en una zona desprotegida porque cuenta con el peor equipo en la historia de alcaldes corruptos e ineptos, así como de instituciones públicas negligentes que no prestan un servicio de calidad para atender el malandraje.
Es común escuchar de las vacunas que piden en el Cicpc de Puerto Píritu para recibir hasta el certificado de denuncia, sobre todo cuando hay un cobro de seguros por el medio; o también de la sordera temporal de funcionarios de la Policía de Anzoátegui ante cualquier llamado de emergencia. Ni hablar de los puestos permanentes de tránsito o de la Guardia Nacional Bolivariana porque es ponernos a llorar. Ahí martillan hasta a los indigentes.
            Estemos bien alertas con la gente desconocida en las calles oscuras. Varias bandas de secuestradores y picadores de carros tienen como modus operandi “caerle” a sus víctimas aprovechándose de los reiterados apagones. Siempre que se desmantela una organización delictiva en el oeste de Anzoátegui aparece el nombre de más de un funcionario policial salpicado, así que la sociedad debe prevenir aún más.
            Las policías municipales descompuestas cuidan del hampa y sus oscuros negocios que arrastran con ellos a gran número de jóvenes al mundo de las drogas, robo y delincuencia organizada. En la vida real nadie protege a la ciudadanía, a menos que seas un ostentoso contratista del gobierno o familiar de algún cercano al poder. Esa es la semilla del chavismo y lo que sueñan hacer prosperar para cosechar miedo controlador de la decisión electoral.
            Estimado lector, usted decida. Siempre en beneficio de la vida, la paz y el bienestar de la nación. Todos quisimos ver mejoras en el sistema de seguridad nacional pero nunca se avanzó, es momento de ceder el puesto a otro.

Ángel Arellano
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martes, 15 de mayo de 2012

Más allá del pasaporte

A inicios de los años noventa se manejaba un número de 200 mil emigrantes venezolanos distribuidos por todo el planeta. En 2010 la cifra ascendió hasta toparse con 900mil “auto expulsados” del país. Hoy se consolida que, amén del director del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), Elías Eljuri, y sus teorías de la especulación mediática, un 4% de nuestros compatriotas habitan en el extranjero.
La inseguridad, principal tema del debate nacional y del deterioro de nuestra calidad de vida, es el elemento número uno que toman en cuenta quienes no soportan los atracos diarios, secuestros, homicidios, choques de bandas y demás abusos del hampa, para irse de la nación.
En muchos de los que toman camino fuera de nuestras fronteras para buscar prosperidad y paz, existen recuerdos de algún fallecido en hecho violento, o suceso que lamentar por la carencia de tranquilidad que se acentuó profundamente los últimos 13 años en todo el territorio. Son más de 180 mil homicidios los que ha logrado el chavismo con su desconocimiento en materia de seguridad.
Así toque venderlo todo y huir sin capital alguno, quienes hoy están fuera consideraron en su momento que era mejor comenzar desde cero a estar sometidos a la tortura de la delincuencia reinante. Simple, sin tanto que resumir… En Venezuela se convirtió un delito ser rico o vivir con privilegios, así como poseer empresas prósperas, aspirar tener estabilidad, expresarse libremente y pare usted de contar. Aquí se premian y protegen a los delincuentes principalmente porque el Gobierno Central es la escuela de “pranes” que hoy conforman la “Boliburguesía”, como bien dijera Domingo Alberto Rangel en 2006.
Según la tesis “¿Formado para exportar?” de Claudia Vargas, citada el 13/05/2012 en el diario Últimas Noticias, la causa número dos y tres de los emigrantes criollos, son el Gobierno y el conflicto político que actualmente vive el país. Este dato debe añadirse a esa reflexión permanente que se sostiene en el seno de la familia venezolana con respecto a los paradigmas que pueden suscitarse a final de año.
La sociedad está cansada de divisiones, de conflictos, pugnas y sobre todo de quienes dirigen este barco sin rumbo que se ha vuelto la República de Venezuela. No hay que alimentar el odio, pero si la memoria, porque no debemos olvidar que de ese 4% de nuestros compatriotas, la gran mayoría huyó porque no veía posibilidad de sueño alguno en la patria de Bolívar.
Son 260.000 criollos los que viven en EEUU, 200.000 en España, 150.000 en Italia, 100.000 en Portugal, 60.000 en América del Sur, 12.ooo en Oceanía, y sigue… Son más de 1.360.000 ciudadanos venezolanos en el extranjero.
Más allá del pasaporte, hay un sentimiento de nostalgia, de querer ver próspera la tierra que tanto amamos. Por ello, la tarea de quienes aquí estamos, sin miedo, es cambiar a quienes dirigen el timón y colocar gente capaz, con profundo sentimiento patriótico, para exaltar ese amor por lo de aquí que no se ha perdido ni se perderá jamás. Somos pueblo de lucha y por un camino mejor nos resteamos.
Necesitamos que vuelvan nuestros profesionales y conciudadanos que son parte fundamental para desarrollar esta nación y volverla productiva y libre, recuperar el hilo de la tranquilidad, acabar con la guerra interna y seguir adelante.

Ángel Arellano
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lunes, 23 de abril de 2012

HOMICIDIOS


Muere en el sector Nueva Barcelona, Francisco Gómez de 21 años, estudiante de Administración de la Universidad Santa María, quien no quiso entregar su automóvil a maleantes de la zona y por pisar el acelerador recibió un disparo en la cabeza.
De igual manera falleció gracias a un gatillo alegre el hijo del afamado pelotero Horacio Estrada, Horacio Daniel Estrada Martínez, de 22 años de edad.
Dos jóvenes venezolanos: todos pagan el precio de vivir en una nación sin Estado de Derecho, insegura y con escazas garantías de vida.
Estos ejemplos muy recientes son un fiel termómetro de la situación actual en Venezuela. El hampa es quien nos comanda y no podemos dejar de denunciar estos hechos que destrozan a nuestras familias. Diplomáticos, militares, deportistas, artistas, estudiantes, jóvenes, todos a raya por la delincuencia que es quien gobierna en una nación donde el pánico se apoderó de la gente hace muchos años.
Para refrescar nuestra memoria, apreciados lectores, recordamos que a inicios de febrero del presente año el estrella ministro de interior y justicia, Tareck El Aissami, ofreció su balance del mes de enero con una increíble cifra de 1347 homicidios y 37 secuestros en el territorio nacional. Son las estadísticas oficiales que vieron la luz sin incluir los cientos de fallecidos que no aparecen o no son denunciados ante los entes de seguridad, bajo el aura de la impunidad.
En promedio, el resumen de enero de El Aissami, arroja 43 muertos diarios, lo cual se puede fácilmente contrastar con el conflicto en el Estado Islámico de Libia, que en un sangriento combate el 22 de abril del corriente, registra la agencia internacional de noticias EFE, murieron apenas cuatro personas.
Estos números, por más interpretación que busquen los factores amigos del Poder Central, muestran una clara realidad.
A nuestro parecer no hay una nación con mayor conflicto social que Venezuela, donde los caídos en hechos violentos dejaron de ser noticia por lo cotidiano de las seguidillas de cadáveres en las morgues.
El 91% de los homicidios en Venezuela, según el Cicpc en 2012, son por armas de fuego y un 5% producto del uso de armas blancas. Estamos a merced de los ajustes de cuentas, balas perdidas y pequeños rateros que cubren de luto a nuestro país permanentemente.
Sin embargo, y más allá del drama judicial que vivimos hoy por los trapitos al sol que aparecieron con el nuevo sapo del Gobierno (Aponte Aponte), Miraflores traza una política comunicacional estratégica para distorsionar el problema de la inseguridad: el capitalismo, la desigualdad de clases, el imperio, y los gobernadores y alcaldes opositores al régimen, son los reales culpables de que en no tengamos seguridad y derecho a la vida.

Ángel Arellano
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lunes, 3 de octubre de 2011

Inseguridad: un problema joven

No culmina aún agosto de 2011 y ya en el populoso sector El Viñedo de Barcelona, el conteo de homicidios en la prensa registra unos 5 jóvenes en edades comprendidas de 16 a 23 años.

Caen abatidos en las calles de los pueblos de Anzoátegui y Venezuela. Todavía no podemos comparar la permanente guerra religiosa en el mundo árabe, puesto que nuestras estadísticas rompen los pronósticos de un cruento conflicto permanente en la nación.

Fueron 569 los ciudadanos que murieron a manos del hampa en la entidad en 2010. La cifra es una aproximación de las instituciones oficiales porque siempre la suma extra oficial es sanguinaria y asfixiante. Con números así rondando entre las familias anzoatiguenses, se hace imposible esperar sensación de seguridad, problema que se ha convertido hace varios años, en la principal preocupación del venezolano.

La depuración a los entes de seguridad regionales, que en algún momento de los inicios de Tarek William Saab se realizó como importante iniciativa; con el pasar de los años las prioridades de los oficialistas es otra.

Hoy la Policía de Anzoátegui y sus cuerpos asociados son un nido de mafias que no se frenan por el brazo de la autoridad y la justicia. Los jóvenes percibimos esto diariamente y es parte de la desmotivación social que existe en la patria, inclusive la más peligrosa de todas: la sumisión por el temor a perder la vida, quedarse sin bienes materiales o inclusive familiares.

Una joven murió en el Instituto Universitario Politécnico Santiago Mariño luego de que le robaran su BlackBerry y así va caminando el hampa, a paso de vencedores, sin Fiscales ni Defensores. La población nueva (16 a 27 años) es el gran 70% de víctimas que pierden la vida, y con ella las esperanzas de la familia venezolana: Tareck El Aissami es la fuente directa de la tragedia. Ante esta realidad, la respuesta juvenil debe venir llena de un optimismo sólido y renovador.

Los Jóvenes por la Democracia Social de Un Nuevo Tiempo anunciamos agenda de visitas municipales para engranar equipos en todas las jurisdicciones de la región a partir del primero de septiembre.

Hacer acto de presencia en la zona norte, oeste, centro y sur de Anzoátegui es una nueva meta trazada para llevar la realidad de la inseguridad al público joven que sabe de qué se trata pero que no profundiza por temor o inexperiencia. Políticos somos todos porque entendemos que comunicando trascendemos en nuestro pensamiento y hacia allá vamos con una maquinaria sólida, coherente y organizada de muchachos y muchachas orientales que puedan ofrecer nuevas ideas nacidas del calor del debate en la comunidad contra este flagelo social.

Ángel Arellano

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232 en un fin

La inseguridad se mantiene como el primer problema social de Venezuela. Terror en las calles con el hampa fuera de control. No hay donde esconderse. 232 personas, en su mayoría jóvenes, murieron el pasado fin de semana en el país. Pierde la vida más gente nuestra en las calles que en las tierras del conflicto religioso árabe.

Muere el futuro en las calles, arrebatado de los brazos de padres y madres que con esfuerzo construyen una familia. Vale recordar la anécdota que el zuliano Pablo Pérez agregó a su discurso de presentación como candidato presidencial a las primarias de Unidad: “Catalina, una mujer colombiana, quien es padre y madre a la vez, debe ahora ser padre de sus nietos porque perdió a sus hijos luego de que la violencia se los llevara”.

El Sistema de Policía Nacional, una iniciativa ideal para unificar a todos los cuerpos de seguridad en un solo ente capaz de articular la vigilancia, asistencia y cuidado de los ciudadanos, está lento en su conformación total. El Gobierno Central presiona, reglamenta y coordina la formación del mismo, pero la escaza política de orden que emana el Ministerio de Interior y Justicia, así como otros entes respectivos, no “cuaja” y por eso vemos que la Policía Nacional da tantas vueltas y no arranca con todo.

Contadas son las patrullas que en Anzoátegui funcionan al servicio de la gente. El policía de hoy es un funcionario público con escazas reivindicaciones salariales y que no cuenta con respaldo de un Ejecutivo que atienda sus demandas, por eso tanto malandro y mafioso vestido de policía. Por lo menos en el 70% de los hechos delictivos que suceden en Venezuela, participa al menos un agente de la seguridad pública.

Son temas de vida o muerte, nuestras familias corren peligro entre tanta inseguridad y el PSUV prefiere convocar sesión extraordinaria en la AN para hablar del cierre a 6to Poder. Comienza la arremetida de este trimestre contra otro medio más medio, no había nada nuevo que esperarse por ser esto tan normal. Cierran el semanario referido, aprensa a su directoral general e inician otra casería contra Leocenis García, presidente de la empresa.

La Fiscalía del Ministerio Público en tiempo record terminó las seis acusaciones para la publicación por sacar una primera plana con fotos editadas de mujeres con cargos en el Poder Popular. Pero, hay que decirlo así pique a los chavistas, el retardo procesal se comió a la revolución bonita porque la crisis penitenciaria transpiró hasta llegar a todo el mundo. La comunidad internacional sabe claramente el desastre por el que pasa Venezuela.

Muere una muchacha de la Universidad de Carabobo, siguen cayendo abatidos jóvenes por un celular. Y así corren los días. La transformación de la nación llega de nuestra mano y participación, es necesario activar.

Ángel Arellano

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viernes, 24 de junio de 2011

PSUV vivió inseguridad en Anzoátegui

La espada de Bolívar sólo es un suvenir que se le entrega a cuanto dictador visita Venezuela, porque el significado de defensa de nuestra patria no existe. El ápice de seguridad que tuvo por doce millonarios años el Ejecutivo central para fortalecer y relanzar las instituciones policiales y de investigación criminal a las calles de la nación, en aras de recobrar la confianza del ciudadano con su país, se perdió a carta cabal.

Hoy tenemos la labor de, más allá de las fronteras políticas que tienen años dividiendo a esta República, amén del mensaje destructivo y bélico de Miraflores, solidarizarnos con el pueblo chavista, porque ellos son tan venezolanos como nosotros, aunque sus líderes quieran acabar con el sentir criollo por un fantoche revolucionario que se convirtió en propiciador de un narcoestado, corrupto y despilfarrador.

La inseguridad nos está acabando. Por más que el gobiernito finja demencia ante los problemas, y se oculte en dar soluciones de papel para mantener el status quo internacional que lo pueda defender ante una posible situación de inestabilidad política auto provocada. Todo esto en el tapete con los números formidables que la oposición maneja de cara a sus primarias en febrero.

Domingo 15 de mayo, la familia anzoatiguense en casa. Faltaba poco para las nueve de la noche cuando estalla a través de la red social Twitter, la noticia de que el alcalde Stalin Fuentes había recibido un atentado en el sector Boyacá I de Barcelona. En el sitio en el que se encontraba reunido con otros compañeros del oficialismo, dentro de los cuales destacan el alcalde Guanta y Anaco, cae tiroteado un escolta de su equipo de seguridad personal asignado por la Policía Municipal de Sotillo, y resulta herido su chofer.

Consternado por los acontecimientos, Fuentes debe declarar ante el Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas de la capital del estado y luego dar la cara a la opinión pública sobre el lamentable hecho ocurrido.

Sin duda llama a la reflexión esta crónica en miniatura que duró escasos minutos para captar la atención de Venezuela en Twitter. La familia del agente Nelson Estanga (38) cae rendida observando la trágica manera en la que perdió la vida un padre, y la sociedad confundida no sabe qué más esperar para que las autoridades reaccionen con fuerza y uniformidad ante el drama social por demás denunciado, llamado inseguridad.

La Policía Nacional continúa en la parroquia Sucre del municipio capitalino Libertador, investigaciones de parlamentarios sobre saltan la palestra pública cuando el debelador dato de que 80% de las balas encontradas en hechos delictivos, por lo menos en el centro del país, son fabricadas en la única industria abalada por el gobierno, ubicada en Aragua. Es evidente que los esfuerzos por depurar los entes de seguridad pública, se han quedado en gavetas y estantes.

Ahora llegó Makled a Venezuela y pare usted de contar. Se alerta a la comunidad como siempre, no hay que dejar de hacerlo porque la patria es una y todos cabemos en ella. Muchas tendencias en el PSUV Anzoátegui cambiarán, sin duda este atentado es un hecho sin precedentes que marcará el cambio que este estado ha decidido tener porque todos estamos contra la pared y nunca aparece un culpable tras el gatillo.

Ángel Arellano

www.angelarellano.tk