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jueves, 9 de abril de 2015

Conversación con Gerardo Resplandor


Hace unos días pude hablar por teléfono con Gerardo. Como saben, él, al igual que otros estudiantes, permanece en los calabozos del Sebin, encerrado sin condena formal, ni juicio, ni pruebas que lo inculpen. Es víctima de la represión del régimen. Públicamente el gobierno acusa a estos jóvenes de "conspirar", como si organizar protestas, movilizaciones y actos de resistencia pacífica fuera algo ajeno a esa masa disidente que luego se transformó en la amorfa clase política del chavismo. Ellos, los hoy PSUV, Polo Patriótico o "revolucionarios", construyeron un programa político cuyo basamento esencial era la insurgencia y la transformación radical del sistema existente. Mandan al calabozo a quienes tienen una intención que en el algún punto coincide con su planteamiento inicial. No soportan que existan activistas de la democracia.
Tal como sucede con López, Ledezma, Ceballos y tantos otros, a Resplandor también le violan sus derechos todos los días: exactamente lo que no sucedió con Chávez quien siguió conspirando desde Yare. Durante la llamada telefónica, hablamos de las restricciones a sus visitas familiares, de amistades y defensa; del calvario para recibir unos libros; de la lucha emblemática y valiente de su madre quien es símbolo de fuerza, coraje y compromiso; de su candidatura a Diputado a las Primarias de la Unidad por Lechería, Puerto La Cruz y Guanta; de la celda de cuatro metros cuadrados en la que apenas puede estirarse; y de un elemento terrorífico y real: la tortura.
Gerardo y otros jóvenes presos en el Sebin han recibido graves golpizas y descargas eléctricas por parte de los carceleros del régimen, no sólo para que declaren su culpabilidad (falsa) ante los hechos (sin soporte) sobre los que se les acusa, sino para que delaten con historias erradas a dirigentes de la oposición. En otras palabras, el gobierno tortura a estos muchachos prometiéndoles la libertad a cambio de que inculpen a otros.
"Cuando baje la presión aquí adentro vamos a ver si te dejan entrar a visitarme para que veas los hematomas y heridas que me ha dejado la tortura. Aquí estamos sufriendo para no decir nada de nadie y no inculpar gente inocente", me dijo antes de colgar. Impresionante. Antes de que terminen de leer estas letras, cierren los ojos y visualicen unos segundos encontrarse dentro de una celda diminuta y oscura, recibiendo golpes de unos desconocidos, sufriendo descargas eléctricas y tortura psicológica sin poder escapar. Eso lo soportan estos muchachos, quienes sólo nos piden dos cosas obligatorias para cualquier ciudadano que aprecie la libertad y la vida: no olvidarlos y seguir luchando por salir del régimen.
Conozco a Gerardo desde hace varios años. Entre muchas cosas que hemos compartido, le estoy muy agradecido especialmente porque en un momento desgraciado en que necesité ayuda tras un terrible accidente de tránsito que tuve en Monagas, su apoyo fue inmediato y acompañó a mi familia mientras rescataban el vehículo y yo era trasladado de emergencia a un centro hospitalario. Es un buen amigo, colaborador y activista a tiempo completo. Esta vez lo escuché y percibí mucha madurez, mucha reflexión, un gran crecimiento espiritual, pero además la preocupación que todos tenemos sembrada en el corazón y la mente por el rumbo terrible que está tomando la nación.
Que el sacrificio de todos los presos políticos no quede en vano. Así como hemos contado con ellos, ellos cuentan con nosotros, y Venezuela depende de todos. Ofrezcamos una oración a Dios para que cese la tortura y la represión en nuestro país.
(Hoy pasé por la Plaza Altamira y tomé la imagen que aparece arriba, pensando en ilustrar el texto. En el sitio se mantiene un grupo de jóvenes agitando la conciencia de los transeúntes. Prohibido olvidar).


Ángel Arellano

Caracas, 07 de abril de 2015

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