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lunes, 16 de noviembre de 2009

Clarines sin iglesia


“Dios es como la electricidad, la corriente. No la ves, pero sabes que ahí está. Como el resto del mundo, no ves a las demás personas pero sabes que ahí están”, era parte del mensaje que en la misa del viernes por la tarde el sacerdote dejaba recorrer los rincones del aposento de Cristo, la casa del Señor. El materialismo, decía mientras el eco llevaba el sonido a los oídos de los presentes, era lo que ocasionaba que las personas se preguntaran por la presencia del creador sin tomar en cuenta la fé transformadora que llevamos dentro.

Calientes las paredes de la iglesia San Antonio de Padua de Clarines. Al oeste de Anzoátegui el aire hirviendo se paseaba en las imágenes, bancos y figuras que estáticas esperan a los católicos día tras día, mientras las oraciones iban acompañadas de pensamientos de indignación por el deplorable estado en el que se encuentra semejante institución religiosa del país.

Construida en la época de la conquista, la iglesia San Antonio de Padua ha sido decretada joya arquitectónica, pero la gerencia municipal parece no ver la situación injusta en la que se encuentra la casa de Jehová. El padre Nehomar García, joven proveniente de San José de Guanipa, al sur de la región, es el nuevo líder que asume la enseñanza de la teología a través de las esperanzadoras misas que se ofrecen allí y en la capilla Virgen del Valle del barrio Pedro Antonio Medina. Sin duda Clarines no ha visto luz alguna en la búsqueda de un equipo que dirija las riendas del municipio hacia un bienestar colectivo.

Las viejas gerencias y mucho más la actual que lleva cinco años en el poder, han olvidado que hay una comunidad cristiana que asiste a misa y va a la iglesia semanalmente. Unos ventanales de madera vieja y marrón tapan posibles entradas de brisa, que adornadas con un acabado de madera colonial, y la incorporación de ventiladores, pueda dejar entrar algo de fresco. Los grafitis y rayones maltratan el hogar del señor y el clarinés pierde sentido de pertenencia por esa imponente obra que en la cumbre de la plaza Bolívar se despliega.

Un equipo de sonido adecuado, restauración de obras, recuperar acabados, puertas, piso y remodelación de pintura tanto en artes como en las paredes (un trabajo muy especializado), son urgencias que la alcaldía y la cámara municipal mayoritariamente oficialista, a menos de cuatro cuadras de la plaza Bolívar, no ha visto en mucho tiempo. Arqueólogos visitaron la sede de la iglesia San Antonio de Padua, cavaron huecos y fuera de ella, en su entrada lateral izquierda aún está el gigantesco hoyo con una capa de cemento por encima que se agrietó y fracturó con el pasar de los meses. Así está la religión, a la deriva.

Ángel Arellano

www.angelarellano.tk

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