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miércoles, 17 de febrero de 2016

¡Y la aumentó!


         Desde que soy muy niño vengo escuchando en las reuniones de familia, en la calle, en la escuela y después en el liceo, que el gobierno nunca aumentaba la gasolina porque ese era un bien preciado de todos los venezolanos al que debíamos tener acceso casi gratuito, para reverenciar, por supuesto, el santo hallazgo de los manantiales de petróleo que abundan en nuestro subsuelo. El último ajuste al precio del combustible se hizo en 1996, cuando tenía seis años, por tanto, entenderán cómo yo y otros millones de venezolanos, le perdimos la pista al tema.
         En Venezuela la gasolina ha sido históricamente un asunto fuera de toda discusión. Es barata y punto. Los políticos siempre se han asomado a opinar al respecto con mucho recelo y bastante cuidado. Saben que caminar sobre ese terreno minado es sumamente peligroso para su carrera. La devoción por la gasolina regalada es parte de nuestra idiosincrasia. Hace juego con la divinidad de Bolívar, el béisbol, la caja de cerveza de 36 botellas y los feriados no laborables.
Un ejercicio que hemos puesto en práctica todos los días es pagar la gasolina con las moneditas de la guantera, el vuelto de alguna compra de último momento, el sencillo que estaba en el fondo de la cartera o los billetes de baja, bajísima denominación, que estuvieron estancados por semanas en los alrededores de la palanca, los pedales o en el fondo del asiento. Tanto, que desde hace algunos años era mayor la propina que se le daba al bombero por limpiar los vidrios, que por llenar el tanque, así fuese el de un Volkswagen escarabajo o el de un gigantesco transporte de carga pesada. Esto nos da una idea de por qué mientras en gran parte del mundo las estaciones de servicio cuentan con mecanismos de pago a través de tarjetas de crédito, carnets inteligentes, huellas dactilares, chips, domiciliación de cobros, aplicaciones móviles o envíos de facturas por correo tradicional o digital, en Venezuela seguimos pagando en efectivo o, en rigor, con el “chere-chere” de nuestros bolsillos.
         Lo cierto es que este tema, trascendental en la vida de los países normales, pero insípido y olvidado en la Venezuela del siglo XXI, cobra vigencia hoy, 17 de febrero de 2016. Hace minutos, el presidente Nicolás Maduro decretó un aumento a la gasolina. El precio del litro de la de 91 octanos pasó de Bs. 0,070 a Bs. 1,00 (subió 1.328%), y el precio del litro de la de 95 octanos pasó de Bs. 0,097. a Bs. 6,00 (subió 6.085%). El excedente que ingresará al Estado, de acuerdo con la alocución de Maduro en Cadena Nacional, será dirigido al financiamiento de un “fondo de misiones”. Los detalles de la implementación de estos recursos, el cómo, el cuándo, el por qué y el para qué, quedan reservados a la discreción con la que se vienen dirigiendo las finanzas públicas desde el ascenso al poder del chavismo.
         Como medidas complementarias, intentando, absurdamente, salvaguardar el salario del venezolano, el presidente anunció también un incremento al salario mínimo y al bono de alimentación (cesta ticket) los cuales pasan a estar en Bs. 11.578 y Bs. 13.275, respectivamente. Sin embargo, tomando las modestas cifras de inflación que algunas instituciones internacionales de análisis financiero han difundido sobre Venezuela, con la inflación rondando el 500% cualquier aumento que se haga en estos renglones sin corregir el profundo desabastecimiento y la escasez en todos los sectores de le economía nacional, el salario seguirá, en perfecto venezolano, “palo abajo”.
         Maduro también habló de correcciones, reestructuraciones, reorientaciones, reorganizaciones, remodelaciones, modificaciones y renovaciones en las redes de Abasto Bicentenario, Mercal y Pdval, todas funcionando a menos de la mitad de su capacidad y envueltas en una serie crisis de persecuciones y capturas contra gerentes generales, superintendentes y supervisores, rojos rojitos psuvistas rodilla en tierra, por escándalos de corrupción, especulación, acaparamiento, bachaqueo, reventa y distribución ilegal de productos de primera necesidad.
         Con franqueza me tomo la libertad de decir lo siguiente: el precio de la gasolina en Venezuela fue absurdo antes y es absurdo ahora luego de este aumento. El combustible que consumimos, y más aún por ser el único elemento que exportamos y del cual depende el 98% de los ingresos del Estado, no puede subirse de un solo sopetón sin previo aviso y sin incluir a todos los factores de la sociedad venezolana. Este incremento afecta en el bolsillo de todos, incluso en el de Pdvsa, toda vez que, así como la educación, el sistema de salud pública y las policías, quedaron por fuera de la repartición de la torta que ingresará a las arcas estatales luego de que el viernes, contra viento y marea, siguiendo lo que dijo Maduro, el aumento entre en vigencia.
         En la industria petrolera no se invertirá un centavo de la nueva recaudación, menos en escuelas, liceos, universidades, hospitales, etc. Todos, absolutamente todos los sectores de la vida nacional, quedarán padeciendo de este nuevo golpe al bolsillo que ejecutan un grupo de ignorantes que hacen el remedo de dirigir la economía de un país quebrado.

Ángel Arellano

1 comentario:

  1. Autentico y criollo este articulo, comparto sobre lo incierto de este aumento y a quien va a beneficiar, definitivamenete en un fondo de misiones no va a levantar ningun pilar para que el venezolano alcance los niveles de prosperidad, educacion y salud que merecemos.

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