Aquí encuentras mi opinión, lo que pienso sobre Venezuela y el momento que nos ha tocado vivir. Lecturas, crónicas, artículos, relatos y crítica... Bienvenidos.

Mostrando entradas con la etiqueta VOTO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta VOTO. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de febrero de 2016

Defensa apasionada de la democracia

 
            En su reciente artículo “El naufragio de la democracia”, Axel Capriles introduce un cuestionamiento al sistema democrático a partir de la experiencia venezolana en el siglo XXI: “Por medio del método democrático Hugo Chávez ascendió al poder y por respeto a los formalismos del método democrático permitimos que el chavismo se mantuviera durante más de 16 años en el poder. ¿Es correcto y útil un sistema político que permite la devastación y desolación de un país? ¿Vale la pena?”. La crítica, parte de una tesis superficial, que no por eso deja de ser relevante: “el culto cuasi religioso del método democrático ha obrado en contra de las mismas libertades e ideales que pregona”. Intentaré argumentar una discrepancia con el Dr. Capriles.
                Primero, sí es cierto que la democracia sirvió como trampolín para el ascenso de Hugo Chávez y el proyecto que inició un sostenido proceso de recentralización, debilitamiento de la representación popular y liquidación de la división de poderes. La Revolución Bolivariana es antidemocrática, con una carátula moldeable a las circunstancias y un discurso internacional de reivindicación de las libertades de un “pueblo” al que terminó llevando a una catástrofe económica, política y social.
                Segundo, también es cierto que el sistema político venezolano se encontraba naufragando como antesala al ascenso de Chávez, con partidos débiles y fragmentados, lo que posibilitó la entrada del líder redentor que modificó la Constitución e hizo del Estado un todo controlado por la Presidencia.
                Tercero… ¿vale la pena la democracia?
Si bien el culto a la democracia por la democracia misma, y no porque la sociedad adopte un comportamiento cívico y democrático, ha colaborado con el debilitamiento de esta forma de gobierno, al punto de llegar a niveles de erosión institucional como en el caso de Venezuela en donde hay espacio para que hoy algunos pensadores cuestionen la factibilidad de la democracia en un país tan devastado, no es menos cierto que la democracia ha sido el sistema que ha permitido mayor libertad y paz en los países que la practican (118 en 2013), al tiempo que las sociedades con democracias de, digamos, "mayor calidad", poseen los mejores indicadores de bienestar, desarrollo e innovación del mundo.
¿La democracia es imperfecta al punto de que existen momentos, como el actual (partiendo de lo que se vive en Venezuela), en que pareciera más la enfermedad que el antídoto? Sí. Y es así porque así se comporta el ser humano. La democracia es en momentos sublime y en momentos caótica, como nuestra especie: errante, sedentaria, belicista, incoherente, y lo es, porque ha podido ser también emprendedora, buscadora de soluciones apostando a las transformaciones radicales, adicta a la tecnología y a la reiteración en las interrogantes que marcan nuestro camino: ¿Cómo?, ¿por qué? y ¿para qué? Somos lo primero porque hemos podido ser lo segundo y es eso lo que nos sirve como referencia para establecer una comparación sustantiva. De tal manera que la democracia se inscribe en esta contraposición: es una respuesta a la barbarie, al absolutismo y a las conductas totalitarias, para imponer la razón siempre imperfecta de la mayoría. En esto último, la democracia ha evolucionado históricamente incorporando a las minorías, a quienes en un auténtico sistema democrático se les reconocen por igual sus derechos y opiniones.
Entonces, es superfluo condenar al sistema democrático por transitar un momento crítico, pues, como hemos sostenido, la democracia es una respuesta a la oscuridad, una reacción de lo que entendemos como el "bien" (elecciones, representación, división de poderes) contra el "mal" (imposición, dominación, dinastía, represión).
En esa respuesta a la oscuridad no todo es claro, encontramos diversas tonalidades, todas son obra y gracia de la humanidad, por tanto, la responsabilidad siempre se le debe adjudicar a sus creadores (o dirigentes), no a la creación.

Ángel Arellano

lunes, 28 de diciembre de 2015

2015: el autoexamen venezolano

         2015 ha terminado. Un año de turbulencia. Quedará para la historia el episodio del 6 de diciembre como el levantamiento de la conciencia nacional en contra del gobierno de la opresión.
                2015 ha tenido de todo: crisis, protestas, profundización del hambre, la tristeza y el miedo. La vida sigue sin valer un centavo en la calle. Cualquiera, así esté rodeado de un abundante número de escoltas, puede morir con el tiro siempre certero y letal del hampa.
                ¡Qué año este año!
                En el último suspiro del maratón de incertidumbres en el que se convirtió 2015, primero con el sacudón cambiario, luego las primarias de la oposición, después las primarias del oficialismo para vivir la angustia de esperar la fecha de las parlamentarias, posteriormente la tensión a flor de piel de si se realizarían o no las elecciones, la presión internacional, las medidas económicas impopulares, el galope de la inflación, el avance de la escasez, la llegada a la luna del dólar negro venezolano, entre otros eventos que vive un país que tiene más de manicomio que de país, podemos decir que se ha dado un paso adelante para cambiar. O, en perspectiva, como frasea la propaganda electoral, “ha iniciado el cambio”.
                Naturalmente, la turbulencia se mantendrá hasta que el débil gobierno, hoy con más miedo que nunca, con más ganas de reprimir, de amenazar, de envenenar el ambiente y generar conflicto en cada átomo de la sociedad, salga del poder por medio del camino constitucional. ¿Será difícil? Lo será. ¿Qué no ha sido difícil para una nación que tiene varios años prescindiendo de la hallaca, el pan de jamón, el pernil y los juguetes en navidad en ocasión de los altos precios y el desabastecimiento? ¿Poco difícil es el colapso del sistema de salud pública y de todos los servicios que presta el Estado? No hay un milímetro de la administración pública que no se encuentre en caos. Si algo le ha demostrado el chavismo al mundo es cómo un país, en tan poco tiempo, puede deteriorarse hasta el hueso.
                De tal manera que este año ha puesto a la nación frente al espejo y le ha exigido un autoexamen, una revisión profunda de su situación ayer, su situación hoy y su situación mañana. 2015 hizo que el venezolano se evaluara a sí mismo y se consultara sobre cómo sería su vida en el futuro de seguir las cosas por el camino que van. A este autoexamen, se le añadieron algunos elementos dramáticos como la cifra, aun imprecisa, de compatriotas que han huido al extranjero por mil y un razones todas y cada una de ellas fundamentadas en la hecatombe que vive el país: 1.600.000 venezolanos se encuentran fuera del país, según cifras conservadoras, pues otras, quizá más realistas, hablan de más de dos millones, lo que no sorprende a nadie porque, si algo también nos enseñó 2015, fue a liquidar, de una vez por todas, nuestra capacidad de asombro.
                El calendario tuvo una fecha para desahogar el descontento y la gente se expresó con precisión y contundencia. Quedó reseñado ante Dios, ante la comunidad internacional y ante nosotros mismos, nuestra convicción de que sí se puede salir de este mal momento y que sí queremos un sistema verdaderamente democrático, que promueva y respete la libertad, y que sea garante de la paz.
                Si 2015 fue el peor año de la crisis económica, política y social, también fue el mejor año, por lo menos desde hace tres lustros, para la ciudadanía, porque manifestó su condición cívica y su rechazo a la violencia. Si pudiéramos resumir diciembre en una frase, sería algo así: “por el voto llegaste y por el voto te irás”.

Ángel Arellano

martes, 23 de abril de 2013

La tiranía de los enchufados



         Tal como lo diría Leonardo Padrón en texto reciente, escribir se ha convertido en una tarea difícil. Opinar pierde vigencia muy rápido en Venezuela, pareciera que estuviéramos internos en un quirófano durante una interminable operación con un paciente convaleciente pero que se niega a morir.
            Las reflexiones, tal como las hemos venido haciendo a lo largo de las últimas semanas, persisten vigorosas bajo el espíritu del reclamo de los valores democráticos atropellados por un camión lleno de consumados burócratas.
            Sólo aquellos ocho fallecidos del día lunes 15 de abril fueron llorados y mencionados por el gobierno del “mientras tanto” Presidente Nicolás Maduro. El resto de los miles que perecen en las calles de la nación, mayoritariamente menores de 35 años de edad, no importan, no tienen un espacio de relevancia en la agenda política del conclave que nos gobierna.
            El no reconocimiento del otro ha llegado a limites detestables, ya no interesa la opinión internacional, importa el pensamiento que se asienta en el ideario patrio abuso tras abuso. La última más estridente, fue el retiro de las comisiones parlamentarias permanentes a los diputados a la Asamblea Nacional de la fracción opositora y su máximo derecho indiscutible: la voz y el voto.
            La persecución que ha emprendido la tiranía de los célebres “enchufados” contra todo aquel empleado público que haya votado por Henrique Capriles, suma cólera a una sociedad ya golpeada por la injusticia: no hay instituciones. El chavismo sin Chávez busca desesperadamente alguna explicación a la migración de un millón de votos de su capital político. Meten la lupa en todas partes menos en su nefasta y excluyente práctica de desgobernar.
            Teléfonos celulares, redes sociales, relaciones personales, amistades, parentesco familiar, todos estos aspectos son evaluados por el régimen del “mientras tanto” para botar a funcionarios de la patria sin importar la flagrante violación a su alabada Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y Trabajadoras, y a los derechos humanos. El vocero más vehemente del delirio madurista, fue el ratificado ministro de vivienda, Ricardo Molina, con declaraciones que le dieron la vuelta al mundo.
Tendrán que expulsar de la nómina que pagamos todos los venezolanos con nuestros impuestos y riquezas minerales, a todo el mundo, puesto que el país necesita de su otra mitad les guste o no a los “enchufados”.
            A falta de comprensión y capacidad de asombro, interpretamos la descomposición del gobierno a través de sus nuevas actuaciones en la escena. La auditoría solicitada por la oposición al proceso electoral presidencial, aparte de traducirse en una inmensa victoria política, ha puesto en evidencia el desespero y nerviosismo de un grupo sobreexpuesto, débil, incapaz de echar a andar “las locuras” que antes frenaba el Comandante Supremo.
            Amigos oficialistas, el uso de la justicia contra jóvenes, dirigentes políticos y comunidades organizadas, tiene un negativo carácter retroactivo. El rechazo se incrementa en las filas chavistas porque nadie entiende, ni quiere entender, como este “entorno ineficiente” pretende resolver los grandes problemas nacionales con represión y burocracia.
            Antes de culminar es preciso recordar que las pugnas internas en el gobierno están a flor de piel. El ascenso de Nelson Merentes a la cartera de finanzas, el hacinamiento del profesor Giordani en su detestado rincón de planificación y el aumento de delegados, comisiones, directores y encargados, incrementa todos los riesgos que tiene el país con las tasas de inflación y niveles de inseguridad más altos de América Latina.


Ángel Arellano
Email: asearellano@yahoo.es
Twitter: @angelarellano
www.angelarellano.com.ve 

martes, 12 de junio de 2012

Razones para votar


           Entre un candidato que camina 10 kilómetros y otro que llega a inscribirse ante el CNE en una caravana de unas cuantas cuadras, prefiero al que camina. Existen razones sobradas, lógicas. Ante todo quiero votar por alguien saludable, que me garantice ánimo y entrega en su gestión de gobierno, porque como joven mis expectativas están colocadas en favor del desarrollo y el futuro. Prefiero que el enfermo tome un reposo y dedique su tiempo para mejorar su salud. Ya su oportunidad fue, se lograron unas cosas, otras no, se le hizo un daño importante al país y es momento de cambiar.
            Quiero votar por quien se detuvo un momento en pensar como yo y ver lo que veo, pasar por lo que paso y sentir lo que siento. La acción del voto siempre termina siendo una conexión sentimental entre el elector y el postulado. Dicha conexión es susceptible a un mensaje, el cual se ha venido difundiendo casa por casa en toda Venezuela. Por ello, prefiero votar a alguien parecido a mí y a mi forma de ver las cosas con sus problemas, soluciones, circunstancias, afectados, ganadores y perdedores.
            Si es difícil explicar en estas palabras la necesidad de futuro que tenemos los jóvenes venezolanos, entonces debo economizar las oraciones expresando que hoy las condiciones no están dadas para nuestra vida plena en esta nación a la que le demostramos lealtad. Y si las condiciones no están dadas, generémoslas pues: es la hora de transformar la patria con hechos y no con discurso.
El siete de octubre yo voy a votar así como lo van a hacer los empleados que dependen del rojo, así como los petroleros que están cansados de la corrupción en Pdvsa, así como los maestros y médicos con salarios insuficientes, así como los estudiantes que ven clases en las peores condiciones, así como las madres enlutadas por la violencia, así como los cansados del hampa, así como los familiares de los presos, así como los agobiados por los altos precios de todo, así como los buhoneros, así como los policías decentes, así como quienes se cansaron de falsedades en 13 años de desgobierno.
Iré a votarle al progreso porque es el mensaje que quiero ver en la televisión y no la incansable campaña de guerra y odio entre criollos: quiero un Estado de Bienestar y no un grupo que viva bien a costillas del Estado. Quienes estamos iniciando nuestra vida profesional no tenemos expectativas en la actual Venezuela, porque está dividida, empobrecida y estancada en el flagelo de la inseguridad. Si aseguramos que un demócrata genuino asuma la Presidencia de la República, ganamos todos, porque las oportunidades comienzan a florecer en un clima de respeto, justicia y paz.
El fin único es que gane el que apuesta a la democracia porque con ella nuestra libertad no está hipotecada a las directrices de una isla comunista y seremos los verdaderos jefes de este territorio al que mucho le hace falta una gerencia participativa, ordenada y proyectada hacia el mañana.
Si tapamos el sol con un dedo, nos quemamos. Con pasos firmes tenemos garantías. Tres millones de personas se manifestaron el día de la juventud, otro millón de ciudadanos acompañaron al candidato a formalizar su postulación ante el país. Voy a votar por algo seguro, con la firme convicción de que vamos a cambiar en positivo y de que todo va a salir bien.

Ángel Arellano
asearellano@yahoo.es
Twitter: @angelarellano
www.angelarellano.blogspot.com