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lunes, 3 de febrero de 2014

Grilletes en la educación


        Este año 27% de los niños en edad de preescolar no están en clases y 15% de los jóvenes en edad para el bachillerato no se inscribieron. Un millón de estudiantes de bachillerato han desertado en los últimos 10 años de Revolución Bolivariana y 800 mil no ingresaron nunca. Números reconocidos por el gobierno. ¿Las causas? Pobreza, falta de dinero para comprar uniformes, cuadernos, libros, transporte, carencia de instituciones educativas cerca de casa, inseguridad, falta de políticas educativas que eleven la calidad de docentes y estudiantes, infraestructura deteriorada y muchos otros ingredientes que se desprenden de lo antes mencionado.
La masificación de los barrios en epicentros urbanos y zonas rurales, además de significar un amplísimo desorden de servicios ha traído consigo una inmensa población en edad escolar que no está asistiendo a clases. Gran parte de estas barriadas donde se concentra la abrumadora mayoría poblacional no cuentan con instituciones educativas, y en los campos del país, la subdesarrollada y desasistida ruralidad, los niños y adolescentes deben caminar kilómetros, tomar un aventón o coger bus un par de horas para asistir a clases en las mismas escuelas y liceos de hace 45 ó 35 años.
Añadimos un elemento de análisis fundamental: las cifras oficiales son inexactas. Se manejan muchas cantidades pero la calidad está denigrada del ojo del Estado. Los números que se exhiben parten más del timbal rimbombante que anuncia “8 millones de alumnos arrancaron este año escolar”, la grosera cifra que pudiera atontar a los crédulos acólitos del oficialismo, que de una realidad bien estudiada.
¿En qué condiciones están viendo clases esos niños?, ¿quiénes son sus docentes?, ¿qué resultados estamos obteniendo?, ¿qué rentabilidad tiene para el Estado la educación que se imparte? Respuestas que tendríamos de un gobierno que se toma en serio el tema, pero no de quien coloca como Ministro a un abogado inexperto que inició su gestión hablando de que su misión estaba “más allá de la escuela”. Un pichón de galáctico.
La realidad muestra una Venezuela cada vez menos competitiva, con inmensas crisis en el área social, económica, política y que, de no hacer los correctivos concretos de inmediato, vivirá bajo la impronta de generaciones en la que los hombres y mujeres que no deserten del aula, tendrán un bajo nivel educativo y por ende menos acceso al mercado laboral. No sólo seguiría la importación de todos los productos que consume el venezolano, sino a largo plazo significaría una importación en desbandada de mano de obra calificada para cubrir las necesidades del mercado.
Un trágico problema nacional es nuestra poca preocupación por los temas educativos. En la cultura Patria está el béisbol, no nuestros académicos e intelectuales. En agenda siempre las horas se van en hablar de política y de economía, pero la formación de los niños y jóvenes queda rezagada para un próximo episodio. Mientras los países con mayor estabilidad y crecimiento económico de Asia, Europa y Norteamérica tienen la educación como primer punto de debate público, en Venezuela seguimos sumidos en el atraso con un gobierno cuyo Presidente de dudosa nacionalidad no es egresado de una casa de estudios superiores.
No es del azar que dos de los implicados en el asesinato de la Miss Venezuela Mónica Spear era menores de edad. Obviamente no han sido muchachos atraídos por los beneficios de la escuela, entregados a merced del hampa y no al de los cuadernos y libros. Es la mejor muestra del fracaso de la Revolución, todo un aparato dedicado a la promoción de la rencilla, venganza, revancha, confrontación política y no a los valores educativos y culturales necesarios para insertarnos en el primer mundo. La generación formada al calor del chavismo sale a las calles a asesinar sin ningún remordimiento, no conoce las bondades del estudio y del trabajo gratificante porque su ejemplo son maestros que ganan menos que los buhoneros.


Ángel Arellano
Twitter: @angelarellano

www.angelarellano.com.ve

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