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lunes, 11 de julio de 2016

Venezuela: ¿cuándo termina este episodio?

Más de 35.000 venezolanos cruzó la frontera con Colombia para abastecerse de alimentos 10.07.2016

 La pregunta que zanja cualquier conversación en el país nos deja inhabilitados para elaborar respuestas que puedan llegar a puerto seguro. Citamos en el criollo más preciso: “¿Cuándo se acabará esta vaina?”.
                Angustia y desesperanza son los dos componentes que controlan la psiquis de la población. El hambre no da tregua, los enfermos y víctimas de la violencia siguen muriendo en cantidades que no conocen registro.
                Los que siguen comiendo tres veces al día son muy pocos, apenas una pequeña minoría que ha podido sortear los embates de la miseria. “El país está en una situación tan crítica que dentro de poco nos vamos a estar comiendo entre nosotros mismos”, me dijo un primo cuando hablábamos de los precios de las verduras, los tubérculos, las frutas y las especias, alimentos que antes tenían un precio relativamente bajo con respecto al resto de la canasta alimentaria, y que hoy repuntaron hasta convertirse en un lujo.
                ¿Cuánto tiempo le queda a este sufrimiento? ¿Cuánto puede soportar la población? Si bien el gobierno vigente se desmantela a una velocidad asombrosa, lo cierto es que todavía controla la economía, la justicia, los trámites y los pocos recursos que reposan en las ruinosas arcas del Estado. Hay, sí, por supuesto, un tejido de conspiraciones que cubre desde lo más alto de la cúpula hasta lo más bajo del aparato. Es notorio. No obstante, los poderosos de todas las esferas y de todos los niveles, se aferran a un mando sin pueblo.
                La caída del chavismo es un capítulo que inicia con la muerte del caudillo. Tras ese imprevisto, el PSUV perdió un importante número de votantes. Luego, por esas contradicciones que colman nuestra historia, el electorado opositor se desmotivó permitiéndole al oficialismo mantener el control de la mayoría de los gobiernos regionales y municipales. Sin embargo, el descontento siguió creciendo hasta materializar un profundo revés al chavismo en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015. Éste ha sido el acto más valeroso de la sociedad venezolana en los últimos tres lustros. En adelante, cada día transcurrido desde la instalación de la nueva Asamblea Nacional ha estado repleto de tropiezos para Maduro. El país ve cómo la metástasis asfixia sus últimas fuerzas.
                Volvemos: ¿cuándo se acaba esto? ¿Cuándo llega a su fin?
                Hemos dicho que el colapso de la sociedad venezolana inició con el ascenso de Chávez al poder. Hemos dicho que el chavismo vino a cerrar el ciclo de la República Civil para implementar el caos “socialista” como la guinda que hacía falta en el pastel del episodio democrático venezolano. Hemos dicho también que esta experiencia no es extraña en un país con más tradición militarista que civilista. Y hemos dicho desde luego que para recuperar la democracia y sus libertades inherentes, es necesario dar paso a un gobierno de civiles donde el poder militar esté, más que subordinado, excluido de la militancia política. Pero retomemos: ¿cuándo termina este episodio? ¿Cuándo concluye el colapso o por lo menos cuándo cambian los actores para administrar el colapso y con suerte salir de él?
                No hay respuesta cierta, por tanto no podemos ensayar aproximaciones, y por tanto no podemos ser portadores de una explicación rimbombante en el papel, pero pobre en la práctica. Sólo podemos decir que el colapso del sistema actual en Venezuela culmina, eso creemos, con la sustitución del régimen vigente por otro de orden democrático, plural, civil y que se apegue profundamente al respeto de la institucionalidad constitucional y la división de los poderes públicos. El colapso, o lo que entendemos por colapso, puede encontrar fin si el antídoto tiene un componente democrático y otro que opere como estabilizador de un sistema que, una vez instalado, tras la salida del chavismo, pueda soportar, mediante acuerdo, pactos, concesiones, o conciliación de élites, los embates futuros.
Concluyendo: capaz el colapso no termina con nuevos actores, pero sí conseguirá otro rumbo que nos puede ayudar, con suerte, a salir de él.

Ángel Arellano

miércoles, 22 de junio de 2016

Cuando el hambre es la consigna

 
“Hambre, hambre, hambre...”.
El viejo no consiguió ayuda para empujar su destartalada camioneta. La batería, rendida con ácidos y rezos hasta el último aliento, había llegado a su prolongado desenlace final. El viejo reunió fuerzas que hacía tiempo no veía para empujar la camioneta algunos metros más adelante, alejándose lo más posible de aquel abasto del barrio Brasil en Cumaná. Minutos después, la muchedumbre inició el saqueo, acabando con aquella propiedad de un inmigrante asiático. El viejo se subió al techo de la camioneta con un palo en la mano para alejar a todo aquel que se acercara a su fiel vehículo. Cumplida la hora, se hizo presente la policía disparando y arremetiendo, dejando heridos y llanto. Al viejo le encajaron tres o cuatro carajazos que le dejó la estampida. Solo un par de vidrios de la camioneta soportaron la revuelta. El viejo terminó bastante golpeado en la emergencia de un hospital ruinoso, con la esperanza de volver al sitio para irse empujado su cacharro.
“¡Saquearon la pollera”, sonó el grito a lo lejos. Luego pasó un muchacho bastante joven corriendo con cuatro aves recién asadas en la mano. Jamás imaginaron los conquistadores, 500 años atrás, que “La Primogénita del continente americano” sufriría tanta hambre a pesar de su exuberante naturaleza y sus gigantescas potencialidades.
A la altura del Parque del Oeste Alí Primera en Catia, cientos de caraqueños se congregaron a primera hora de la mañana para protestar por la falta de comida. En Gato Negro, otro sector popular, se hizo lo mismo, un símil a escala de las trifulcas registradas en las calles de Cumaná, Barquisimeto, Barcelona, San Cristóbal, Mérida, Maracaibo, Valencia, Maracay, y otras, durante las últimas dos semanas. A cada rato alguien habla de toque de queda en las cadenas que envían por Whatsapp y otras redes sociales, oficializando un decreto emitido por la delincuencia desde hace varios años.
En cada ciudad del país, en cada pueblo y caserío, hay un hambre que no consigue alimento y cientos de enfermedades que no encuentran medicinas. Los productos de aseo personal son joyas extrañas, casi olvidadas. La humillación no tiene límites. Ciudadanos de todos los colores sudan a chorros en las colas de los supermercados, de las bodegas, de las farmacias, de las gasolineras, de las tiendas de repuestos, de las ventas de cauchos y baterías.
Los pequeños estallidos sociales de las últimas semanas han movilizado más gente que el reventón del Caracazo. El doble, el triple… no sabemos cuánto.
Junto a la vidriera de un Farmatodo capitalino, una mujer y sus tres hijos pusieron en práctica un nuevo método para robar impuesto por la crisis. Esperaron a algunos de los que hicieron la fila para comprar algunos artículos y los abordaron en la salida. “Señora, no la voy a dejar pasar. Deme lo que tiene”. “Mujer, pero si no tengo nada no ves que vengo de hacer la cola ¿qué coño puedo tener? ¡Mátame!”. “Mis hijos y yo tenemos hambre. Dame el pan y las galletas esas que llevas ahí”. “Toma vale, qué desgracia. ¡Quédate con esa vaina!”.
La gente grita "¡Tenemos hambre!" y el gobierno, sumergido en su estupidez, responde "¡Tenemos Patria!". La sangre llega al río, basta saber cuánto hace falta para que el caudal arrastre la represa, las casas y lo que queda de país.
En medio del ruido, alguien a lo lejos habla de diálogo. Se intentan algunas señas llamando al “entendimiento nacional”. Por un lado, el gobierno liquida cualquier iniciativa de reorientar la política de la catástrofe, por la sencilla razón de que ellos la encarnan, el caos es su inspiración. Por el otro, el Parlamento empuja una y otra vez las reformas necesarias. La primera de ellas, sacar al gobierno del poder, a como dé lugar.
El diálogo es una quimera, qué atrocidad...

Ángel Arellano

sábado, 21 de mayo de 2016

Lo que ha cambiado en Venezuela: el reto de la oposición

Protestas contra Maduro se intensifican en Caracas. Foto: Reuters
Las tensiones socio-políticas que se viven en el país muestran por un lado a la Revolución Bolivariana usando sus últimas fuerzas para mantenerse en el poder y por el otro a una Mesa de la Unidad Democrática que de prevalecer unida puede llegar al gobierno

Por Ángel Arellano

         La tragedia social vivida en el país ha dejado no muchas certezas y abundantes dudas. Poco pueden anticiparse los análisis sobre el futuro inmediato ante una crisis que ha hecho metástasis en cada uno de los eslabones de la vida del venezolano. Si bien no ha cambiado la situación económica desde el ascenso al poder de la Revolución Bolivariana, toda vez que las medidas tomadas por el régimen siempre fueron extractivas, propiciando un terreno fértil para el crecimiento del gasto público, el endeudamiento y la corrupción, y el enquistamiento de una nueva clase política ahora enriquecida y controladora de cada átomo del Poder Público Nacional (con la reciente salvedad del Parlamento, en lo operativo y político más no en lo legal), hay cosas que sí han tomado otro rumbo, como la dinámica a lo interno de la oposición, sector político que luego de tres lustros de ser minoría ahora controla la Asamblea Nacional y muestra sus cartas para sacar al chavismo de la Presidencia de la República.

Cualquier análisis del comportamiento interno de la oposición antes de 2016 evidenciaba marcadas divisiones internas en las que se privilegiaba el programa o plan político, muchas veces oculto o discreto, de la dirección nacional de cada partido. Al respecto se escribieron kilómetros de páginas1. Por lo general cada corriente interna dentro de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) contaba con una agenda propia que en demasiadas eventualidades, públicas y por lo general ampliamente reseñadas en la prensa, tenía puntos de encuentro o desencuentro con las otras corrientes. Esta situación daba espacio al predominio de tensiones internas y disminuía las posibilidades de acuerdo para programas de actividades comunes que pudieran realizarse continuamente y mantenerse en el tiempo, a la vez que potenciaba la crítica chavista.

Sin embargo, el triunfo de la elección parlamentaria por parte de la MUD trajo consigo un cambio sustancial que ahora, luego de cuatro meses manejando el Poder Legislativo, comienza a notarse.

Existen tres corrientes definidas dentro de la oposición. Cada una aglomera partidos políticos, grupos de intelectuales, ONGs, y tiene una considerable popularidad. Ninguna puede prescindir de la otra en el afán de salir del gobierno oficialista, pues la discrepancia en el mecanismo constitucional para cambiar al Presidente fue lo que terminó por darles no sólo una identidad a lo interno de la MUD, sino también a lo externo, hacia el público que no pocas veces criticaba a los actores de la oposición por no mostrar sus cartas y mantenerse en constante confrontación interna, aun cuando las coyunturas electorales siempre subsanaron problemas nacionales y redimensionaron la dinámica para que el interés de llegar al poder se mantuviese por encima de cualquier otra cosa.

Cada corriente dentro de la MUD tiene una figura política que la encabeza, con un programa político sumamente difundido en lo público, y con el cual un segmento de la sociedad se identifica: Leopoldo López (Voluntad Popular), el preso político número uno del chavismo y probablemente el más popular en América, desde el evento por el que terminó en la cárcel (“La Salida”, febrero 2014) hasta la actualidad, ha persistido en que el mecanismo constitucional seleccionado debe estar acompañado por una agenda de movilizaciones de calle y agitación que permita incrementar la presión contra el gobierno de Maduro (de la Asamblea Constituyente no se hablado más)2; Henrique Capriles (Primero Justicia) insistió desde la victoria de la MUD el 6 de diciembre en las Parlamentarias, en que el Referendo Revocatorio es el camino a seguir, y se ha mantenido promoviendo públicamente esta vía; Henry Ramos Allup (Acción Democrática) ha planteado la Enmienda Constitucional a través de la Asamblea Nacional para acortar el mandato presidencial y realizar elecciones en el corto plazo. Cada corriente tiene puntos de contacto y choque, no obstante, han mostrado sus cartas, y la sociedad, aun cuando la crisis golpea al extremo, respalda en su mayoría los caminos constitucionales para deponer al gobierno de Nicolás Maduro3. Los estudios de opinión pública muestran un importante apoyo a los mecanismos mencionados y a los actores nombrados, no obstante, se evidencia una oposición que por encima de todo, prioriza salir del chavismo, y así quedó expresado luego de que la MUD anunciara el impulso de todos los mecanismos constitucionales propuestos para activar la salida de Maduro con la llamada “Hoja de Ruta Democrática 2016”4.

Recientemente, tras la visita de Henrique Capriles, Henry Ramos y familiares de Leopoldo López a la cárcel de Ramo Verde para llevar al líder preso la planilla en la que luego firmara para iniciar el proceso de convocatoria de un Referendo Revocatorio (RR), el primer mecanismo constitucional activado, es, aun cuando el Ejecutivo ha decretado los días miércoles, jueves y viernes como no laborables en toda la administración pública nacional con efecto indefinido para obstaculizar el cumplimiento de un eventual calendario electoral pro revocatorio (solo se contarán lunes y martes lo que puede imposibilitar la celebración del RR en 20165), un evento que a todas luces oxigena a la oposición y la exhibe como un sector alterno que puede gobernar el país. 

Los embates por parte de los poderes controlados por el chavismo no cesan, ni cesarán por lo pronto, pues todo indica que el conflicto de poderes entre el Legislativo y Judicial se mantendrá. Sin embargo, los parlamentarios de la MUD han advertido reiteradamente el comportamiento del “bufete de abogados” del gobierno, y afirmaron mantenerse “desconociendo las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia”6.

Los caminos para salir de Nicolás Maduro 

Las opciones constitucionales seguidas por las corrientes internas en la oposición para salir del gobierno de Nicolás Maduro nos dicen mucho de cada sector que convive dentro de la MUD. El perfil de los partidos políticos afines a cada mecanismo, y el discurso del líder de cada corriente, son variables que incluso sirven para elaborar aproximaciones a un eventual programa de gobierno de este sector. No obstante, la Unidad tiene como objetivo principal destituir al Presidente mientras mantiene a todas sus organizaciones dentro de la mesa. Para ello aprobó la puesta en marcha de tres de los cuatros mecanismos que establece la Constitución Nacional: el primero, solicitar la renuncia a través de grandes y constantes movilizaciones en todo el territorio que muestren el descontento social con la crisis que vive el país y responsabilizar al gobierno de Maduro del caos económico, político y social en el que se encuentra sumergido Venezuela; el segundo, la aprobación de una enmienda constitucional por parte de la Asamblea Nacional ahora controlada por la oposición para acortar el período presidencial (e incluso se propuso acortar el de todos los niveles de gobierno e instancias legislativas para llamar a elecciones generales) y convocar comicios electorales a corto plazo; y, el tercero, recoger las firmas para la convocatoria de un Referendo Revocatorio que decante en una elección presidencial. El cuarto mecanismo constitucional que no fue tomado en cuenta por la MUD es la convocatoria de una Asamblea Constituyente, promovido durante 2014 y 2015 por el partido Voluntad Popular pero que no logró el respaldo de toda la alianza. Una Asamblea Constituyente que plantee la refundación del Estado no se encuentra en los planes de la coalición.

Como referimos anteriormente, los partidos políticos han organizado sus agendas de actividades en función de esta “Hoja de Ruta Democrática” que trazó la MUD aun cuando a lo interno se mantengan algunas divisiones en cuánto a la preferencia del mecanismo constitucional. Sin embargo, la Unidad pidió a la militancia y los simpatizantes de la oposición acudir a los eventos adscritos a cualquiera de estas iniciativas pues, reiteramos, el fin común es sustituir al gobierno de Nicolás Maduro. Es por eso que la totalidad de las organizaciones han hecho presencia en las actividades de calle convocadas para solicitar la renuncia del Presidente (iniciando el 12 de marzo), aprobando con la mayoría de la bancada MUD en la Asamblea Nacional (el 21 de abril) la primera discusión del proyecto de enmienda constitucional, y movilizándose para recoger las firmas que soliciten la activación del referendo revocatorio (28 y 29 de abril). En cada una de estas actividades se evidenció la influencia de las corrientes internas de la MUD. Es por eso que en las movilizaciones de calle del 12 de marzo los voceros de Voluntad Popular a nivel nacional activaron un mayor despliegue comunicacional para transmitir su mensaje y el de su líder preso Leopoldo López, así como en el Hemiciclo del Parlamento tras la aprobación del proyecto de enmienda constitucional persistió la impronta de Henry Ramos Allup (AD) y en el llamado nacional para la recolección de firmas pro referendo revocatorio y los reclamos posteriores para su realización, ha ganado preferencia el discurso de Henrique Capriles y el aparataje logístico de Primero Justicia.

Principales líderes de la oposición

Leopoldo López (45 años) y su partido Voluntad Popular han sido, desde la muerte de Hugo Chávez en marzo de 2013, impulsores de iniciativas de calle que incrementen el nivel de tensión social como un dispositivo para el desmoronamiento de la estructura de gobierno y la erosión del apoyo popular en las bases electorales del chavismo. Esta estrategia tuvo por nombre “La Salida”, como lo informó en su momento el propio López. Desde su ingreso a la prisión de Ramo Verde el 18 de febrero de 2014 se potenció como una figura estelar en la opinión pública nacional a través de sonoros y periódicos comunicados firmados con su puño y letra, y una agenda de contactos internacionales encabezada por su esposa Lilian Tintori, que ha ganado entre otras cosas el pronunciamiento de diversas organizaciones como la ONU, OEA, un gran número de expresidentes y presidentes en ejercicio como Barack Obama, premios Nobel de la Paz, etc. demandando su liberación inmediata y el restablecimiento de las libertades democráticas en Venezuela. Voluntad Popular se mantiene coherente con la agitación de calle convocando constantemente movilizaciones a nivel nacional para protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro. Sus planteamientos son radicales y persiguen una sustitución del sistema de gobierno chavista por uno basado en los términos de la Constitución Nacional, para eso dieron luz verde a una campaña pro Asamblea Constituyente aunque terminaron afiliándose a la agenda de la MUD de la cual ya hicimos referencia. 

Henrique Capriles Radonski (43 años): dirigente de Primero Justicia que comparte el liderazgo de la organización con el diputado Julio Borges, presidente del partido. Capriles fue dos veces candidato presidencial. La primera (octubre 2012) electo en primarias de la MUD luego del apoyo de López, quien declinó a su favor. En la segunda oportunidad fue candidato de consenso de la oposición tras la muerte de Hugo Chávez (abril 2013). Posterior a la última derrota electoral en la que surgió victorioso Maduro con 1% de diferencia, Capriles ha hecho hincapié en el activismo social, promoviendo visitas a los sectores más pobres y priorizando el discurso sobre temas económicos y sociales asociados a la vida del venezolano de a pie, por encima de la retórica política y la confrontación constante. Se ha mantenido recorriendo el país con giras periódicas logrando una gran notoriedad pública en las elecciones municipales de diciembre de 2013 y en coyunturas clave como el “Diálogo por la Paz” que se efectuó en 2014 entre la oposición y el gobierno de Maduro, y las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015. En adelante, ha persistido en la promoción del referendo revocatorio y en su propia plataforma comunicacional que tiene énfasis en las redes sociales.

Henry Ramos Allup (72 años): secretario general de Acción Democrática desde el año 2000. No disputa el liderazgo de la organización con ningún sector interno y ha logrado la cohesión del partido para impulsar el consenso como método de selección de candidaturas en eventos electorales. Ramos tiene una trayectoria como parlamentario de larga data y es miembro del Comité Ejecutivo Nacional de su partido desde hace más de 30 años. Regresó a la AN en las elecciones de diciembre de 2015 tras ser candidato por acuerdo interno de la MUD en una de las circunscripciones de Caracas. Logró la presidencia del Parlamento luego de salir airoso en una elección de la bancada de la MUD, aunque ha mantenido en su discurso el método del consenso entre los partidos como instrumento para la resolución de conflictos y toma de decisiones dentro de la oposición. Desde su ascenso a la presidencia de la AN ha ganado popularidad por el uso de una oratoria desafiante al régimen en momentos cruciales de la coyuntura política y su experiencia como legislador.

Podemos intentar algunas conjeturas anticipadas sobre futuras participaciones de estos dirigentes de la oposición como posibles candidatos presidenciales de la MUD. Un eventual gobierno de Leopoldo López pudiera estar, y hacemos esta interpretación a partir del análisis de la cadena de hechos mencionados, nutrido por medidas de ajuste radicales para sustituir el sistema de gobierno chavista; por otra parte, probablemente en una presidencia de Henrique Capriles tengan mayor espacio las iniciativas sociales y las acciones moderadas colocando el acento en un discurso de reconciliación nacional como palanca de impulso; y una administración dirigida por Henry Ramos puede que se oriente en el consenso partidista como soporte del restablecimiento del sistema democrático en los términos de la Constitución vigente. En todos estos escenarios bien pueden tener preponderancia los partidos de los líderes o el programa general de la coalición unitaria logrando un consenso no sólo en lo programático, que aparece en escena como una necesidad vital para que la oposición logre llegar al poder, sino como un mecanismo de estabilidad en un país cuya realidad económica, social y política es catastrófica.


Notas

1.       Duarte, Emi. (2 de junio de 2015). The Opposition is Divided (and that's ok). Caracas Chronicles. Recuperado de http://www.caracaschronicles.com/
2015/06/02/opposition-is-divided/
2.      (11 de febrero de 2015). Llamado a los venezolanos a un acuerdo nacional para la transición. Prodavinci. Recuperado de http://prodavinci.com/2015/02/11/
actualidad/lea-el-comunicado-de-antonio-ledezma-leopoldo-lopez-y-maria-corina-machado-monitorprodavinci/
3.      Vásquez, Álex. (28 de abril de 2016). 60,3% de los venezolanos apoya el revocatorio contra Nicolás Maduro. El Nacional. Recuperado de http://www.el-nacional.com/politica/venezolanos-apoya-revocatorio-Nicolas-Maduro_0_837516506.html
4.      (2016). Unidad Democrática dio a conocer Hoja de Ruta 2016 [Comunicado]. En Unidad Venezuela. Recuperado de http://unidadvenezuela.org/2016/03/38693/
5.      De no celebrarse el RR presidencial en 2016, cuando cursa el cuarto año de mandato de Maduro, y quedara diferido para 2017, el oficialismo pudiera mantenerse en el poder, toda vez que la Constitución de Venezuela establece en su Artículo 233 que el período debe ser completado por el Vicepresidente Ejecutivo en ejercicio: en la actualidad el cargo se encuentra ocupado por Aristóbulo Istúriz, uno de los dirigentes más influyentes del PSUV.
6.      (17 de mayo de 2016). Ramos Allup: Sentencias del TSJ violan la Constitución. En El Estímulo. Recuperado de http://elestimulo.com/blog/ramos-allup-sentencias-del-tsj-violan-la-constitucion/

lunes, 9 de mayo de 2016

Los líderes de la oposición

Leopoldo López y Henrique Capriles durante las elecciones primarias de la MUD en 2012

 Leopoldo López (45 años) y su partido Voluntad Popular han sido desde la muerte de Hugo Chávez impulsores de iniciativas de calle que incrementen el nivel de tensión social como un dispositivo para el desmoronamiento de la estructura de gobierno y la erosión del apoyo popular en las bases electorales del chavismo. Esta estrategia tuvo por nombre “La Salida”. Desde su ingreso a la prisión de Ramo Verde el 18 de febrero de 2014, se potenció como una figura estelar en la opinión pública nacional a través de comunicados firmados con su puño y letra, y una agenda de contactos internacionales encabezada por su esposa Lilian Tintori, que ha ganado entre otras cosas el pronunciamiento de la ONU, la OEA, un gran número de expresidentes y presidentes en ejercicio como Barack Obama, premios Nobel de la Paz, etc., demandando su liberación inmediata y el restablecimiento de las libertades democráticas en Venezuela. VP se mantiene con la agitación de calle convocando constantemente movilizaciones a nivel nacional para protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro. Sus planteamientos son radicales y persiguen una sustitución del sistema de gobierno chavista por uno basado en los términos de la Constitución Nacional, para eso dieron luz verde a una campaña pro Asamblea Constituyente aunque ésta no logró el apoyo de la MUD.
            Henrique Capriles Radonski (43 años): dirigente de Primero Justicia que comparte el liderazgo de la organización con el diputado Julio Borges, presidente del partido. Capriles fue dos veces candidato presidencial. Ha hecho hincapié en el activismo social, promoviendo visitas a los sectores más pobres y priorizando el discurso sobre temas económicos y sociales asociados a la vida del venezolano de a pie, por encima de la retórica política y la confrontación. Se ha mantenido recorriendo el país con giras periódicas logrando una gran notoriedad pública en las elecciones municipales de diciembre de 2013 y en coyunturas clave como el “Diálogo por la Paz” que se efectuó en 2014 entre la oposición y el gobierno de Maduro, y las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015. En adelante, ha persistido en la promoción del referendo revocatorio y en su propia plataforma comunicacional con énfasis en las redes sociales.

Henry Ramos Allup
            Henry Ramos Allup (72 años): secretario general de Acción Democrática desde el año 2000. No disputa el liderazgo de la organización y ha logrado la cohesión del partido para impulsar el consenso como método de selección de candidaturas en eventos electorales. Ramos tiene trayectoria como parlamentario y es miembro del Comité Ejecutivo Nacional de su partido desde hace más de 30 años. Regresó a la AN en las elecciones de diciembre de 2015 tras ser candidato por acuerdo interno de la MUD en una de las circunscripciones de Caracas. Logró la presidencia del Parlamento luego de salir airoso en una elección de la bancada opositora. Ha mantenido en su discurso el método del consenso entre partidos como instrumento para la resolución de conflictos y la toma de decisiones dentro de la oposición. Desde su ascenso a la presidencia de la AN ha ganado popularidad por su oratoria desafiante al régimen en momentos cruciales y su experiencia como legislador.
Podemos intentar algunas conjeturas anticipadas: un eventual gobierno de López pudiera estar nutrido de medidas de ajuste radicales para sustituir el sistema de gobierno chavista; por otra parte, probablemente en una presidencia de Capriles tengan mayor espacio las iniciativas sociales y las acciones moderadas colocando el acento en la reconciliación nacional como palanca de impulso; y una administración dirigida por Henry Ramos puede esté orientado por el consenso partidista como soporte del restablecimiento del sistema democrático en los términos de la Constitución. En todos estos escenarios bien pueden tener preponderancia los partidos de los líderes o el programa general de la coalición unitaria, logrando un acuerdo no sólo en lo programático, que aparece en escena como una necesidad vital para que la oposición logre llegar al poder, sino como un mecanismo de estabilidad en un país cuya realidad económica, social y política es catastrófica.

Ángel Arellano

martes, 19 de abril de 2016

De los “regalos” de Chávez al “holocausto” de Maduro

Oliver Sánchez tiene 8 años y padece linfoma no Hodgkin. Protesta en Caracas el 26/02/16 Foto: AP


            En una visita a Montevideo en 2011, Hugo Chávez informó la donación de $ 10 millones para la remodelación del Hospital de Clínicas “Dr. Manuel Quintela”, uno de los principales centros de salud del Uruguay. Durante el evento, el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República, Fernando Tomasina, no escatimó en halagos: “Lo recibimos con mucha alegría y con muchas expectativas para lograr intercambios académicos (…) Estamos agradecidos de su visita, toda la universidad y la Facultad de Medicina entendió procedente tener este encuentro cercano con usted”.
            El hecho en cuestión resulta anecdótico. Si por algo se caracterizó el gobierno de Chávez fue por castigar a las facultades de medicina de las universidades autónomas venezolanas, obviándolas, rechazando su aporte al país y asfixiándolas con constantes recortes presupuestarios. Nunca hubo diálogo, entendimiento ni consideración.
            La notica del “regalo” a Uruguay trajo polémica. Gritos de reprobación por parte de los venezolanos y aclamación del lado de los aliados latinoamericanos. Nicolás Maduro, delfín y canciller, salió al paso en aquel momento y explicó que se trataba de un acuerdo firmado en 2005, que por cierto aún se mantiene brevemente reseñado en la página web del Ministerio de Salud Pública uruguayo pero que desapareció del radar de la autoridad sanitaria venezolana. La cosa quedó así. Venezuela puso el dinero y se desconoce qué obtuvo a cambio. Tiempo después, según información oficial del gobierno de Nicolás Maduro, se replantearon los “acuerdos” para recibir, en teoría, $ 6 millones en medicamentos uruguayos, aunque se conoce que se ha cumplido con menos del 10%, según investigación especial que adelanta la Asamblea Nacional. Esto, además, con la atenuante de las deudas en otros sectores que tiene la administración Maduro con Uruguay y otros países.
Para ese año, 2011, nuestro país ya mostraba un serio deterioro en el servicio de salud. Los hospitales y ambulatorios, execrados de los planes de inversión de la era chavista, fueron desplazados (en preferencia gubernamental y no en eficiencia ni en capacidad de asistencia) por la red de la Misión Barrio Adentro (y los 124 mil “colaboradores cubanos de salud”) que le ha costado a Venezuela un aproximado de $ 250 mil millones en los últimos 13 años y que hoy se encuentra desmantelada.
La Memoria y Cuenta del Ministerio de Salud para el año 2015 asegura que Barrio Adentro realizó 75 millones de consultas el año pasado. ¿En un país de 30 millones de habitantes? ¿2,5 consultas por habitante? Nada más absurdo y más falso.
En 17 años de chavismo hemos visto 17 ministros de salud diferentes. Cuatro de ellos militares. Todos ligados a casos de corrupción (mil millonarios) por concepto de importación de medicinas. Al corte de hoy, el desabastecimiento en medicamentos es espeluznante. La Federación Médica de Venezuela sostiene que existe una escasez del 95% en medicinas. Es una crisis humanitaria desbordada y sin intención de resolverse en el mediano plazo, suerte de holocausto reeditado por Nicolás Maduro.
Hace unos días, Venezuela firmó otro acuerdo de cooperación con Cuba, esta vez por $ 1.428 millones y tomando en cuenta la importación de medicamentos que, es necesario subrayar, no son producidos en la isla, sino importados por oscuros intermediaros y vendidos con sobreprecio al gobierno venezolano. Por otro lado, la Cámara de la Industria Farmacéutica pidió que se cancelara una deuda de apenas $ 657 millones con proveedores internacionales para la importación de insumos y la fabricación de las mismas medicinas en suelo nacional. A lo último no se le dio importancia.
Mientras unos se llenan los bolsillos, los pacientes caen muertos en las emergencias. Los gobiernos amigos de Chávez, ahora silentes ante el desastre de Maduro, han sido cómplices de esta matanza… tienen sangre en sus manos.

Ángel Arellano

lunes, 11 de abril de 2016

¿El gobierno que nos merecemos?

Fuente: http://yvnoticias.com/archivos/11852

-¿Eres de Venezuela?
-Sí
-Venezuela. ¿Nicolás Maduro, no? ¿Allá es donde el Congreso quiere cambiar al Presidente y ahora el Presidente quiere liquidar al Congreso?
-Se pudiera decir que sí.
-Ah, ya. Leí que Maduro decretó los viernes como no laborales para ahorrar electricidad. ¿Es verdad?
-Sí claro, reciente.
-Y vi que la inseguridad es tal que la gente toma justicia por sus manos con linchamientos y han quemado a varios delincuentes, incluso a uno que ahora todo apunta que era inocente. ¿Es así?
-Tal cual.
-Me enteré que aumentaron en 6000% el precio del combustible pero aún con eso siguen siendo el país con la gasolina más barata pero con el nivel de miseria más alto del continente. Una lástima.
-Eso también es verdad.
-Una página web publicó un reportaje que me erizó la piel: resulta que hay enfermos de cáncer que prefieren suicidarse antes de tratarse la enfermedad en Venezuela debido a la gran escasez de medicinas y colapso de los hospitales y clínicas…
-También lo leí.
-¿Y cómo llegaron a ese punto? Nosotros admirábamos el desarrollo de Venezuela hace tiempo. Cuando estábamos en dictadura ustedes acogieron a cientos de compañeros que huyeron al exilio. Eran la vitrina de la democracia y ahora están en el fondo. ¿Qué les pasó?

            ¿Qué nos pasó? Esa es la pregunta que se cuela en cualquier foro, conversación, cena familiar o charla. Los venezolanos, en especial los más jóvenes, cuya diáspora, según estimaciones, ronda el millón de almas, se preguntan qué le pasó al país del que hablaban sus abuelos, en el que todo era infinitamente mejor con respecto a la barbarie que se vive en estos días. No son pocas las incongruencias que se escuchan cuando alguien intenta analizar la trayectoria del “cómo” llegamos a este punto. Algunos pasan la factura al sistema político, otros resumen las causas, deportivamente, en una injusta frase de la que desconocen su origen y sentido estricto: “Cada nación tiene el gobierno que se merece” (Joseph de Maistre, 1753-1821). Del resto, palabras más, palabras menos, las acusaciones van en la misma dirección. Intentemos una respuesta resumida citando a los investigadores Daron Acemoglu y James Robinson en el prominente ensayo “Por qué fracasan los países” (7ª ed., 2014, Deusto: Madrid), quienes abordaron brevemente el tema:
“Venezuela también hizo la transición a la democracia después de 1958, pero esto ocurrió sin cesión de poder a las bases y no creó un reparto pluralista del poder político. Lo que sucedió fue que los políticos corruptos, las redes de clientelismo y los conflictos persistieron en Venezuela, y, en parte, como resultado de ello, cuando los votantes fueron a las urnas, incluso estaban dispuestos a dar apoyo a déspotas en potencia como Hugo Chávez, y la causa más probable es que pensaran que solamente él podría hacer frente a las élites establecidas de Venezuela” (pp. 535-536).
La crisis del sistema político y de la economía basada en el rentismo petrolero, fue el preámbulo para una sociedad que en buena parte no se sentía representada por la dirigencia y exigía una vuelta al reparto de la riqueza de los setenta. Chávez consolidó su proyecto con dinero a manos llenas, gastando todos los recursos que, por suerte, habíamos obtenido con los altos precios del petróleo durante su mandato. Falleció, y con él también murió la bonanza. Al país le tocó enfrentarse a su realidad: todo lo que consume lo importa, lo poco que produce no abastece el mercado interno, educación de baja calidad, pobreza y miseria creciendo sin control...
Vivimos sobre las ruinas de un sistema democrático que funcionó y que fue ejemplar. También que puede volver a serlo, con el concierto de la dirigencia y de la sociedad. No es que solo los gobiernos deciden el rumbo de un país o que solo los pueblos, sin organización ni sistema, determinan su futuro. Un poco de uno y un poco del otro.

Ángel Arellano

lunes, 4 de abril de 2016

Hablemos de hambre y miseria


Le pregunté a un amigo “¿Qué hubo mano? ¿Cómo está la vaina? Deme un reporte”. Y su respuesta resumió la tragedia: “Mano, el pueblo sumergido en un mar de desespero y decepción. El venezolano con hambre, mal sudor, mal aliento y hediondo porque no hay productos de aseo personal ni comida. Desesperado porque salir de este gobierno y de esta situación por la vía legal es un proceso demasiado largo y hasta está tornándose imposible”. Como lo habrán notado, mi amigo no es analista ni politólogo. Es un venezolano de a pie que describe acertadamente y sin rodeos la realidad que vive la inmensa mayoría del país.
Según una encuesta nacional sobre condiciones de vida que salió a la luz pública recientemente, elaborada por la Universidad Central de Venezuela, 50% de los venezolanos eliminó de su menú la leche y los huevos. La médico nutricionista María Elena Herrera informó en declaraciones a la prensa que en nuestra nación 3,5 millones de personas están consumiendo sólo dos comidas al día: “81% de los hogares venezolanos presenta algún grado de pobreza”. Y es que a la hora de comprar alimentos, no se consiguen los productos básicos, y los que aún se encuentran, en los puestos de los revendedores o a través de la red de los “bachaqueros”, se cotizan a precios exorbitantes que el menguado salario de nuestros compatriotas no puede pagar.
En síntesis, los pobres hoy son más pobres y los venezolanos, además de vivir una crisis política y social estresante, no están bien alimentados y carecen además de los medicamentos necesarios para cuidar su salud en medio de la marea alta de enfermedades que golpean a la sociedad. Esta situación impacta el futuro pues no sólo es un hecho del presente que se podrá resolver en el corto plazo con un eventual cambio de gobierno. La malnutrición que afecta el crecimiento de los niños venezolanos, y la vida de jóvenes y adultos, es una cruz con la que cargará la sociedad un número indeterminado de años mientras no exista un paliativo urgente.
Estas líneas escalofriantes reflejan una realidad asfixiada por el debate político y los continuos escándalos del gobierno. En la agenda de quienes controlan el poder no está la alimentación de los ciudadanos ni sus servicios básicos. Hace tiempo que la crisis de Venezuela dejó de ser una pugna por el poder político para transformarse en una emergencia humanitaria que requiere el concierto de todos los sectores de la sociedad para ser atendida. En esa operación, la primera actuación es salir del gobierno de manera expedita y constitucional. De otra forma, el hambre y la muerte seguirán marcando la pauta en la familia venezolana.
Desde hace varios años, Venezuela encabeza con amplio margen de ventaja el ranking de los 15 países con más miseria en el mundo que realiza la firma Bloomberg. La inflación, el desempleo y el altísimo costo de la vida muestran cifras que coquetean con el estado fallido del que se habla constantemente en los foros económicos que intentan presentar propuestas de soluciones a un oficialismo sordo y desentendido de la gravedad de la crisis. No en vano el mundo comienza a ver a Venezuela como la Zimbabue de América Latina.
Apoyar la sustitución del gobierno de Nicolás Maduro no es una opción. Supone una exigencia moral de los venezolanos para con su golpeado país. Es una obligación para aquellos que aspiran vivir libres y en democracia. En este contexto, siempre es importante recordar la frase de Dante en la Divina comedia: “Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral”.

Ángel Arellano

martes, 29 de marzo de 2016

Tender la mano, reconciliar y pintar la casa

 
         En Venezuela, ¿pasará el temblor? ¿La profunda crisis social, económica y política encontrará cauce para una futura normalización institucional y democrática? Sí. Llegará el momento, más pronto que tarde, en el que las instituciones vuelvan a ser autónomas y no un apéndice del PSUV, y la gente sienta que vive en un país, digamos, “normal”, y no en un campo minado que en cualquier momento puede explotar.
            Ese momento, el del retorno del sistema democrático, pasa por un gran esfuerzo de reconciliar a la sociedad y “civilizar” (me parece el término adecuado) a los sectores más radicales del chavismo que militan al margen de la ley actuando impunemente contra la disidencia: colectivos paramilitares y demás grupos armados adscritos al oficialismo. Son muchos los dolores de cabeza que tiene y tendrá la oposición, lo que se pretende sustituir no es un partido político que administra el poder desde hace 17 años, sino un sistema que ha corrompido cada átomo de la institucionalidad, reemplazando la historia nacional por un libreto amañado y confeccionado a la medida del “proceso” que dirigen, y demoliendo los valores de la democracia moderna para imponer la “moral socialista” de la clase dominante caracterizada por el nepotismo, la apropiación de los recursos públicos, el abuso de poder, la judicialización de la política, la promoción de acciones delictivas y el narcotráfico como común denominador en la élite del gobierno.
            Para la épica labor de destronar al chavismo, la oposición cuenta con el factor más importante: el rechazo popular casi total a Nicolás Maduro. Según Hinterlaces, encuestadora cercana al oficialismo, 58% de la población considera que la solución a la crisis es la salida de Maduro. Otras consultoras, más independientes, aseguran que esta cifra llega a un 82%. Estos números que apoyan la salida constitucional del Presidente que se busca desde la oposición, exigen igualmente la persistencia en un mensaje de reconciliación nacional que permita contener las tensiones en la calle. 
Reconciliar es la tarea más difícil. Se pueden activar los mecanismos democráticos para deponer a Maduro e iniciar una depuración en los altos mandos de los poderes de la nación, las empresas públicas y las fuerzas armados. No obstante, la diferencia estará en la valoración que el venezolano de a pie dé a este proceso. Si algo logró con eficiencia el chavismo, además de dejar sin comida y medicinas a la población, fue dividir a las familias y sembrar odio en las comunidades.
Violeta Chamorro fue la primera mujer en llegar a ser presidente de su país en América (Nicaragua, 1990-1997). Entrevistada por los periodistas Diego Achard y Manuel Flores para el libro “Gobernabilidad: un reportaje de América Latina” (Fondo de Cultura Económica, 1997), comentó sobre el proceso de reconciliación nacional que impulsó luego de ganar las elecciones al Frente Sandinista de Liberación Nacional:

-¿Cómo comenzó ese proceso de reconciliación, de tender la mano?
-¿Sabe qué fue lo primero que yo hice cuando gané?... Fui a pintar mi casa.
-¿Cómo a pintar su casa?
-Es que mi casa tiene un muro desde que la construí hace 33 años. ¡Qué no decía ese muro! “Vendepatria”, “Traidora”. Y lo pinté de blanco, como era antes. Eso se llama reconciliación: olvidar. Por eso es que no me gusta ni recordar el pasado, porque ¿para qué? Y vaya a ver ahora. Usted sale por Managua, por donde la gente va construyendo sus casas, y está todo pintadito. Ahorita, en esta campaña [electoral], Dios mío, la van a empezar a ensuciar. Casualmente ayer estaba hablando sobre cómo hacer para sacar una ley, como en Chile o en otros lugares más civilizados, para que no manchen las paredes, de modo que a cada partido le toque un lugar. Y después lo pintan. Pero para eso se necesita tiempo y educación, así que no tenemos más remedio que volver a pintar.

Ángel Arellano

martes, 8 de marzo de 2016

Chavismo: un movimiento en retirada

Imagen: César Mejías

Cuando Pedro Márquez salió a las seis de la mañana de su residencia en la calle 132 de la urbanización Las Acacias de Valencia, el pasado 5 de febrero de 2015, un motorizado y su parrillero se detuvieron en medio de la calle para propinarle una golpiza. Pedro no los conocía, ni supo nunca más de ellos. Para su sorpresa, el dúo que lo atacó no buscaba robarlo ni lo confundían con un miembro alguna banda criminal contraria como para considerar que lo sucedido era parte de un ajuste de cuentas o una mera equivocación.
El delito de Pedro era trabajar para Empresas Polar, los “responsables de la escasez que hay en el país”, como dijeron sus agresores. Las patadas y los golpes lo dejaron a la merced del asfalto. Unos vecinos lo auxiliaron y trasladaron a un hospital para que recibiera atención médica, con el déficit de insumos y personal disponible ya bastante conocido por los venezolanos. El hecho apenas lo reseñaron algunos medios digitales el año pasado. La historia tuvo la intención de hacerse viral pero el mismo día quedó opacada por otra de peor magnitud. La violencia de los grupos criminales que están a disposición del gobierno golpea todos los días, desde hace más de diez años.
En el intento de buscar responsables externos a la crisis, Nicolás Maduro se ha esforzado por atacar a Empresas Polar en Cadena Nacional casi a diario. La única corporación que opera a máxima capacidad en el rubro de bebidas y alimentos, aun cuando tengan déficit en varios sectores por la escasez en materia prima antes producida por Venezuela. En el discurso oficial, la oposición, el imperialismo yankee, la web dolartoday.com y Empresas Polar, son los culpables de cada átomo del caos venezolano. Los lectores entenderán que este argumento está tan devaluado como el bolívar, toda vez que la consultora Datanálisis ubica la aprobación de Maduro en 24,3%, cifra que se reduce hasta 17,3 % en los estudios de Hercon Consultores. Estos números eran impensables hace una década cuando estábamos ante el esplendor de un chavismo que se mostraba indestructible. Tampoco hace tres años, cuando la muerte del líder supremo parecía servir como talismán para la permanencia del oficialismo durante un buen tiempo. Pero sucedió que, como todo proyecto autocrático, con la muerte de la figura central el sistema hizo aguas y hoy lo que vemos son las cenizas de un chavismo que intenta aferrarse al poder, cueste lo que cueste.
Las señales de violencia son claras y lo han sido desde que Maduro subió a la silla presidencial. Los presos políticos siguen en sus celdas, las violaciones a los derechos humanos se mantienen, los ataques de los grupos armados del gobierno continúan perpetrándose y la convocatoria a un “baño de sangre” sigue presente en los mensajes públicos del Ejecutivo.
El chavismo se descompone aceleradamente. Si bien 2015 fue el año para la profundización de una gravísima crisis económica, en 2016 el caos económico es acompañado del declive del sistema de gobierno. Las fracturas internas son notorias y el grupo parlamentario del PSUV, con sus discordancias, incoherencias y gritos en la Cámara, es la mejor representación de un movimiento en retirada.
El gobierno ha hecho del Poder Judicial su arma de guerra para luchar contra la mayoría disidente de la Asamblea. Pero de la ignorancia y el improviso nadie los salva pues sus tácticas han sido tan burdas y ramplonas que hasta en la decisión de liquidación del Parlamento que emitió el TSJ, violaron su propia ley orgánica quedando como al hazmerreir nacional. “Los payasos van pal circo así anden desarreglaos”.
“Los zorros del desierto de Serucha aúllan como demonios cuando llega la noche; ¿sabes por qué?: para quebrar el silencio que los aterroriza”. La frase es extraída de “La ciudad y los perros” (1962), célebre novela de Mario Vargas Llosa.

Ángel Arellano

lunes, 8 de febrero de 2016

Defensa apasionada de la democracia

 
            En su reciente artículo “El naufragio de la democracia”, Axel Capriles introduce un cuestionamiento al sistema democrático a partir de la experiencia venezolana en el siglo XXI: “Por medio del método democrático Hugo Chávez ascendió al poder y por respeto a los formalismos del método democrático permitimos que el chavismo se mantuviera durante más de 16 años en el poder. ¿Es correcto y útil un sistema político que permite la devastación y desolación de un país? ¿Vale la pena?”. La crítica, parte de una tesis superficial, que no por eso deja de ser relevante: “el culto cuasi religioso del método democrático ha obrado en contra de las mismas libertades e ideales que pregona”. Intentaré argumentar una discrepancia con el Dr. Capriles.
                Primero, sí es cierto que la democracia sirvió como trampolín para el ascenso de Hugo Chávez y el proyecto que inició un sostenido proceso de recentralización, debilitamiento de la representación popular y liquidación de la división de poderes. La Revolución Bolivariana es antidemocrática, con una carátula moldeable a las circunstancias y un discurso internacional de reivindicación de las libertades de un “pueblo” al que terminó llevando a una catástrofe económica, política y social.
                Segundo, también es cierto que el sistema político venezolano se encontraba naufragando como antesala al ascenso de Chávez, con partidos débiles y fragmentados, lo que posibilitó la entrada del líder redentor que modificó la Constitución e hizo del Estado un todo controlado por la Presidencia.
                Tercero… ¿vale la pena la democracia?
Si bien el culto a la democracia por la democracia misma, y no porque la sociedad adopte un comportamiento cívico y democrático, ha colaborado con el debilitamiento de esta forma de gobierno, al punto de llegar a niveles de erosión institucional como en el caso de Venezuela en donde hay espacio para que hoy algunos pensadores cuestionen la factibilidad de la democracia en un país tan devastado, no es menos cierto que la democracia ha sido el sistema que ha permitido mayor libertad y paz en los países que la practican (118 en 2013), al tiempo que las sociedades con democracias de, digamos, "mayor calidad", poseen los mejores indicadores de bienestar, desarrollo e innovación del mundo.
¿La democracia es imperfecta al punto de que existen momentos, como el actual (partiendo de lo que se vive en Venezuela), en que pareciera más la enfermedad que el antídoto? Sí. Y es así porque así se comporta el ser humano. La democracia es en momentos sublime y en momentos caótica, como nuestra especie: errante, sedentaria, belicista, incoherente, y lo es, porque ha podido ser también emprendedora, buscadora de soluciones apostando a las transformaciones radicales, adicta a la tecnología y a la reiteración en las interrogantes que marcan nuestro camino: ¿Cómo?, ¿por qué? y ¿para qué? Somos lo primero porque hemos podido ser lo segundo y es eso lo que nos sirve como referencia para establecer una comparación sustantiva. De tal manera que la democracia se inscribe en esta contraposición: es una respuesta a la barbarie, al absolutismo y a las conductas totalitarias, para imponer la razón siempre imperfecta de la mayoría. En esto último, la democracia ha evolucionado históricamente incorporando a las minorías, a quienes en un auténtico sistema democrático se les reconocen por igual sus derechos y opiniones.
Entonces, es superfluo condenar al sistema democrático por transitar un momento crítico, pues, como hemos sostenido, la democracia es una respuesta a la oscuridad, una reacción de lo que entendemos como el "bien" (elecciones, representación, división de poderes) contra el "mal" (imposición, dominación, dinastía, represión).
En esa respuesta a la oscuridad no todo es claro, encontramos diversas tonalidades, todas son obra y gracia de la humanidad, por tanto, la responsabilidad siempre se le debe adjudicar a sus creadores (o dirigentes), no a la creación.

Ángel Arellano

lunes, 11 de enero de 2016

El último mohicano del chavismo


Cuentan los chismes caraqueños que a quien hoy es el flamante vicepresidente del gobierno de Nicolás Maduro alguien le dijo una vez: -¡Aristóbulo! Eres el segundo negro más importante de Venezuela -. -¿El segundo? ¿Y quién es el primero? -. -¡El petróleo! -.
La morisqueta sólo sirvió para las carcajadas del momento porque como insinuación se quedaba coja. No obstante, tiempo después pareciera que aquella pretensión chistosa terminó materializándose en los hechos. El salto de la fábula a la realidad lo vemos ahora, cuando al "Negro Aristóbulo", como se le conoce en el mundo político (sin ningún amago racista, por cierto), se coloca en el ojo del huracán como el número dos de la nómina del chavismo y el “negro” con más importancia en la escena política.
Aristóbulo ha dado acrobacias olímpicas en su dilatada trayectoria política. Ha recorrido los caminos de Acción Democrática, el Movimiento Electoral del Pueblo, La Causa Radical, Patria Para Todos y el Partido Socialista Unido de Venezuela. En todos ha figurado. Como militante de cada organización alcanzó notoriedad pública y respeto político, primero como defensor a ultranza de la descentralización llegando a ser incluso alcalde electo de Caracas (1993-1996), y luego defendiendo el “Estado comunal” propuesto por Hugo Chávez dando paso a un profundo proceso de recentralización.
En la nueva empresa que inicia, la que puede terminar siendo su última batalla en las filas del chavismo gobernante, se distingue por ser el único dirigente con cualidades aparentes para el diálogo con sus adversarios políticos. Sin embargo, sucede que en estos tiempos es difícil dar mucha cuerda a esa apreciación pues el chavismo se ha caracterizado por la deshonra de sus compromisos, salvo los de índole económica particular, porque si algo es notorio, es que ningún miembro del alto mando del PSUV está pasando hambre o sale mal vestido a la calle.
El primer discurso del Aristóbulo vicepresidente fue burdo, sin fondo. En vez de proponer alguna idea para solucionar la crisis, o que orientara los esfuerzos del nuevo gabinete hacia esa meta, aunque sea para efectos decorativos y estéticos, pidió pintar murales de Chávez en todo el país. La orden es vaciar algunas cajas chicas para manchar las calles del país con el retrato del difunto y así quien haga cola, recuerde por qué y por quién estamos como estamos. En fin, pedir peras al olmo.
Tal como se dan los hechos, Istúriz viene a ser el último mohicano de esa masa amorfa que es el chavismo. Para salvar su pellejo, y capaz que para intentar salvar el del gobierno que representa, puede que establezca eventuales contactos con la oposición. Todo es hipotético, estas acciones responderán a las diversas dinámicas que se presenten en el escenario político y al grado de miopía de Miraflores. Lo cierto es que el nuevo número dos del Ejecutivo conoce a la clase política democrática porque ahí creció, esa fue su escuela (reprobó todos los exámenes, claro está, y nadó a las orillas del autoritarismo). Militó en el mismo AD en el que se encontraba el hoy presidente de la AN, Henry Ramos Allup (en esferas muy distintas), también en La Causa R con el ahora primer vicepresidente de la AN, Enrique Márquez, así como en Patria Para Todos junto con el hoy segundo vicepresidente de la AN, Simón Calzadilla, por lo que Aristóbulo, si lo desea, puede activar un canal de conversación con la directiva del nuevo Parlamento.
Como corolario, podemos decir que Istúriz es el único en la primera línea de mando del Ejecutivo que no ha sido acusado de tener vínculos con el narcotráfico, del resto todos los jerarcas civiles y militares del chavismo tienen por lo menos una investigación internacional relacionada al comercio ilícito de drogas. De corrupto sí, de acomodaticio también. Así es la política, un mundo lleno de pantanos y desiertos.

Ángel Arellano

miércoles, 6 de enero de 2016

La partida de Aristóbulo

Adiós Aristóbulo. Como sabrás, los anzoatiguenses no te extrañaremos. No habrá nostalgia ni recuerdos, pero sí el espacio necesario para un cuestionamiento general: ¿cómo pudimos permitir tu paso por la Gobernación del estado? ¿Cómo caímos tan bajo? ¿Por qué?
En la coyuntura de 2012, luego de la última elección de Chávez y el maremoto de su enfermedad, una oposición golpeada por el triunfo del ahora difunto apenas pudo mantener el Ejecutivo en tres regiones: Miranda, Lara y Amazonas.
Tú asumiste el control de Anzoátegui, de los alcaldes y diputados oficialistas, del PSUV, de la Faja Petrolífera, del Criogénico de Jose, de la cementera, de las empresas públicas quebradas y de cuanto órgano político asociado al régimen hiciera vida en nuestra región.
¿La resulta de tu gestión? Nada. El vacío. Silencio. Mañana Anzoátegui despierta sin gobernador y no sentirá la diferencia porque nunca exististe. Solo fungiste como figura decorativa de una Constitución que exige un gobernador en cada estado. Te dedicaste a "aceitar" una maquinaria política que ya estaba fundida, y como muestra, la oposición dobló al PSUV en el reciente evento electoral del pasado 6 de diciembre.

Tu centro de operaciones siempre estuvo en Caracas, ciudad de tu historia. Anzoátegui no te debe nada, sin embargo, tú sí nos debes mucho. Orientaste los recursos públicos al fortalecimiento de tu partido, de tu gente, de tus empresarios amigos, de tus contratistas cercanos. Sin éxito, claro está. La historia nos dará el instante para cobrar, por medio de la ley, el saqueo rojo que encabezaste.
Maduro ha asumido el gran costo interno de sustituir al "yerno" de Chávez para llevarte a la vicepresidencia porque necesita alguien que, llegado el momento, tras todas las tensiones que ustedes están desatando a partir de la elección de una Asamblea Nacional que perdieron y en la que son el dibujo de una minoría desubicada, ignorante de la democracia e irrespetuosa de los resultados electorales, tengan que hablar con la oposición. Tú sabes que así es la política, hay que dialogar y lograr acuerdos. Además, sabes que la radicalización del desastre que han montado fue lo que los llevó al fondo del estanque y seguir con esto no evitará que se hunda el bote con los restos del chavismo que aún sigue a flote.
Maduro juramenta lo que pudiera ser su último gabinete. No lo sabemos. Y ahí estás, supliendo a Diosdado, siendo el número dos de la nómina, no sabemos si el dos del poder real. Éste, desde luego, puede que sea tu último cargo en el gobierno del chavismo, aunque no pecaremos con el atrevimiento de asegurarlo pues ustedes acuñaron la frase "no volverán", y, resulta, para tu desgracia, que volvieron… los otros.

Como dicen por ahí, "no alcanzó el aceite para freír tantas cabezas".

Ángel Arellano

Otro currículo… otro venezolano más


            El salón de ventas de la tienda mide a lo largo unos 14 metros y tiene otros ocho de ancho. Durante el día, cuando está lleno de clientes interesados, el encargado hace dúo con la cajera facturando y envolviendo cosas para regalo. Como añadido, recibe lo que ingresa: nueva mercancía y hojas curriculares.
                La mañana siguiente, jueves, cuando la tienda abrió sus puertas, el encargado revisó toda la correspondencia de la jornada anterior. Entre los papeles, despuntaba una docena de hojas curriculares, a las que les dio lectura en voz alta. De 12 currículos, 10 eran de venezolanos. Sus descripciones eran simples, apenas reseñaban datos elementales de nombre, dirección, teléfono, capacidades básicas y educación elemental. 25 años fue la edad promedio. La información sorprendió a los presentes en el salón, pues dos de los vendedores y la cajera de la tienda son jóvenes emigrantes venezolanos.
                Uno de ellos tomó la iniciativa. “Vamos a darle una revisada a esos papeles”.
                De los 10 venezolanos uno era diseñador gráfico, otro ingeniero, otro contador público, otro licenciado en comercio exterior, también había una economista y una arquitecto. Los cuatro restantes resumieron toda su información académica en el título de bachillerato.
                El asombro fue mayúsculo en el salón de ventas, pues los tres venezolanos que ahí laboran también son profesionales: uno en ingeniería, otro en comunicación social y otro en docencia. Cosa similar sucede en la tienda contigua, en la que hay cuatro venezolanos trabajando, egresados en áreas como contaduría, administración y periodismo.
                Aquel jueves a media tarde un joven caraqueño se acercó con la fotocopia de su currículo. De rostro cansado y agitado por lo que seguro había sido una semana interminable de entrega de hojas de vida por toda la ciudad, conversó con uno de los venezolanos empleados en la tienda. Se saludaron y éste último le preguntó al citadino cómo iba la búsqueda de trabajo:
“Bien, todo cansón pero bien. He visitado los centros comerciales y algunas avenidas”, respondió. “¿No tienes ninguna carrera universitaria? Porque en el papel solo dice que eres bachiller en ciencias”, atizó el vendedor. “Sí tengo, claro, soy ingeniero agrónomo, pero cuando llegué me dijeron que ni se me ocurriera colocar eso en el currículo porque me iban a descartar en todos los trabajos por estar sobre-calificado en cualquier tienda o rebusque de medio tiempo”. “Así es. Aquí todos los venezolanos somos profesionales. Es extraño que alguien no lo sea. Lo bueno es que todos tenemos trabajo. Claro, primero esto para comenzar y luego algo mejor. Se consiguen las cosas y se puede vivir”. “Eso escuché. Voy a seguir intentando porque no tengo ahorros en dólares. Antes de venirme de Venezuela el dólar estaba tocando el cielo…”.
Luego de un abrazo, el vendedor le apuntó su número de teléfono y prometió recomendarlo con el encargado.
A la semana siguiente, el joven que recién llegaba a la ciudad era entrevistado por la supervisora de recursos humanos de la tienda, quien está a cargo del personal de otras 20 sucursales y siempre necesita gente nueva para incluir en la plantilla. “Te vamos a dar la oportunidad acá porque tengo a muchos venezolanos y me ha ido muy bien con ellos. Son responsables y tienen ganas de trabajar. Varios ascendieron en la empresa y lo van a seguir haciendo. Quiero que comiences aquí y luego vamos viendo. Sé que necesitas la plata y te daremos comisiones de acuerdo a tu desempeño”, dijo la mujer.
Así inició otro compatriota en la tienda. Con una historia similar van ingresando decenas en puestos de mayor relevancia.
Cada día llegan tres venezolanos al Uruguay y pareciera que la cifra va en ascenso. La diáspora es la peor herida que ha dejado la Revolución.

Ángel Arellano