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lunes, 11 de mayo de 2015

Sobre el Filven 2015 en Puerto La Cruz


"El Filven es un espacio para la promoción del libro oficialista". Si usaran esa descripción para redondear su objeto y finalidad, capaz el evento tendría mejores resultados.
En sus puntos para venta e intercambio de libros siempre predomina la literatura revolucionaria. Íconos rusos, cubanos, latinoamericanos y árabes, son colocados en pedestales para exhibir la fábula (o justificación) del socialismo teórico. 
La edición de este año, que contó nuevamente con un apéndice en Puerto La Cruz, y que entiendo partirá mañana a El Tigre, a pesar de significar un buen momento para comprar libros nuevos, viejos, usados y raros, y saludar a los asistentes que en su mayoría son lectores entusiastas, fue pobre. En una línea: fue un pobre evento.
Un intento minúsculo para la necesidad de promoción de la lectura que hay en Anzoátegui. Con el 1% del gasto anual de publicidad y propaganda de la Gobernación del estado se hubiese hecho algo mejor, de mayores proporciones y más plural.
En la región apenas existen algunos círculos de lectura y reflexión, muy en detrimento de la creciente aparición de nuevos escritores, ensayistas, poetas y talentos en las letras.
La invitación al Filven 2015 de Puerto La Cruz apenas fue una brisa que tocó a pocos, en contraste con las costosas convocatorias que reproduce el gobierno para cualquier evento político.
El Parque Andrés Eloy Blanco mostró su suciedad, deterioro y olvido para que a ninguno de los que fueron al Filven les quedara duda de que por más que este gobierno lo intente, es incapaz, ignorante e indolente ante los espacios que necesita la comunidad.
Los que dirigen el país, en su persistente y obstinada labor de hacer de la ficción del Socialismo del Siglo XXI un cuento digerible para todas las edades, no escatimó en presentar textos alegóricos al Comandante. Me pregunto ¿cuántos buenos libros habrán quedado como borradores polvorientos esperando algún apoyo estatal?
Aunque todo esto deprime, las mesas para la venta de obras universales y nacionales no dejaron de ser una oportunidad para encontrar algún título interesante. La capacidad innata que tenemos los venezolanos para darle la vuelta a las situaciones más adversas, permitió no salir corriendo.
Me alarmó de sobremanera cómo casi todos, incluyéndome, aprovecharon la ocasión para adquirir libros usados. Los nuevos son muy costosos y los ejemplares que presenta el gobierno son papelería de la propaganda. Otra vez la crisis y su cara de perro.
No obstante, muchos jóvenes asistieron. No lo sé con exactitud, pero me aventuro en asegurar que casi todos no están del lado de los rojos. ¿Cómo estarlo? El Filven 2015 en Puerto La Cruz terminó siendo un montón de libros viejos intentando formar a una generación emergente que quiere sobrevivir al deterioro cultural del régimen.

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