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martes, 14 de junio de 2016

La ausencia de ideas


La pérdida de apoyo popular de los gobiernos progresistas en América Latina trae consigo una preocupación implícita: la ausencia de ideas para afrontar los retos que imponen las nuevas dinámicas económicas. La izquierda, golpeada por sus propios errores, ha demostrado carecer de elementos para reordenarse y salir del atolladero. Los ejemplos de Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, y (distante pero también dentro del espectro) Uruguay, evidencian cómo el progresismo que se presentó fértil a principios de siglo, se ha quedado sin agenda, preso de una retórica afilada en tiempos de bonanza pero errante en tiempos de ajustes y recortes.
            Un par de interrogantes nos llaman la atención: ¿Tienen capacidad las izquierdas para renovarse desde las derrotas? Y, al margen de esto, los sectores que desde la oposición han venido avanzando para asumir el control ¿traen algo nuevo? ¿Hay algo inédito en las nuevas derechas latinoamericanas? En resumidas cuentas: ¿inicia la región un periodo con gobiernos más pragmáticos que idealistas?
La ola progresista impuso programas de reformas radicales en lo discursivo, en lo diplomático, en lo económico, sin embargo, su estilo de gobernar no distó mucho de las prácticas de los partidos tradicionales en sus países. En puntos clave como la descentralización se echó marcha atrás, lo mismo en el diálogo político con la oposición y en el fomento de un clima de entendimiento con reglas claras dentro del sistema político. La izquierda, que en casi todos los casos llegó al Ejecutivo con mayorías parlamentarias, aplicó con comodidad su proyecto. Fue el cambio de una élite por otra, con transformaciones en cuanto al reparto de la riqueza, a la redistribución, a la participación, pero con un fuerte componente de autoritarismo como en Venezuela y Argentina, y de pretensiones continuistas como en el resto de los países mencionados.
Pablo Stefanoni propone la siguiente reflexión: “Al final de cuentas, las perspectivas de radicalización de la democracia promueven eso (su radicalización), no la transformación de los procesos de cambio en formas de régimen que ahogan el debate interno, alinean militarmente a los militantes, premian más las lealtades oportunistas que la eficiencia y la honestidad intelectual en un simulacro ‘leninista’ que no solo podría no ser deseable sino que básicamente no es eficaz frente a las ‘nuevas derechas’ que se expanden en la región. Después, solo podremos contentarnos con la consoladora ‘épica de la derrota”.
Por otro lado están las derechas, o lo que la izquierda ha posicionado como las derechas: todo aquello que esté fuera de su órbita. Plantean restaurar el sistema democrático en los términos de las constituciones nacionales, apelando al diálogo interpartidista como condicionante fundamental de la gobernabilidad y la estabilidad.
Siguiendo a Verónica Giordano, la calidad de la democracia de hoy es concebida más por la capacidad del sistema político de demostrar una inclusión efectiva de la ciudadanía en la toma de decisiones, y por los elementos ligados a la igualdad y a la justicia social, que por los postulados tradicionales del término “democracia”. Citamos: “antes la democracia era concebida solo en su dimensión formal (democracia política); hoy es defendida, aunque más discursivamente que en las prácticas políticas, en términos de sus contenidos: democracia social o inclusiva. Para ello, las derechas se sirven de un eficaz instrumento de ayer y de hoy: el consensualismo”. Y ha sido este consensualismo un factor determinante en los sectores que vienen desplazando a la izquierda del poder en la región: el gobierno de Cambiemos en Argentina, la coalición que lidera Michel Temer en la presidencia interina de Brasil, la experiencia de la MUD en Venezuela que ganó la mayoría del Parlamento, todos ejemplos claros de consensos logrados por los sectores alternativos al progresismo. El consenso como práctica y programa, como forma y fondo. “Un eficaz instrumento de ayer y hoy”. Nada nuevo.

Ángel Arellano

martes, 31 de mayo de 2016

El ocaso del progresismo latinoamericano



Los medios de comunicación y los foros de reflexión política comienzan a dar abundante espacio a un tema que esperábamos desde hace algunos años: ¿el fin de la ola de gobiernos de izquierda en América Latina? Digo “esperábamos” porque mientras los gobiernos progresistas post-neoliberales lograban el mayor consenso en la región para imponer su retórica, favorecidos por el repunte espectacular de las materias primas en la década 2000-2010, liquidaban de la escena pública a quienes tuvieran una postura crítica, muchas veces reprimiendo manifestaciones, cerrando medios de comunicación social y hasta encarcelando a dirigentes políticos.
Paradójicamente, el discurso reformista se consolidó en voceros sordos a la disidencia. Quienes fueron contundentes críticos del neoliberalismo de los noventa, intentaron liquidar a sus propios críticos cuando les llegó el turno de gobernar. Los abusos de estas administraciones bajo el manto de las “realizaciones sociales” y la disminución de la pobreza, nutrieron un nuevo establishment que destaca entre los más corruptos registrados en el Continente.
            Ahora bien, tiene espacio la siguiente interrogante: ¿gobiernos “izquierdistas” o gobiernos “progresistas”? ¿Han sido el chavismo, el kirchnerismo, el lulismo y los otros movimientos en Nicaragua, Ecuador, Bolivia, etc. realmente gobiernos izquierdistas? ¿O se abrazaron de una propaganda que los mostraba como la “nueva izquierda” latinoamericana para aprovechar el beneficio semántico que esto suponía en una región del mundo en la que la “derecha” sigue estado mal vista? ¿Continuidad o ruptura del neoliberalismo de los noventa?
A diferencia del Frente Amplio uruguayo (1971) y la Concertación de Partidos por la Democracia en Chile (1988), coaliciones de centro, centro-izquierda e izquierda radical que llegaron al gobierno con programas fundamentados en los postulados históricos de la izquierda mundial (igualdad, inclusión, estado de bienestar, laicidad, pacifismo), ni el chavismo militarista, ni el elitesco kirchnerismo, ni el lulismo pragmático (que pactó hasta con la derecha para lograr su permanencia en el poder), son precisamente referentes auténticos de la izquierda. Aun cuando todos estos pseudo izquierdistas hayan hecho lo imposible para congraciarse con Fidel Castro, o aplaudido la creación del ALBA como respuesta al ALCA, no dejan de ser experimentos “progresistas” con un alto contenido autoritario.
El pensamiento pragmático occidental, al que por cierto se ha plegado China en los últimos años posicionándose como la potencia mundial con mayor crecimiento e influencia en el mercado, ha tenido como soporte ciertas bases que resumimos en las famosas “seis aplicaciones asesinas para prosperar” del historiador británico Niall Ferguson: La competencia, la revolución científica, el derecho de propiedad, la sociedad de consumo, la medicina moderna y la ética de trabajo. Mientras los países del mundo buscan un espacio en el mercado global para mejorar (de esa manera liberal) la calidad de vida de sus ciudadanos, la izquierda iliberal persigue, con su discurso romántico, temerario y altisonante, un fin totalmente distinto: la entronización en el poder beneficiando a la nueva élite política y empresarial.
            ¿No han sido Alemania y Corea ejemplos suficientes del desempeño de territorios iguales, con la misma gente, la misma geografía, la misma historia, pero distintas ideas (capitalismo vs comunismo), instituciones (abiertas vs cerradas) y formas de gobierno (democracia vs dictadura)? ¿Acaso fue el marxismo y la savia socialista el triunfante de ese experimento? ¿O mejor es darle espacio a aquella filosofía de la derrota que reza en una frase de Galeano en su introducción a “Las venas abiertas de América Latina” de la cual terminó disintiendo antes de morir? (“ocurre que quienes ganaron, ganaron gracias a que nosotros perdimos: la historia del subdesarrollo de América Latina integra, como se ha dicho, la historia del desarrollo del capitalismo mundial”).
            Continuará…

Ángel Arellano

lunes, 25 de abril de 2016

Crisis política en Brasil y sus efectos en América

 
         La crisis política en Brasil tiene un gran impacto en toda la región. Es un espectáculo, sí; es lamentable, también; y es el reflejo de una cultura política, de una forma de hacer las cosas. No obstante, el que la justicia brasilera haya decidido avanzar vigorosamente en una investigación que ha puesto tras las rejas a docenas de empresarios y dirigentes políticos por casos de corrupción que lesionan gravemente las finanzas públicas, requiere, por decir lo menos, el apoyo de la sociedad latinoamericana que mira expectante cómo los referentes de lo que en un momento fue la ola progresista, terminan salpicados, divididos y con un gigante rechazo popular, producto de su mal manejo de los recursos públicos y del abuso de poder para financiar campañas electorales y garantizar su permanencia en el gobierno.
            “En Brasil es así: cuando un pobre roba va a la cárcel, pero cuando un rico roba se hace ministro”, dijo en 1988 el entonces diputado federal Lula da Silva, quien 27 años después, en una maniobra para salvarlo del proceso judicial que se le adelantaba por corrupción, terminó nombrado como Jefe de Gabinete de su sucesora, Dilma Rousseff.
            El caso Petrobras-Partido de los Trabajadores-Empresarios-Da Silva-Rousseff, ha tenido altos y bajos, y ha generado una intensa polémica seguida con atención por buena parte de la sociedad global, con mucho énfasis, como corresponde, en América. En su desarrollo, se han visto eventos propios del espectáculo circense, como la aprensión a Lula para comparecer ante el juzgado o la votación de los diputados del Congreso para aprobar el juicio político. Errores, me atrevo a decir, propios de una clase dirigente (en todos los poderes) que a la hora de elegir entre la política serena y sesuda, y el show televisivo, decantó por esto último, dando paso, incluso, a la victimización de los victimarios.
            Se ha hablado en abundancia sobre el juicio político (“impeachment”) a Rousseff, y, como es de esperarse, los aliados “progresistas” ha dicho que es una causa meramente política sin sustento, un “golpe de Estado”. ¿Y qué es un juicio político sino una acusación política? Es un procedimiento, constitucional, en el que las cámaras del Congreso establecen la responsabilidad de los funcionarios del Estado ante un acto u omisión de éstos en perjuicio del interés público. ¿Acaso un Presidente no tiene responsabilidad ante el maquillaje de la deuda pública, postergar transferencias a estados y municipios, y tomar préstamos de bancos estatales para demostrar “orden” presupuestario durante su campaña para la reelección?
            Nuevamente esta “izquierda” plantea la dicotomía absurda con la que evalúa todas las acciones políticas: si somos nosotros, el “progresismo”, quien apoya tal medida o acción, aun cuando se violen los derechos humanos, se incurra en ilegalidades o se intenten encubrir escándalos de corrupción, es bueno; y cuando es otro actor, es malo. No caben matices ni medias tintas. Es la lucha del bien contra el mal en los términos de una clase política que recoge las cenizas de una batalla ideológica obsoleta y vacía ante los retos del mundo en la actualidad como el avance de la tecnología y el Internet en cada átomo de la vida humana, el deterioro ambiental y el desarrollo sustentable.
Cualquier cosa viene bien para hablar de lo que no hay que hablar: la izquierda, mayoritariamente pseudo izquierda, fracasó en su intento de cambiar el mundo e imponer proyectos de gobierno luego de que sus modelos de gestión comenzaran a hacer ascuas pasado el boom de las materias primas en la década anterior y que los escándalos de corrupción socavaran su base electoral.
            Al corte de hoy, los latinoamericanos tenemos que preocuparnos mucho más por el legado de gobiernos progresistas como el de Brasil que impactan duramente a la región, y por la demostración incivilizada del show de esta clase política que intenta ocultar su retirada, que por el descalabro de una presidenta.

Ángel Arellano

lunes, 4 de abril de 2016

Hablemos de hambre y miseria


Le pregunté a un amigo “¿Qué hubo mano? ¿Cómo está la vaina? Deme un reporte”. Y su respuesta resumió la tragedia: “Mano, el pueblo sumergido en un mar de desespero y decepción. El venezolano con hambre, mal sudor, mal aliento y hediondo porque no hay productos de aseo personal ni comida. Desesperado porque salir de este gobierno y de esta situación por la vía legal es un proceso demasiado largo y hasta está tornándose imposible”. Como lo habrán notado, mi amigo no es analista ni politólogo. Es un venezolano de a pie que describe acertadamente y sin rodeos la realidad que vive la inmensa mayoría del país.
Según una encuesta nacional sobre condiciones de vida que salió a la luz pública recientemente, elaborada por la Universidad Central de Venezuela, 50% de los venezolanos eliminó de su menú la leche y los huevos. La médico nutricionista María Elena Herrera informó en declaraciones a la prensa que en nuestra nación 3,5 millones de personas están consumiendo sólo dos comidas al día: “81% de los hogares venezolanos presenta algún grado de pobreza”. Y es que a la hora de comprar alimentos, no se consiguen los productos básicos, y los que aún se encuentran, en los puestos de los revendedores o a través de la red de los “bachaqueros”, se cotizan a precios exorbitantes que el menguado salario de nuestros compatriotas no puede pagar.
En síntesis, los pobres hoy son más pobres y los venezolanos, además de vivir una crisis política y social estresante, no están bien alimentados y carecen además de los medicamentos necesarios para cuidar su salud en medio de la marea alta de enfermedades que golpean a la sociedad. Esta situación impacta el futuro pues no sólo es un hecho del presente que se podrá resolver en el corto plazo con un eventual cambio de gobierno. La malnutrición que afecta el crecimiento de los niños venezolanos, y la vida de jóvenes y adultos, es una cruz con la que cargará la sociedad un número indeterminado de años mientras no exista un paliativo urgente.
Estas líneas escalofriantes reflejan una realidad asfixiada por el debate político y los continuos escándalos del gobierno. En la agenda de quienes controlan el poder no está la alimentación de los ciudadanos ni sus servicios básicos. Hace tiempo que la crisis de Venezuela dejó de ser una pugna por el poder político para transformarse en una emergencia humanitaria que requiere el concierto de todos los sectores de la sociedad para ser atendida. En esa operación, la primera actuación es salir del gobierno de manera expedita y constitucional. De otra forma, el hambre y la muerte seguirán marcando la pauta en la familia venezolana.
Desde hace varios años, Venezuela encabeza con amplio margen de ventaja el ranking de los 15 países con más miseria en el mundo que realiza la firma Bloomberg. La inflación, el desempleo y el altísimo costo de la vida muestran cifras que coquetean con el estado fallido del que se habla constantemente en los foros económicos que intentan presentar propuestas de soluciones a un oficialismo sordo y desentendido de la gravedad de la crisis. No en vano el mundo comienza a ver a Venezuela como la Zimbabue de América Latina.
Apoyar la sustitución del gobierno de Nicolás Maduro no es una opción. Supone una exigencia moral de los venezolanos para con su golpeado país. Es una obligación para aquellos que aspiran vivir libres y en democracia. En este contexto, siempre es importante recordar la frase de Dante en la Divina comedia: “Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral”.

Ángel Arellano

lunes, 21 de marzo de 2016

El suicidio de la izquierda

Aire Force One en su llegada a La Habana. 20/03/2016 Foto: Reuters

          A 15 años del predominio de los gobiernos progresistas en el sur de América, las conclusiones parecen evidentes. La izquierda aprovechó el momento de mayor bonanza que tuvo la región para marcar el terreno y mostrar sus resultados: líderes con ansia reeleccionista, actuaciones autoritarias, abundantes escándalos de corrupción, cercenamiento de la libertad de prensa y cierre de medios de comunicación, situaciones económicas complicadas cuando no caóticas como el caso de Venezuela, y un discurso deteriorado, empobrecido y sin expectativa de reorientarse en lo inmediato. Como marco a estos elementos cabe introducir una característica esencial de esta izquierda gobernante entre los años 2000 y 2015: la solidaridad automática dentro de sus filas y también con los gobiernos que estén en sintonía con sus postulados doctrinarios (o coqueteen con ellos). Solidaridad entre dirigentes, aun cuando estos estén acusados por la justicia o cuestionados de violaciones de derechos humanos entre otros principios refrendados ante organismos internacionales.
La izquierda ha trapeado tantas veces el piso con el estandarte de la ética y la moral progresista que esgrimieron con fuerza durante las últimas cuatro décadas del siglo anterior, que hoy esas banderas son solo tela sucia y remojada en el trasnocho de lecturas oxidadas que inspiran discursos febriles en el intento de tapar o maquillar alguno de los elementos anteriormente señalados.
“Si es de izquierda, no es corrupto. Y si es corrupto, no es de izquierda”, ha sido la frase-fuerza de Raúl Sendic, vicepresidente del Uruguay y miembro del Frente Amplio, la coalición progresista que gobierna el país desde 2005, para escudarse ante los señalamientos documentados de mal manejo de la única empresa petrolera sudamericana que acompañó a Petróleos de Venezuela en el reporte de déficit mientras el barril de crudo superaba los 100$.
¿Si es de izquierda no es corrupto? Esta interrogante quedó rezagada para la poesía progresista de antaño que vislumbraba un mundo mejor para cuando sus irreverentes líderes llegaran al poder derrochando bienestar, prosperidad y felicidad en todas las comunidades. Esa misma poesía, y los miles de libros escritos con la tinta del romanticismo guerrillero, quedaría pálida al mirar los carteles que recibieron en el casco histórico de La Habana al presidente de EEUU en su visita a Cuba: “Welcome Mr. Obama”.
Para ser corrupto no hay que estar afiliado a una corriente ideológica. Izquierdistas y derechistas han sido señalados por hechos de corrupción gravísimos que arrastraron a sus países a bárbaras crisis económicas.
            Para vergüenza de quienes hicieron del ideal progresista un punto de referencia inmaculado, la izquierda, a 15 años de su influencia casi total en los gobiernos de la región, deja una triste postal: los malos manejos económicos, corrupción y nepotismo en Argentina; la pretensión felizmente paralizada de reelección indefinida en Bolivia; la lucha contra los medios de comunicación en Ecuador; la aguda corrupción en Brasil que vincula a su ex presidente progresista y a su sucesora; el aviso hecho por el actual gobierno de Uruguay de excluir a toda la oposición de las instituciones y dependencias del Estado; y el desmantelamiento de la democracia con una crisis humanitaria sin precedentes y un profundo abismo económico en Venezuela.
         ¿Qué mensaje envían los dirigentes de la izquierda latinoamericana a las nuevas generaciones? ¿Qué enseñanza dejan los 15 años de gobiernos progresistas en la región? Pareciera que luego de controlar el poder en lo que va de siglo XXI se confirma la regla puesta en marcha en Europa, Asia y Estados Unidos: es momento del pragmatismo, atrás quedó la definición ideológica. El futuro impone retos que no saben de banderas ni colores.

Ángel Arellano

domingo, 20 de septiembre de 2015

Crisis: el libro en Venezuela


         Una de las promesas de la Revolución Bolivariana tras su ascenso al poder fue la promoción de la educación y la lucha sin cuartel en contra del analfabetismo. Para ello se destinaron ingentes recursos a través de diversos programas sociales que sembraron un ambiente de prosperidad entorno a los resultados de proyectos bandera como las misiones Robinson, Rivas y Sucre.
            La administración Chávez acompañó estas iniciativas impulsando el fomento a la lectura y la entrega de libros en escuelas y comunidades. Para tal fin, se promovieron cuantiosos apoyos económicos en nuevas casas editoriales estatales afectas a los intereses de proyecto político chavista y potenciando otras heredadas de la república civil como Monte Ávila Latinoamericana y Biblioteca Ayacucho. A  la par, se fundó la cadena de Librerías Del  Sur, una red de establecimientos que ofrecen al público gran variedad de textos que comulgan con la línea discursiva del oficialismo.
            Esta práctica se mantuvo durante los años de Chávez y el inicio de Nicolás Maduro, aunque en el periodo de éste último, la crisis económica derrumbó cualquier expectativa en la industria editorial, ocasionando el desplome de la publicación de nuevos títulos, disminuyendo la importación de ejemplares e impactando negativamente el acceso al libro producto de la alta inflación registrada actualmente como la más alta del mundo.
            De acuerdo con la última edición del informe “El libro en cifras” del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), publicada en julio de 2015, durante el año 2014 Venezuela editó 3.199 títulos con Número Internacional Normalizado para Libros (ISBN, por sus siglas en inglés), 11,5% menos que en 2013. En el mismo período de tiempo, la vecina Colombia editó 16.031 títulos, Ecuador produjo 3.855 títulos, Perú 6.172 títulos y Cuba, con apenas 11,3 millones de habitantes y una economía sumamente limitada, editó 4.459 títulos.
            En la relación de exportación e importación de libros, Venezuela presenta números que distan de ser competitivos, pues, aunque las voces del sector editorial nacional han informado que esto ha favorecido al mercado interno influenciado por la coyuntura política, lo que a su vez ha potenciado el consumo de libros de historia, política, sicología, autoayuda, ensayos y periodismo, esta realidad ha distanciado al país del mercado global. Apenas $1.040.000 fueron percibidos por exportaciones de libros en 2014, en contraste con mercados más estables y prósperos como el panameño que recibió $2.537.000 en el mismo año, el argentino con $28.391.000 o el colombiano con $52.232.000. Pareciera que, rodeada por el crecimiento del negocio editorial en la región, Venezuela se sumerge en el sótano.
            Según el Cerlalc, Venezuela importó $21.239.000 en libros durante 2014, 44% de estos títulos dentro de América Latina y  el resto fuera de la región. Es necesario rescatar que los países con mejor perfil económico y mayor adaptación a la globalización (Chile, Brasil, Colombia, Costa Rica, México, Perú y Uruguay), están importando más títulos fuera de América Latina que dentro de ella, un comportamiento que busca el ingreso de conocimiento de mejor calidad proveniente de otras latitudes.
            Los tiempos en los que el gobierno Hugo Chávez inundaba las librerías estatales con publicaciones a precio de obsequio y las editoriales privadas lanzaban libros con tirajes de miles de ejemplares en virtud del dólar barato que permitía importar papel, tinta y material de impresión, quedaron atrás. Mientras la industria editorial crece en América Latina, Venezuela, el país que durante los años de la república civil fue cuna del vanguardismo literario, con un equipamiento envidiable para la producción y promoción de sus libros, ha quedado en el subsuelo, por decir lo menos.
  
Ángel Arellano

martes, 28 de enero de 2014

Fracaso del Bolívar Fuerte



2008, Chávez viene de perder la consulta sobre la Reforma a la Constitución luego de que los estudiantes universitarios reivindicaron la lucha cívica coherente y firme, arriando al gobierno a otros escenarios. Ese año Miraflores junto al BCV proclaman la reconversión monetaria como fórmula para robustecer el bolívar, dando a paso a una de las denominaciones más cursis y arrogantes de la economía contemporánea: el bolívar fuerte.
Los últimos seis años antes de 2008 Venezuela había registrado una inflación acumulada de un 225,5%, índice sumamente peligroso para una sociedad que comenzó a ver en cuantía el despliegue de expropiaciones, migración de capital, persecución al empresariado, y que a la vez recogía una histórica incongruencia que se mantiene intacta: mientras más caro se cotiza nuestro petróleo, más suben los precios y más nos endeudamos.
El Ejecutivo Nacional en un acto de constricción muy interno, pues nunca fue estilo de Chávez reconocer sus monumentales desaciertos en materia económica, decidió eliminar tres ceros, maquillando así la dramática erosión del poder adquisitivo del ciudadano venezolano e irrelevancia del bolívar como moneda en América del Sur.
Desde el primero de enero de 2008 hasta el 31 de diciembre de 2013 la inflación acumulada en la nación ha sido de 398% según el BCV. Muestra fehaciente de que la solución no era cambiar el diseño de unos billetes, borrar unos ceros o acuñar un nombre rimbombante. El gobierno no pudo con la tarea de encausar la economía porque sus medidas han sido erradas, fuera de contexto, anticuadas y carentes de todo consenso obligatorio para echar a andar un país.
El 5 de enero del corriente año la colega de El Universal, Suhelis Tejero, publicaba una nota en la que reseñaba el siguiente ejercicio: “Con 100.000 Bs. viejos se podían comprar 11,6 kilos de cebolla en el año 2008, mientras hoy los 100 Bs. F, afectados por seis años de un ritmo inflacionario alto, compran 1,78 kilos del mismo alimento”. Es de señalar que en la mayoría de los grandes mercados municipales de la nación el kilo de cebolla superó los 100 Bs., pero este inciso es muestra clara de lo que ha significado el verdadero “paquete económico” que ha implementado la Revolución Bolivariana con y sin Chávez a lo largo de estos 15 años: altos precios, desabastecimiento y escasez.
Destaca Tejero que la firma Econométrica calculó que si el BCV quisiera emitir un billete en la actualidad con el mismo poder de compra del de 100 Bs. en 2008, este debería ser de 498 Bs.
¿Quiénes son los responsables de que el pueblo pueda comprar menos con la misma cantidad de dinero? Venezuela tiene 28 años con una inflación de dos dígitos, los salarios suben a pie y los precios en helicóptero. En 2013 la inflación oficial fue de 56,2% y el Bank Of América Merrill Lynch calcula para 2014 que llegará al 75%. Todo esto sin estimar la nueva devaluación que aplicó Maduro.
Mientras las Empresas Polar tienen más del 55% del mercado de la harina de maíz en Colombia y los venezolanos son la quinta fuerza inversora en el sur de la Florida, en nuestro país el colapsado Estado Empresario restringe la libre iniciativa contrayendo hasta el extremo la pobre economía que desde hace un año desampara a 21 de cada 100 productos a razón de la inminente escasez.
Miraflores ha pretendido solucionar el desabastecimiento promoviendo la cultura importadora que castiga a nuestro motor productivo y se ha encontrado con el cuchillo en su pescuezo: el colapso de los puertos venezolanos mantiene desde diciembre a más de 25 buques con comida proveniente de los países aliados adquirida a precio internacional cancelada con petrodólares de la reciente deuda asumida. Y es que la importación resulta mejor negocio en un país que nada produce y donde la gasolina y el dólar oficial es lo más barato del mercado.
El bolívar fuerte no pudo con los constantes desajustes económicos de la Revolución Bolivariana. Su historia es el resumen del fracaso que este gobierno ha significado para Venezuela y los venezolanos. Aunada a la insensatez de la reconversión, la dictadura cambiara, la falta de divisas y el constante aumento del gasto público, signan el porvenir. Vale señalar que el gobierno tiene semanas convocado al Sicad a las importadoras de harina de maíz, aceites y otros alimentos básicos (recibían dólar Cadivi a 6,30 Bs.), donde se cotiza el dólar en promedio a 11,30 Bs. Sin duda los precios seguirán subiendo.



Ángel Arellano
Twitter: @angelarellano
www.angelarellano.com.ve

martes, 9 de julio de 2013

Pepe, háblale al Maduro



Alebrestaba una cumbre por allá en Río de Janeiro José Pepe Mujica en junio del año pasado, diciendo cosas como esta: “En mi país (Uruguay) hay tres millones doscientos mil habitantes, pero hay unas 13 millones de vacas de las mejores del mundo. Unas ocho o nueve millones de ovejas estupendas. Mi país es exportador de comida, de lácteos, de carne. Es una penillanura, casi el 90% de su territorio es aprovechable”.
Coloridas palabras para una de las interpretaciones contestatarias más importantes del año pasado en Latinoamérica. Su trascendencia desencajó a muchos conservadores en la región, pero generó expectativas positivas en los mercados locales. Porque si algo sabe el Pepe, como cualquier otro miembro pleno del Mercosur, es que si no se trabaja con la empresa privada, a nada se llega y sales disparado como corcho de botella. O cómo le dijo en algún momento de este mismo año en curso a su amigo Nicolás Maduro, “quedas como leche al vino”.
Consejero del “mientras tanto”, Mujica glorifica los avances uruguayos en el agro y su importancia en los mercados internacionales. Pero su defendida Revolución Bolivariana no ha hecho nada para siquiera semejarse a las potencias del sur que engloban la quinta economía más importante del mundo.

En mayo del corriente, el Gobierno Nacional aumentó en 20% el precio que controla las ventas de carne, pollo y leche. Al corte de los primeros nueve días de julio se ha aumentado en 9,4% la importación de carne. En lo que va de 2013 la inflación se registra así: enero 3.3%, febrero 1.6%, marzo 2.8%, abril 4.3%, mayo 6.1%, junio 4.7%. El subdesarrollo tiene tan colmada a Venezuela que tenemos las reservas de petróleo más grandes del mundo pero importamos algo más de 200 mil barriles diarios a EEUU.
Señor Mujica, mi país no exporta ni la leche de las chivas que en los llanos mueren por la sequía amen de la falta de sistema de riego en nuestras muy extensas sabanas. Tenemos bastante más terreno apto para el agro que Uruguay, pero traemos carne, pollo, caraotas, café, arroz y azúcar de todos lados menos de nuestro campo que está mucho más deteriorado que los territorios árabes en conflicto.
Apreciado Pepe, es bueno que usted, reconocido como “el Presidente más pobre del mundo”, por sus muestras de humildad y desprendimiento material, hable con su homólogo que en proeza tan tramposa como ilegítima, se hizo con la silla de Miraflores, para que “le baje dos” en verdad verdad a los incrementados gastos suntuarios que desde las full equipo partidas del Despacho de la Presidencia, se despilfarran por el mundo como si fueran caramelos en Carnaval: “quieren la cancha y los cuatro reales”.
No en vano de reojo se ve el rechazo internacional de tan mal hablado y poco original dirigente político. Maduro no levanta ni polvo. Sólo consigue tararear canciones con adeptos que logró el difunto Chávez a través de la petrochequera que hoy está viviendo una catastrófica deuda negociada con China y a punta de títulos en valores de la República misma.
Si en Uruguay la política del gobierno fuera expropiar haciendas productivas, industrias nacionales e internacionales eternamente establecidas
y servicios que por muchos años funcionaron bien, esos 3.200.000 habitantes estuvieran como sus hermanos venezolanos, migrando despavoridos al resto del Planeta o haciendo de buhoneros, en la zozobra de una inseguridad generalizada que no respeta siquiera a una madre junto a su hija que recibieron más de 50 impactos de bala por Guardias Nacionales que están en la calle trabajando por una Patria que está tan insegura como traumatizada.
Snowden no es nuestro tema. Sólo representa una cortina de humo para huir al espanto de la escasez y la quiebra económica que sumerge a Venezuela.
En el fango de la ineptitud y el desprestigio se mueven nuestras instituciones democráticas. No hay justicia ni resguardo al disidente. Tan perseguidos los contrarios como los inocentes. Si no eres boliburgués no cuentas con la protección del sistema. Basta saber que en el estado Anzoátegui hasta diciembre del año pasado el 60% de la Policía Regional hacía labores de escolta según denunció la rectora de la Universidad Experimental de la Seguridad.
Pepe, favor háblale al Maduro, que mi país se fragmenta en pedazos de odio mientras el tuyo crece. Venezuela navega en aguas profundas cuya orilla sería una guerra civil y el tuyo disfruta de mayor crecimiento turístico. Aquí las oportunidades ni calvas las pintan. Colabóranos y no seas parte de esa América Latina que olvida que Venezuela estuvo ahí con su brazo democrático cuando ellos más lo necesitaron.


Ángel Arellano
Email: asearellano@yahoo.es
Twitter: @angelarellano
www.angelarellano.com.ve 

lunes, 1 de julio de 2013

Sociología del whisky


          El whisky, una adoptada bebida patria. De los monjes irlandeses saber que Venezuela iba a estar entre los ocho primeros consumidores del mundo de su religiosa bebida fermentada, capaz en la época de la colonización hubieran migrado masivamente. Somos el mayor comprador de América Latina, por tanto, si me lo permiten, me atrevo decir que es un asunto de Estado.
            Los fenómenos sociológicos son aquellos acontecimientos que impactan en cierta manera, positiva, negativa, constructiva, destructiva u ordinariamente, la vida de las sociedades, asentándose en ella en un período de tiempo que sólo esta colectividad determina.
            Como sociedad, hace años Venezuela determinó que era el whisky el marcador de muchas pautas nacionales. En el ideario nacional se premia no al padrino que alquiló el festejo, ni el papá que compró las costillas para la parrilla, o la madre abnegada que hizo los bollitos, yuca asada o laboriosa ensalada con suculento aderezo, sino al tío que se apareció con las botellas de whisky. ¡Aplausos para el tío! ¡Busquen la mejor silla que llegó el hombre con la caña! Así es la patria de Bolívar, ¿o me equivoco?
            Sin embargo, como en la actualidad hasta lo más sagrado ha sucumbido a las deformaciones de una trastada económica que se puso hace ya trío de décadas, afincada a toda mecha en los últimos tres lustros, la inflación disparó con fuerza esta costumbre venezolanísima.
            Somos la nación con mayor tasa de homicidios por cada mil habitantes, y también la que más litros de whisky consume per cápita en toda la región. Ni los superávits chilenos, crecimientos colombianos o peruanos, éxitos panameños o agigantados pasos mexicanos, nos han superado en esto.
            El ciudadano venezolano promedio, humilde y sin mucho que ofrecer en la sencillez de su hogar, aspiraba en navidad poder comprar un par de ejemplares de 12 ó 18 años para adornar la mesa y compartir en familia. Esta navidad se verá los cambios, la escasez y altos precios transformarán la dieta líquida de fin de año.
            Apenas el pasado diciembre en Margarita con 90 ó 100 Bs podías comprar una botella raya roja para completar la fiesta. Ese “algo especial” hoy oscila en el mismo anaquel por algo más de 250 Bs y en tierra firme supera cómodamente los 440 Bs. Una botella de lujo azul, dorada o con impactante estuche llamativo ya superó el sueldo mínimo nacional. Tenga usted una idea de a dónde llegan estos linderos.
            Escuché mucho en la calle: “cuando el gobierno se meta con la caña ahí sí es verdad que se va a caer” o “con mi caña no te metas, Chávez”. Lo cierto es que no sólo se metieron, sino que alteraron ese fenómeno sociológico hasta 2012 bien cuidado pero que en la precaria gestión del “mientras tanto” se ha deshilachado cual hoja de palma.
            En 50% ha descendido la venta de este tipo de licor según la Asociación de Licoreros de Caracas. Las divisas entregadas a cuenta gotas reducen el nivel de importación. Por eso la gigantesca afectación en la cultura venezolana. Dirán los bebedores, ¿qué carajo es lo que se produce en Venezuela? Pues ron. Nadie nos manda a enamorarnos de líquidos dorados escoceses.
            En lo que va de 2013 el ron se ha ubicado como el licor de mayor crecimiento nacional. Aunque sus precios suben en proporciones iguales a la cerveza y otros productos, sus presentaciones Premium se perciben hoy en el mercado como una oferta de “estatus”. Ese mismo “estatus” que la gente aspira al tener un vaso de whisky en las manos. Y por ahí va la cosa. Sociología venezolana, de la frustración a la adaptación. Todo menos dejar de tomar. Será con ron que pasemos estos ratos amargos.



Ángel Arellano
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lunes, 10 de junio de 2013

Hambre a la venezolana


Iniciemos este texto revisando una referencia histórica importante. En pleno gobierno de Isaías Medina Angarita (1943) surgió una crisis alimentaria a nivel nacional que el Ejecutivo abordó partiendo de que no existía tal déficit de comida, sino “avitaminosis”: falla o deficiencia en la cantidad de vitaminas que el organismo requiere.
Para salir al paso, con un sonado discurso en favor de la democracia, Rómulo Betancourt sin tambaleo pronunció desde el Nuevo Circo en Caracas (03/07/1943): “Un flagelo está destruyendo a nuestro pueblo: es el hambre que ahora tiene un nombre pedante: avitaminosis. (…) Se llama avitaminosis, pero es la clásica, la tradicional, la inenarrable hambre venezolana”.
A mediados del siglo XX, las carencias pasaban de igual forma por la escasez de agua potable y viviendas en zonas urbanas. Teníamos un país dependiente del negocio petrolero, que poco producía en otras áreas y aún bostezaba el retroceso histórico que inyectó el benemérito Juan Vicente Gómez en sus 27 años en el trono. Par de años después inició la Junta Revolucionaria de Gobierno, interrumpida por la pesadilla de Marcos Pérez Jiménez para luego volver y dar efectiva marcha a la democracia. La conciencia histórica de Betancourt lo llevó a edificar grandes logros. Triunfos necesarios para una República montonera que clamaba alimento, trabajo y una decidida incorporación al mundo moderno.
Dentro de unos días se cumplirán 70 años de aquellas palabras que hoy tienen mucho simbolismo. El hambre a la venezolana volvió. Ya no por “avitaminosis”, sino por “acaparamiento” según los payasos que administran el circo. Al igual que antes, la causa verdadera es la falta de producción. Escasez es símil de ineptitud. Llevar las riendas de un pueblo cuyo corazón palpita más allá de estos linderos, fue tarea reprobada para el caudillo que saquea las arcas patrias.
Unicef reportó 458 mil niños en Venezuela en estado de desnutrición. 2,4 millones de toneladas de maíz fueron importadas en 2012, la tendencia para este año es muy superior. 55 mil hectáreas de café fueron compradas a Nicaragua, Guatemala, Costa Rica y Honduras, las mismas prometidas en el Plan Café de Hugo Chávez. En nuestro país, tenemos patria según el caudillo, pero de cada 10 productos del mercado interno sólo se consiguen dos.
La “inenarrable hambre venezolana” acumula 280% de inflación desde que le borraron los tres ceritos al bolívar para hacerlo más fuerte. El sector golpeado, pulverizado y estrangulado por la política del chavismo, es la comida del ciudadano común, de todos. En 7% subieron todos los precios en mayo de 2013. Años sin ver un golpe de semejante tamaño en el bolsillo del ciudadano.
Parafraseando a Galeano, autor citado por Chávez, bien pudiéramos decir que estamos “jodidos, rejodidos”. Somos nadie en el mercado global. Cada vez más aislados. Volvemos al escenario 70 años atrás planteado. Dependemos del petróleo, de lo que queda de él. Estamos bajo la tutela de una cuerda de roedores que muerden las sobras del presupuesto nacional. Para matizar, los dirigentes rancios de la corrupción oficial informan que la oposición democrática adquirió aviones de guerra a Estados Unidos para “agredir” a Venezuela. La reculada del control de alimentos como si el apetito zuliano fuera una feria electoral, fue del tamaño de la caída de Maduro en la aceptación nacional. Nadie recoge ese bodrio porque sería pérdida de tiempo.
De Betancourt aprendimos los jóvenes que hoy afianzamos en la crítica nacional nuestro mensaje de cambio, el carácter indestructible de seguir trabajando por una sociedad libre y de los venezolanos.

Ángel Arellano
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martes, 30 de abril de 2013

El Fascismo, falta de intelecto



           A mis camaradas oficialistas, les ayudo a lograr contexto para no caer en la atrevida ignorancia que no respeta credo, color, condición ni impronta:
            Tras la firma del Tratado de Versalles, en una Italia desmoralizada reinada por el inmenso sentido de la nostalgia y la insatisfacción, Benito Mussolini crea los Fasci Italiani di Combattimento (08/10/1919), movimiento que trascendería en el Partido Nacional Fascista y que lo llevaría al poder luego de desatar la violencia y el cólera racista.
            Sus inclinaciones socialistas, atizadas en la juventud, fueron reemplazadas por un profundo sentimiento de odio simpatizante de poderosos industriales y terratenientes que en primera instancia cargaron combustible económico al naciente grupo político.
            “Con 300.000 jóvenes armados totalmente, decididos a todo y casi místicamente listos a ejecutar cualquier orden que yo les diera, podía haber castigado a todos los que han difamado e intentado enfangar al fascismo. Podía hacer de esta aula sorda y gris un campamento de soldados: podía destruir con hierros el Parlamento y constituir un gobierno exclusivamente de fascistas. Podía: pero no lo he querido, al menos en este primer momento”, fueron sus palabras en la Cámara de Representantes de Italia el 16 de noviembre de 1922 cuando se inició como Presidente del Consejo de Ministros.
            De ahí en adelante, Europa y el mundo fueron espectadores del horror de una patología en la historia política contemporánea. El fascismo fue practicado y desarrollado bajo las siguientes premisas: creación de una élite capacitada y un líder carismático que movilizaba las masas, radical nacionalismo que justificaba la apropiación mediante la guerra de nuevos territorios, promoción del fanatismo y la intolerancia social, el Estado como controlador de cualquier instancia de la sociedad.
            Mussolini, quien compartió doctrina y fusil con otro gran abominable enfermo de la historia, Adolf Hitler, culminó sus días huyendo de la llamarada de descontento ocasionada tras el desacierto de ser verdugo de su propio pueblo. Luego fue fusilado y ajusticiado por comunes. Como si fuera noticia vigente, aún ruedan las fotografías de su cuerpo desfigurado, poco más humillante que el suicidio de Hitler.
            De ahí nace el fascismo, su semblanza y gloria. La cosecha de un ideario nacional malformado por personas que un mal momento de su patria, llegaron para hundirla en la miseria de la guerra y la segregación.
            Camarada oficialista, que insultas y declaras improperios a tus hermanos venezolanos, ¿es este cuento, en su versión Siglo XXI el que le quieres echar a tus nietos sobre la Patria de hoy? Si quizás no sabías que tras el término “fascismo” hay toda una historia horrible, que el Gobierno conoce a la perfección, pues aquí tienes algo ampliamente conocido, un extracto de historia reciente.
            ¿Acaso no es la posible disolución de la Asamblea Nacional, la prisión para dirigentes opositores, la promoción del odio y el amparo a la corrupción, impunidad y delincuencia los detonantes de una corriente fascista en el timón de este barco? Reflexiona, que no sea nuestra bandera la que esté en juego, sino la falta de intelecto de los enchufados.
            Como usted sabrá, apreciado lector, la educación es tarea de todos y este espacio, más allá de ser la expresión de una persona que piensa, interpreta y dice, persigue fines de educar a su público. El intelecto, como producto de nuestra formación, representa el capital más grande que tenemos como humanos, pero también como nación.
            Los países hoy en día pueden medir su nivel de desarrollo a través del número de patentes, marcas y fórmulas que crean para la reproducción de un bien o servicio en el mercado global. De ahí obtienen inmensa competitividad. Podemos aventurarnos a decir que Venezuela está siendo obligada a no correr en este ambiente internacional.
            Luego de la salida de nuestro país de la Comunidad Andina de Naciones, la propiedad intelectual se rige por una ley de 1955: tan obsoleto como el pensamiento retrógrado de quienes nos dirigen. Hace nueve años que el Gobierno Nacional no autoriza el registro de nuevas patentes en el país. Sólo en 2012 se introdujeron 1622 solicitudes al Servicio Autónomo de Propiedad Intelectual que no han ido a ningún lado.
            Universidades como Harvard, Oxford y Stanford, han consolidado referencia mundial a través de sus patentes como traducción del intelecto de sus estudiantes. En Venezuela no sólo se ha castrado su aprobación, sino que no hay ningún tipo de fomento en el área. Las universidades, que son un gran afluente de este recurso, están quebradas bajo la tutela de un presupuesto nacional ensimismado y que cumple órdenes rigurosas de una isla que queda a miles de kilómetros pero que nos domina vergonzosamente.
Un gobierno que no educa ni exporta el talento de su nación, es un grupo de cerdos que pelean por la mejor manzana en la granja de la dictadura.

Ángel Arellano
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martes, 23 de abril de 2013

La tiranía de los enchufados



         Tal como lo diría Leonardo Padrón en texto reciente, escribir se ha convertido en una tarea difícil. Opinar pierde vigencia muy rápido en Venezuela, pareciera que estuviéramos internos en un quirófano durante una interminable operación con un paciente convaleciente pero que se niega a morir.
            Las reflexiones, tal como las hemos venido haciendo a lo largo de las últimas semanas, persisten vigorosas bajo el espíritu del reclamo de los valores democráticos atropellados por un camión lleno de consumados burócratas.
            Sólo aquellos ocho fallecidos del día lunes 15 de abril fueron llorados y mencionados por el gobierno del “mientras tanto” Presidente Nicolás Maduro. El resto de los miles que perecen en las calles de la nación, mayoritariamente menores de 35 años de edad, no importan, no tienen un espacio de relevancia en la agenda política del conclave que nos gobierna.
            El no reconocimiento del otro ha llegado a limites detestables, ya no interesa la opinión internacional, importa el pensamiento que se asienta en el ideario patrio abuso tras abuso. La última más estridente, fue el retiro de las comisiones parlamentarias permanentes a los diputados a la Asamblea Nacional de la fracción opositora y su máximo derecho indiscutible: la voz y el voto.
            La persecución que ha emprendido la tiranía de los célebres “enchufados” contra todo aquel empleado público que haya votado por Henrique Capriles, suma cólera a una sociedad ya golpeada por la injusticia: no hay instituciones. El chavismo sin Chávez busca desesperadamente alguna explicación a la migración de un millón de votos de su capital político. Meten la lupa en todas partes menos en su nefasta y excluyente práctica de desgobernar.
            Teléfonos celulares, redes sociales, relaciones personales, amistades, parentesco familiar, todos estos aspectos son evaluados por el régimen del “mientras tanto” para botar a funcionarios de la patria sin importar la flagrante violación a su alabada Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y Trabajadoras, y a los derechos humanos. El vocero más vehemente del delirio madurista, fue el ratificado ministro de vivienda, Ricardo Molina, con declaraciones que le dieron la vuelta al mundo.
Tendrán que expulsar de la nómina que pagamos todos los venezolanos con nuestros impuestos y riquezas minerales, a todo el mundo, puesto que el país necesita de su otra mitad les guste o no a los “enchufados”.
            A falta de comprensión y capacidad de asombro, interpretamos la descomposición del gobierno a través de sus nuevas actuaciones en la escena. La auditoría solicitada por la oposición al proceso electoral presidencial, aparte de traducirse en una inmensa victoria política, ha puesto en evidencia el desespero y nerviosismo de un grupo sobreexpuesto, débil, incapaz de echar a andar “las locuras” que antes frenaba el Comandante Supremo.
            Amigos oficialistas, el uso de la justicia contra jóvenes, dirigentes políticos y comunidades organizadas, tiene un negativo carácter retroactivo. El rechazo se incrementa en las filas chavistas porque nadie entiende, ni quiere entender, como este “entorno ineficiente” pretende resolver los grandes problemas nacionales con represión y burocracia.
            Antes de culminar es preciso recordar que las pugnas internas en el gobierno están a flor de piel. El ascenso de Nelson Merentes a la cartera de finanzas, el hacinamiento del profesor Giordani en su detestado rincón de planificación y el aumento de delegados, comisiones, directores y encargados, incrementa todos los riesgos que tiene el país con las tasas de inflación y niveles de inseguridad más altos de América Latina.


Ángel Arellano
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martes, 9 de abril de 2013

Nuestras ganas de votar




          Quise hacer un texto modesto pero emotivo, corto y especial, que encerrara en sus líneas los dictámenes que seguramente nuestra mente ha registrado de una vez, para que nos expresemos el próximo domingo en un momento electoral tan crucial.
            Luego de salir del último acto de campaña del candidato Henrique Capriles en Anzoátegui, ubiqué certeramente un ejemplo que me servirá para ilustrar el por qué el domingo debemos acudir a votar y movilizar sin miedo, y no quedarnos achinchorrados pegados al televisor.
            Pasadas las seis de la tarde del lunes 8 de abril, Capriles Radonski había culminado su reflexivo discurso sobre la Venezuela necesitada de cambio. Sus conocimientos sobre la realidad de Anzoátegui, proveniente de las múltiples giras y visitas realizadas meses atrás, captaron la atención de los oyentes quienes eufóricos aplaudieron cada frase.
            Los que viajaron desde rincones distintos a Barcelona (lugar del encuentro), como mi familia, hicieron “una vaca” entre docenas de personas para pagar un autobús amigo ya que el candidato del gobierno cancelaba el doble e inclusive el triple para que acudieran semi vacíos a su show de media noche. Desde Clarines partieron a la capital de la región en horas del mediodía.
            Al terminar las palabras del candidato del progreso, el padre que la vida me dio, un hombre corpulento de un metro y unos 70 centímetros, cayó completo en un hueco de iguales proporciones mientras buscaba el autobús para regresar al pueblo. En una vía bastante transitada como la avenida Fuerzas Armadas de Barcelona, sucedió la cosa. Se rompió el jean y la camisa como si hubiese peleado con un cunaguaro. Raspado, amoreteado y enchumbado en sangre lo llevaron al cercano ambulatorio Alí Romero.
            Ahí fue atendido por humildes profesionales de la medicina que comentaron no poder asistir al evento de Capriles por sentirse amenazados dentro de la institución. Pocos insumos había en el sitio. Una desagradable imagen de deterioro y falta de equipamiento, contrastaba con el espíritu de trabajo de quienes hacían lo mejor por coger los cinco puntos en la cabeza de Ysidoro tras la aparatosa caída.
            De ahí, la recomendación fue ir con un neurocirujano. El hospital Luís Razetti, al otro lado de la ciudad, estaba colapsado de emergencias y la vía trancada por la movilización del Maduro. Palabras luego, se tuvo que regresar a Clarines medio remendado para zanquear al otro día algún especialista que atendiera la cosa, puesto que a sus 53 años, no es juego de carritos meterse semejante trancazo.
            Para salir del Alí Romero fue un caos por las colas, la falta de semáforos adecuados y de funcionarios policiales y tránsito que colaboraran con la movilidad. A metros de ahí, robaron a dos muchachas que venían del acto caprilista y a un señor lo apuntaron para llevarle un carrito por puesto que era su sustento.
            Desde el Alí Romero hasta la salida de Barcelona para regresar a Clarines, mucho tiempo pasó la familia en el colapso vehicular bajo la oscuridad de la capital por falta de iluminación.
            Al llegar a Clarines, vecinos reportaron apagones en sus sectores, no había agua en la tubería de la casa, y pare usted de contar. Agreguemos que por algún error de cálculo no había mercado en la casa y se debía salir a buscar los alimentos temprano para la papa diaria. ¿Dónde conseguimos harina, aceite, carne, pollo, leche, azúcar? En fin, lo básico.
            El dolor de cabeza para Ysidoro no fue tanto por el golpe dentro del hueco, producto de una reparación inconclusa sin ningún tipo de señalización, sino que después debía parir el dinero para las medicinas y la ubicación de las mismas. Los remedios están tan caros y escasos, que sale mejor “tomar hierbas”.
            Ese es el país que tenemos hoy, es la Venezuela actual, en su peor presentación. Quiero votar por una nación que cambie, donde las obras públicas estén concluidas en su tiempo, se proteja y asista al ciudadano, haya hospitales con equipamiento e insumos de calidad, donde hacer mercado no sea cazar vampiros y el dinero nos rinda para cosas tan elementales como las medicinas. Nuestra República necesita mejoría y sólo nosotros podemos lograrlo, juntos y en paz. Es momento de cambiar, hagámoslo.



Ángel Arellano
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jueves, 7 de marzo de 2013

Chávez: la Constitución como panfleto



El dos de febrero de 1999 uno de los líderes del golpe de estado del cuatro de febrero de 1992, Hugo Chávez, era juramentado en el extinto Congreso Nacional, como Presidente Constitucional de la República de Venezuela.
            Allí, su discurso acuñó la frase de “moribunda constitución”, antesala para la consecución de hechos que llevarían a la convocatoria de una Asamblea Constituyente y la posterior promulgación de una nueva Carta Magna ese mismo año.
            De inmediato los laureles decoraron la escena política de Venezuela. Novedosa, moderna, adecuada, superior y justa por donde se le viere, eran los calificativos que a priori signaron el primer producto y victoria de la Revolución Bolivariana.
            Se exhibía un documento patrio ejemplo para América Latina y el mundo. Cátedra en áreas como ambiente, igualdad, justicia, institucionalidad y descentralización de los poderes nacionales. Sin embargo, 14 años después, poco reivindicada ha quedado la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) ante la misma sociedad que la vio nacer y aplaudió hasta la saciedad.
            Tres lustros no han sido suficientes para burlar los preceptos de ley. Aún, luego de fallecer el comandante, se sabotea a diestra y siniestra los mandamientos constitucionales sorteando el futuro del país a la interpretación emocional de sus más altos colaboradores.
            Los periodos presidenciales rojos rojitos volaron la cerca de límites establecidos por la CRBV. ¿Estuvo este instrumento rector del Estado de Derecho moribundo también durante los últimos 14 años?
Basta con mirarnos al espejo acompañados de los agravantes números de corrupción que alarman a la comunidad internacional, así como la persecución sistemática a la empresa privada, prensa, dirigentes políticos opositores, niveles de inseguridad, destrucción del aparato productivo petrolero y no petrolero, y la importación de hasta los hisopos que entran en nuestros oídos.
La Constitución entró por la puerta grande con una tarjeta de presentación que blindaría al sistema público y lo convertiría en una máquina de desarrollo y bienestar social, pero nunca fue implementada de tal manera porque la realidad tras la muerte del comandante, es realmente otra.
Así como un político hace su campaña con un panfleto prometiendo ideas, proyectos, sueños, ha sido nuestra nuevamente moribunda CRBV. Y moribunda no por su vigencia, sino por lo violada que ha estado durante todo este tiempo de zozobra nacional.
Ya ha comenzado a gobernar formalmente la transición el chavismo sin Chávez. Inicia un nuevo episodio en la vida republicada de Venezuela. Y la entrada de estos posibles sucesores, es la intriga de quién asumirá el poder y bajo qué norma lo hará.
Nicolás Maduro firmó el mismo 05/03/13 como presidente encargado, el decreto de duelo nacional. Sin ser juramentado ni por lo menos informarlo a toda la sociedad expectante con siquiera una fotografía en prensa. La Gaceta Oficial lo aguanta todo.
Luego de los actos fúnebres, nos queda el mal sabor de una próxima campaña electoral desigual, carente en ápices de equidad, lo cual aumenta la frustración venezolana de vivir en un Estado forajido y no de derecho. Ya con la declaración del Ministro de Defensa tenemos: “darle en la madre a los fascistas”. En ese tenor jamás se han referido al hampa, pero sí a los mismos hermanos venezolanos. Pedimos reflexión y paz.



Ángel Arellano
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