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lunes, 17 de agosto de 2015

El elefante en la cristalería

         Partamos de la siguiente premisa: ni al gobierno de Chávez ni al de Maduro le ha interesado, le interesa o le interesará la inseguridad ciudadana. Nunca. Ellos lo reconocen tácitamente. Veinticinco planes de seguridad han sido impulsados desde que llegaron al poder en 1999 y ninguno ha dado resultados eficientes. Cada uno estuvo acompañado de la misma plegaria demagógica: “Ahora sí vamos con todo contra el hampa”, “Llegó el momento de acabar con la delincuencia”, “Con el ‘Patria Segura’ sí tendremos barrios tranquilos”. Un castillo de naipes.
            Hace exactamente un mes, el 13 de julio, el chavismo anunció con bombos y platillos, y con muertos y disparos, el nuevo plan de seguridad para, “ahora sí”, acabar con la delincuencia: Operación para la Liberación y Protección del Pueblo (OLP). “Liberarlo” y “protegerlo” de la violencia. ¿Cómo? Con más violencia, intentando captar la simpatía de los que están “a monte” por culpa de la delincuencia. “¡Plomo parejo!”. Artimaña electoral. Por naturaleza al gobierno le interesa el conflicto, no la paz. Desde hace más de tres lustros los derechos humanos valen lo mismo que las balas que han asesinado a más de 300 mil compatriotas en las calles.
            Como la propaganda da para todo cuando se tiene el control para coaccionar a medios de comunicación independientes cerrando emisoras y canales de televisión, persiguiendo tuiteros, periodistas y páginas web a la par de la consolidación de una plataforma mediática estatal sin límites, al gobierno no le cuesta mucho poner de moda nuevos términos. Es así como los revendedores, especuladores, acaparadores y buhoneros, calificativos históricos incluso en la Revolución, pasaron a ser “bachaqueros”. De la misma forma se insertó en la agenda pública la sigla OLP. Ahora cualquier frase emitida por la nomenclatura chavista pasa por aderezarla con esas tres letras.
            Paradójico que en el país con más homicidios per cápita  en toda América sea tema de discusión el nuevo programa de seguridad que tiene más de reality show sangriento que de programa, un espectáculo en el que contingentes de militares y policías invaden los barrios más peligrosos para “liberar” por unos minutos al pueblo de sus verdugos que a la sazón están pagados por la derecha, la oposición, Estados Unidos… Por unos minutos. No se ha detectado un descenso en el índice de violencia luego de las sacudidas que se llevan por el medio a culpables, sospechosos e inocentes. ¿Será casualidad que ningún “pran” relevante ha caído tras alguna de las OLP practicadas?
            De acuerdo con cifras oficiales se han realizado 21 operativos de las OLP en 12 estados. La intervención de 17 mil efectivos ha dejado un saldo de 931 detenidos y 52 muertos. Han decomisado 1017 armas y 2094 municiones, menos de lo que se encuentra en cualquier centro penitenciario del país. 27 funcionarios fueron necesarios para realizar una detención, 221 para decomisar un arma, 154 para rescatar un vehículo, 307 para una moto, y 60 para recuperar uno de los 356 apartamentos de Misión Vivienda dentro de las “Zonas de Paz” (hay docenas de denuncias por desalojos injustificados).
            Existe una desproporción evidente en las OLP. Una “cayapa” para capturar a un delincuente. No actúan fiscales, defensores ni garantes de los Derechos Humanos. Y se preguntará alguien ¿para qué DDHH si están matando malandros? La fuerza, cuando se desborda, arremete contra todo lo que está a su paso. Van muchas denuncias por abusos contra inocentes… y las que faltan. Como me dijo mi amigo Max Guerra, es como meter a un elefante en una cristalería.

Ángel Arellano

lunes, 23 de abril de 2012

HOMICIDIOS


Muere en el sector Nueva Barcelona, Francisco Gómez de 21 años, estudiante de Administración de la Universidad Santa María, quien no quiso entregar su automóvil a maleantes de la zona y por pisar el acelerador recibió un disparo en la cabeza.
De igual manera falleció gracias a un gatillo alegre el hijo del afamado pelotero Horacio Estrada, Horacio Daniel Estrada Martínez, de 22 años de edad.
Dos jóvenes venezolanos: todos pagan el precio de vivir en una nación sin Estado de Derecho, insegura y con escazas garantías de vida.
Estos ejemplos muy recientes son un fiel termómetro de la situación actual en Venezuela. El hampa es quien nos comanda y no podemos dejar de denunciar estos hechos que destrozan a nuestras familias. Diplomáticos, militares, deportistas, artistas, estudiantes, jóvenes, todos a raya por la delincuencia que es quien gobierna en una nación donde el pánico se apoderó de la gente hace muchos años.
Para refrescar nuestra memoria, apreciados lectores, recordamos que a inicios de febrero del presente año el estrella ministro de interior y justicia, Tareck El Aissami, ofreció su balance del mes de enero con una increíble cifra de 1347 homicidios y 37 secuestros en el territorio nacional. Son las estadísticas oficiales que vieron la luz sin incluir los cientos de fallecidos que no aparecen o no son denunciados ante los entes de seguridad, bajo el aura de la impunidad.
En promedio, el resumen de enero de El Aissami, arroja 43 muertos diarios, lo cual se puede fácilmente contrastar con el conflicto en el Estado Islámico de Libia, que en un sangriento combate el 22 de abril del corriente, registra la agencia internacional de noticias EFE, murieron apenas cuatro personas.
Estos números, por más interpretación que busquen los factores amigos del Poder Central, muestran una clara realidad.
A nuestro parecer no hay una nación con mayor conflicto social que Venezuela, donde los caídos en hechos violentos dejaron de ser noticia por lo cotidiano de las seguidillas de cadáveres en las morgues.
El 91% de los homicidios en Venezuela, según el Cicpc en 2012, son por armas de fuego y un 5% producto del uso de armas blancas. Estamos a merced de los ajustes de cuentas, balas perdidas y pequeños rateros que cubren de luto a nuestro país permanentemente.
Sin embargo, y más allá del drama judicial que vivimos hoy por los trapitos al sol que aparecieron con el nuevo sapo del Gobierno (Aponte Aponte), Miraflores traza una política comunicacional estratégica para distorsionar el problema de la inseguridad: el capitalismo, la desigualdad de clases, el imperio, y los gobernadores y alcaldes opositores al régimen, son los reales culpables de que en no tengamos seguridad y derecho a la vida.

Ángel Arellano
Twitter: @angelarellano
asearellano@yahoo.es
www.angelarellano.tk

jueves, 17 de septiembre de 2009

Ocho muertos y más de 600 afectados por el gas cloro en Clarines


Aproximadamente a las 8:05 de la noche una coalición en la curva del sector mini finca entre El Caney de Acapulco y el Centro Vacacional Clarines de la carretera Oriente – Caracas, entre una gandola de marca Iveco blanca, placa 79U MBC, y una gandola marca Mack color blanco, placa A04 A05D, produjo una contingencia en todo el perímetro de la población de Clarines y sectores aledaños.

El primer transporte era conducido por Iban Espinas (56) acompañado de Manuel Chávez Ayala (23), residentes de Maracaibo. Éstos, se trasladaban a la represa de Clavellinos, estado Sucre para hacer mantenimiento a la planta de tratamiento de agua potable de esa zona, con un cargamento de 17 cilindros con 500 kilogramos de gas cloro, cada uno. El segundo vehículo tenía de chofer a Ricardo Romero (41) cargado de láminas de acero de dos pulgadas de espesor.

En el choque las láminas de acero de la Mack trazaron las cadenas de los cilindros con gas cloro, y perforaron a dos de los de ellos, los cuales cayeron de la plataforma de la gandola. El chofer de la Iveco, conociendo la situación, continuó conduciendo hasta un sitio descampado para poder ocultar un poco la toxicidad del químico.

En frente de la estación de servicio del distribuidor de Clarines, al lado del puente sobre el Rio Unare, el chofer perdió el control de la carga y cayeron dos cilindros rotos, en la orilla de la carretera.

A los 40 pasajeros de un expreso de Peli Express que iban detrás de la gandola Iveco, les tocó sufrir la descarga del gas tóxico al pasar por el sitio del choque. No se reportó ninguna pérdida lamentable de este. Asimismo, una unidad de Expresos Flamingo con destino Caracas, cargada con 45 pasajeros, que tomó la vía de los llanos (Guárico), fueron atendidos en Valle de la Pascua. Se conoció que se sentían mal, con malestar y síntomas de intoxicación pero están fuera de peligro.

Inmediatamente al destruirse las válvulas de control de los cilindros que cayeron en la carretera, el gas cloro, un complemento inmensamente tóxico, comenzó a expandirse por la zona.

La comunidad de Paso Real, que queda en frente del distribuidor de Clarines, fue la primera en huir del olor de cloro que se dispersó por las zonas aledañas. Muchos de los pobladores de este caserío atravesaron el Río Unare en lanchas y botes pequeños para llegar a Clarines y refugiarse del intenso y peligroso olor. A las 9:30 pm ya estaba evacuado ese caserío pero las autoridades de Protección Civil y la Policía del Municipio Bruzual no recomendaron su rápido retorno a las viviendas pues afirmaron que el gas tiende a mantenerse en la atmósfera por un lapso de tiempo de dos a tres días.

Los sectores de Barrio Obrero, La Loma y La Plaza fueron evacuados y el llamado de la radio del pueblo, Colonial 90.9 fm, era el de refugiarse en otras casas en urbanizaciones más lejanas al sitio del suceso. Muchos pobladores se fueron a las localidades de Píritu y Puerto Píritu, como parte del miedo que vivía el pueblo en esas horas.

Desde minutos después del acontecimiento tóxico, el hospital tipo uno de Clarines, Doctor Antonio Rondón Lugo, colapsó, puesto que había un solo médico de guardia y el personal de enfermería y emergencia era demasiado escaso para enfrentar el siniestro.

Apoyo logístico, voluntarios y médicos llegaron desde Valle de Guanape, Guanape y zonas cercanas. Muchos choferes y pasajeros quedaron atrapados en la cola que se creó luego de la coalición. Las distintas alcaldías de la zona Oeste de Anzoátegui apoyaron con oxígeno y ambulancias.

A las dos de la madrugada la situación aún era muy tensa. Llegaba gente de todas partes del pueblo con asfixias, dificultades respiratorias, tos e intoxicación. El equipo de Protección Civil no pudo apagar un último cilindro que emanaba gas, sino hasta las dos de la tarde del jueves.

Al amanecer se conoció que la cifra de muertes era de ocho personas: Freddy Soto (indocumentado), Wilmer Castellanos (50), Maria Esther Martinez (34), Freddy José Morales (45), Aura Arismendi, Eli Canelon y dos que no poseían identificación.

Extraoficialmente: aproximadamente 600 personas fueron atendidas por síntomas de intoxicación en el hospital de Clarines. Contrasta con las cifras oficiales que fueron de 326 a las una de la tarde del jueves. La única vía de tránsito nacional existente hasta la tarde de ayer era la da Aguas Calientes, municipio Bruzual, que requiere de una hora y media más de carretera, en diferencia a la vía nacional. Para hoy la carretera Oriente – Caracas está libre.

Centros de acopio en el centro comercial Plaza Mayor y Odett Center de Barcelona, habilitó el movimiento estudiantil de Anzoátegui. También en la sede nacional de Un Nuevo Tiempo en la avenida principal de Las Palmas en Caracas y la cámara municipal y Plaza Bolívar de Lechería. La alcaldía de Lechería, gobernación del estado y alcaldías de la zona Oeste colaboraron con insumos.

Para el cierre de esta edición continuaban llegando personas intoxicadas y con tos al hospital doctor Antonio Rondón Lugo.

Fotos en www.twitter.com/angelarellano

Ángel Arellano

E/USM

asearellano@yahoo.es