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miércoles, 19 de marzo de 2008

CÁRCELES VENEZOLANAS

En nuestro país las prisiones son una zona de muerte y enfermedad para las personas. Si eres un criminal tendrás que ir a un espacio abarrotado de represión policial y corrupción militar.
Cada masacre de reclusos vivida en cualquier penal o calabozo de la nación es un episodio traumático para la sociedad en general. Los titulares de prensa impresionan a la gente al observar las contraportadas de los periódicos. Canales de televisión se ven obligados a transmitir estas informaciones que cada día desgarran más a la opinión pública y construyen un muro de contención entre el humanismo y la realidad social.
Las políticas utilizadas por los gobiernos desde el nacimiento de la era republicana no han sido para nada efectivas en esta materia tan delicada. Los escenarios en los que se vive el encierro son los más repugnantes, horribles y abominables recuerdos que ser alguno pueda tener por un sitio.
Me aventuro a escribir sobre esto porque veo con detenimiento un país con una sociedad estancada en las campañas electorales y en peleas partidistas que incrementan climas de desagrado y frustración democrática: esta ha sido una de las paradas del tren del régimen. Mientras colectivos “opositores” y oficiales se enfrentan dentro de sus gallineros, hay una mayoría que aclama ayuda. Para ayudar, y establecer una lucha social se necesita convicción política y moral. Es ella, sólo ella, la que nos orienta y abre la brecha para trabajar por todos de manera igualitaria, responsable y justa.
Y es la justicia quien me inspira a colocar estas letras sobre el estado penitenciario de Venezuela. ¿En qué se ha convertido?, ¿cómo pasó?, ¿quién dejó que esto llegara a tal extremo? No exagero si digo que da miedo registrar en el pasado de las cárceles criollas.
El gobierno gastó dinero que podía llevarse en cotidiana corrupción construyendo esos antiguos edificios llamados reclusorios y penales, en vez de hacer salas de tortura y homicidio en todo el territorio.
Desde los tiempos en que todavía tenían uso los castillos y mazmorras, las cárceles en Venezuela son el púlpito del castigo y la sangre para un criminal en efecto o cualquiera que pensara distinto. Y lo último es escrito gracias al número de presos políticos que hemos tenido y que han sido torturados y asesinados en este terrible cautiverio.
Las luchas sociales siempre se encargaron de eso, luchar por la sociedad, pero hubo un defecto que pasó desapercibido al parecer, y hay quienes pienses que será irresponsable de mi parte decirlo, pero es que no se toco con fuerza la reivindicación del sistema carcelario.
Las cárceles siguen siendo una cueva que aparta al humano para corromperlo y traumarlo con sus sucesos internos, reprimiéndolo y alejándolo de toda actualidad o destello de reinserción ciudadana. Es una voz ensordecedora que dice no a la inclusión social de aquellos que se equivocaron o que necesitan ayuda especial en consecuencia de sus actos libres. El derecho es limitado en este tópico y determina al preso, sea inocente o no, como una piedra en el zapato de la supuesta “estabilidad social” en la que creemos vivir, condenándolo a cuatro paredes infrahumanas donde se destruyen y mutilan los unos con lo otros bajo la mirada cómplice y satisfecha de los “dispositivos de seguridad” y del gobierno. La corrupción tiene papel protagónico en ello, una vez más siendo la matrona del caos de la humanidad y de La Tierra.
Los militares “patriotas” y la policía “al favor de los ciudadanos” se ponen deacuerdo para introducir armas en vez de libros; drogas en vez de de comida y sembrar muerte en vez de cultura. El aperitivo monetario para ellos es primordial a la hora de una “gallera” o de un “tiroteo” ahí dentro. Nadie, excepto los recluidos, conocen tan virtualmente la desgracia que hay en el penal.
La batalla en estos sitios es por el alcohol, la nicotina, las drogas, las armas y la supervivencia. Los presos no ocupan tiempo en el estudio ni en la lectura, sino en la forma de respirar otro segundo y la estrategia perfecta con el fin de escapar. Sus familiares sufren la desdicha enorme de exponer a un ser querido en este ambiente: viven la incógnita diaria de saber si amaneció con vida.
Se supone, o por lo menos es así en la vida que reconozca a la justicia como estatuto de estabilidad para el hombre, que el ser humano es internado en un centro de penitencia donde vive un tiempo para ser integrado nuevamente en la sociedad. Debe ofrecérsele aprendizaje laboral, deporte, educación y cultura. La prisión tiene que ser una escuela para la reinserción social del individuo.
¿Dónde quedó guardado este concepto cuando elaboraron o estructuraron el sistema penitenciario de Venezuela?, ¿será que anda vagando en una cuenta bancaria junto con el dinero de los hospitales y escuelas?
Probablemente. El gobierno se olvidó de esto, pues a él en nada le afecta. Hasta los matones asalariados tiene inmunidad parlamentaria. Pero la gente sigue ahí, viendo las desgracias en las cárceles. Somos nosotros, el pueblo, quienes tendremos que impulsar un nuevo proyecto para sancionar a los descarrilados y volverlos a adaptar a la vida social.
La crítica es una de nuestras mejores armas. Seguiremos empleándola hasta realizar un cambio urgente en este dramático aspecto que enlutece a cada momento a muchas familias en la nación. Colaboremos y ayudemos a los culpables e inocentes en volver como hombres y mujeres nuevos a la luz que los vio nacer.

Ángel Arellano
CI: 19.841.865
asearellano@yahoo.es

lunes, 24 de diciembre de 2007

Vista actual del Movimiento Estudiantil: crítica a las “Aspiraciones políticas”


Una vez más el ansia de poder hace delirar a políticos y dirigentes “opositores” en el país. Con el acercamiento a las elecciones de alcaldías y gobernaciones que serán, supuestamente, en octubre de 2008, salen a la palestra pública las múltiples divisiones del bloque “opositor” de Venezuela, mostrando su cara egoísta y buscando el derrumbe de espacios políticos vírgenes de lucha que se han creado con mucho esfuerzo.

Dentro de estos espacios se encuentra el contundente Movimiento Estudiantil que se aferró desde el 28 de mayo de 2007 a integrarse a la protesta para crear un cambio social que ayudara a la armonía y la estabilidad en la nación. Una vez engendrada la semilla del descontento en las universidades con el anuncio atropellánte del cierre de una planta de televisión privada, los estudiantes de todas las casas de estudios superiores del país esperaron el ejecútese del cese de la señal para hacer suyas las calles y avenidas y cosechar el aroma de negación a la orden represiva que tomaba el ejecutivo nacional en represalia a una ventana abierta a la crítica de su mandato y acción de gobierno.

Con discriminaciones, golpes, químicos, represión policial y militar se quiso hacer sucumbir el llamado generalizado a manifestarse, pero el gobierno no logró callar las voces universitarias. Muchos fueron los heridos y siguió el Movimiento Estudiantil con la vista en el cambio, tan o más libre que en mayo de cualquier lineamiento partidista u orden ligada al poder.

Transcurrían los días de octubre cuando el Movimiento Estudiantil, ya con una “organización” a duras penas establecida en asamblea (el Parlamento Joven Estudiantil de Venezuela) se trazaba otra meta: el no a la Reforma Constitucional que presentaba el Presidente de la República, Hugo Chávez, y la Asamblea Nacional. En el comienzo de la campaña universitaria en contra de la Reforma se hacían ya muy visibles las esporas de los partidos políticos del bloque de la “oposición” en la vocería del Movimiento. A éstos partidos se les agrega un nuevo aliado (el partido pro gobierno PODEMOS) que se posicionó en un principio en desacuerdo con la propuesta.

Los partidos “opositores”, en su mayoría ideólogos de la derecha, los cuales, pese a su egoísmo, intereses y nefasta praxis política, que los ha llevado a una y otro derrota contra este régimen de discriminación social y corrupción, integraron sus fichas juveniles en el boom que era la dirigencia estudiantil para ganar un poco de publicidad y hacerse con unos militantes frescos que pudieran acoger las líneas de su organización. Con comidas, camisas, fiestas y, en el peor de los casos, dinero, buscan ganar la confianza de “dirigentes estudiantiles” para incluirlos en la red sin salida que es una tolda política “opositora”.

Estar siempre pendiente del grupo de jóvenes que “mueven” las escuelas en las universidades para ofrecerles “regalitos” parece el objetivo principal que se planteó todo partido “opositor” al comenzar la manifestación por el no a la Reforma. Luego de la victoria conseguida gracias al exhaustivo trabajo para impedir la acreditación a la dictadura los cargos en organizaciones y ONGs, talleres de liderazgo y vocería para convertirlos en los “líderes del mañana”, viajes a reuniones y conferencias sobraban para todo aquel estudiante que decidiera cuadrarse con el partido que le pareciera más atractivo (toda una gama de colores, estilos, pero no de realidades). Comenzó a desempolvarse el sentimiento lucrativo que guardaba mucha gente. Se escuchaba en reuniones del Movimiento Estudiantil “nosotr@s sabemos que aquí todos tenemos aspiraciones políticas”. ¿Qué son las aspiraciones políticas? Conseguir el lucro después de un trabajo colectivo. Olvidarse de las personas que creen en un cambio social y que han dedicado tiempo de sus vidas en estudiar dichos cambios para poder, de la manera más propicia, aplicarlos en su comunidad por un bien equitativo, igualitario y justo. Olvidar las peleas, muertos y heridos que se sucedieron en Venezuela en reiteradas ocasiones para llegar a este momento de la historia. Lograr el clímax de la publicidad individual para luego aspirar a una jerarquía en la estructura del Estado. Y, en general, borrar la poca o mucha confianza que haya depositado alguien en otra persona porque simple y llanamente se dio cuenta que la otra persona esperaba salir airoso del trabajo realizado por todo el grupo.

No solo son jóvenes y estudiantes los que tienen y seguirán teniendo sus “aspiraciones políticas”, sino también, dirigentes de partidos políticos, empresarios, concejales, alcaldes, gobernadores entre otros “líderes” que apuestan a la división del Movimiento Estudiantil en muchas regiones del país para crear solo una vocería del mismo que responda a sus intereses y beneficios y robar el poder de convocatoria y credibilidad que con sacrificio y trabajo han cosechado los estudiantes de toda Venezuela. A muchos parecerá irreal pero es muy cierto, tan cierto que las divisiones en el Movimiento Estudiantil se ven… a leguas se ven. Ese Movimiento que nació y juró ser virgen y no responder a ninguna orden de factor de poder alguno se ve ahora afectado por sus “aspiraciones políticas” y no saben si irse con uno o con otro. Solo debe haber conciencia, equilibrio y consenso para poder dar un determinado apoyo (de parte individual) a persona o grupo alguno que lo requiera.

Para esta problemática existe una respuesta que es hasta más contundente que ella misma y es que es más grande el número de jóvenes estudiantes que creen en el Movimiento Estudiantil y lo apoyan por convicción revolucionaria y no por lucro, que las simples cáscaras que están para estampar su cara en un medio de comunicación o en una lucha colectiva. Y ese número es proporcionalmente una cifra a la cual jamás llegarán las marionetas que se venden a los partidos y organizaciones.

Los grupos de trabajo social y político deben surgir como respuesta a reacciones espontáneas, en este caso, del estudiantado, y no dejarse dirigir por nadie. Las jerarquías dentro de los colectivos sólo crean desigualdad, exclusión y, con el tiempo, fracturas que acabarán con la idea primaria por la que se partió la formación de éste.

La chispa que encendió la gran mecha que se llama Movimiento Estudiantil 2007 fue la inconformidad de los estudiantes y jóvenes del país que se hartaron del abominable sendero que trazaba Miraflores para tod@s nosotr@s y colocaron la vista en el cambio que diera felicidad, seguridad y progreso a la comunidad venezolana. El trabajo del Movimiento Estudiantil, luego de la no aprobación a la Reforma Constitucional es seguir creando espacios de lucha, crítica y debate social, colaborar con la sociedad en general sin parcializarse por uno u otro motivo y de ayudar al país en subir esos escalones que faltan para alcanzar la paz.

El Movimiento Estudiantil no se rebaja ante líneas partidistas ni intereses de nadie, no se arrodilla ante empresarios ni dirigentes políticos. El Movimiento Estudiantil mantiene su carácter fresco y fuerte con el que se inició en la travesía de la transformación en mayo de 2007. El Movimiento Estudiantil se respeta y se seguirá respetando.
Ángel Arellano
CI: 19.841.865
asearellano@yahoo.es

lunes, 12 de noviembre de 2007

LACAYOS DEL CAUDILLO


Haciendo un fiel retrato de la historia, en Venezuela se observa la consolidación de un partido que cubrirá todas las necesidades del régimen cuando su panorama político se vea un poco obstruido por la disidencia. Una mayoría asombrante de seguidores y admiradores del presidente de turno han tomado en cuenta, muy enserio, su legado y pensamiento.

En su discurso populista tradicional, Chávez, haciendo gala de todo su intelecto revolucionario, hace entender al público la “necesidad” de defender a muerte esta “revolución”. Habrá que tomar apunte dentro de las reuniones bolcheviques del PSUV u otros “colectivos” y “frentes bolivarianos” a fin, para ver que es lo que entienden ellos por defender una “revolución” o por llevar al país al Socialismo Bolivariano. Una revolución no es un proyecto de gobierno ni un eslogan político, tampoco es un toma y dame del situado constitucional para quedar bien con el barrio y los “sectores populares” (enteramente marginadas las personas de pocos recursos económicos con ese término). ¿Dónde está la revolución que humilla diariamente Chávez y su séquito de lacayos y ambriadores?

Una revolución no puede aplastar las diferencias de ideales o creencias: debe aprender a convivir con ellas para fortalecerse y crear un ambiente social más humano, seguro y justo. Los militantes del ideal chavista se han encargado en atacar despiadadamente a aquellos que se atreven a disentir, atropellando con la bandera del PSUV al que no esté deacuerdo en cambiar su dignidad por una bolsa de Mercal o un puesto en la atmósfera de trabajo “socialista”. Estos militantes que, al igual que la gran disidencia, pertenecen a los “sectores populares”, arremeten con armas y demás objetos que pueden acabar o desgraciar la vida a cualquier persona. Se entregan al nefasto plan bolivariano por un jugoso sueldo sin tener conciencia de la deshonra que esa actitud significa ante la palabra revolución. Y son incrédulos al pensar que sus vidas valen más que la remuneración monetaria que obtienen.

El culto a la violencia y a la muerte, auspiciado por el comandante en jefe, ha sido bien acatado por sus seguidores. Al igual que los bolcheviques acababan con los makhnovistas y anarquistas en Rusia, en Venezuela a los chavistas no les tiembla la mano para adjuntar improperios a los golpes y botellazos. Insultan a los estudiantes, padres y madres de familia con hijos presentes, señoras(es) mayores, jóvenes y pare usted de contar. No revisan su coeficiente intelectual a ver si aunque sea la nefasta reforma, que propone su líder, han analizado.

Hacen historia los estudiantes que salen a marchar recibiendo toda clase de bastedades al caminar y a todo esto vale agregar la siempre esperada represión policial. Al igual que en Rusia, los cuerpos de inseguridad del “Estado” llevan muy dentro de su chapa el acabar con las manifestaciones y alzas populares hasta extinguir la llama del descontento que la encendió. Pero, resulta, que son policías y no bomberos, la llama del descontento, la disidencia y la causa libre y justificada toda la vida estará ahí.

Siempre estaremos los militantes de la libertad y el ideario libertario para apoyar la causa de los que son atropellados y marginados por el gobierno de turno. Pedimos al comandante en jefe que deje de colocar el nombre de revolución a su aberrante proyecto de dictadura castrista porque le queda muy grande.

Ángel Arellano
CI: 19.841.865
asearellano@yahoo.es