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martes, 8 de septiembre de 2015

La frontera y el ajedrez


Cuando se sometió a discusión en la OEA el tema de la crisis fronteriza entre Venezuela y Colombia, cinco países votaron a favor de Venezuela y 17 a favor de Colombia, pero esto no fue suficiente para convocar una reunión de cancilleres con la finalidad de atender con urgencia la crisis fronteriza que ha producido el gobierno de Maduro dejando como consecuencia una estampida de más de 12 mil habitantes de la línea limítrofe entre el estado Táchira y el departamento del Norte de Santander neogranadino. La crisis se encuentra focalizada en un pequeño fragmento de la frontera, el más activo comercialmente, pues el resto de la línea, que colinda con Brasil y Guyana, adolece de vigilancia y atención.
En la reunión continental, Panamá y Brasil abstuvieron su voto. El primero para no afectar las gestiones de cobranzas de una cuantiosa deuda que tiene el Estado venezolano con el empresariado privado del país centroamericano, y el segundo, el gigante del sur, no desea generar sobresalto en sus relaciones económicas con ambas naciones. El comercio siempre va primero, lo humanitario puede esperar.
                Recordemos que Colombia votó en contra de la oposición venezolana en la OEA el año pasado cuando Panamá cedió su puesto para que la diputada María Corina Machado tuviera un derecho de palabra. Este hecho produjo la expulsión de Machado de la Asamblea Nacional. El gobierno colombiano ha consentido los actos arbitrarios del régimen de Maduro para no obstaculizar las negociaciones de paz con las FARC que se desarrollan en Cuba, toda vez que el Estado venezolano es el principal socio de la isla comunista y de los cuerpos terroristas que intentan un acuerdo beneficioso para su incorporación a la vida política lícita en el vecino país.
En esta reedición de la crisis fronteriza con Colombia no hemos escuchado a nadie del gobierno chavista hablar de “guerrilla” ni de “narcotráfico”. Son términos ajenos a la discusión. La administración de Nicolás Maduro, en un nuevo intento por calentar el clima político de cara a las elecciones parlamentarias y evitar referirse a la crisis económica que atraviesa Venezuela, ha dedicado todo su esfuerzo a posicionar el “contrabando” como la actividad por excelencia que ha generado la escasez, y a los “paramilitares”, socios de Uribe, de Obama y de los sectores opositores, como operarios y protagonistas de esta acción delictiva.
                Ni una sola palabra se ha dicho sobre los municipios fronterizos del estado Apure que son controlados por la guerrilla, ni de las mafias del oro y la extracción de otros minerales en el estado Amazonas, el estado Bolívar y el territorio Esequibo. La atención no está puesta en el problema, sino en el espectáculo: miles de familias cruzando el río Táchira con algunos enseres a cuestas huyendo de la demolición masiva de ranchos y casas, crónicas de lamentos que huelen a pobreza y a olvido de grandes barriadas que fueron ceduladas por Chávez para que votaran por la Revolución y ahora han sido echadas como perros sarnosos. El cólera que esta acción violatoria de los derechos humanos (aun cuando la OEA y la ONU se han tapado los ojos) ha producido en la hermana Colombia, es monumental. Sin embargo, con la presión que Venezuela puede generar a través de las FARC en la mesa de negociación, y entendiendo que para el gobierno de Santos la prioridad es lograr la paz, todo esto pasará como otra travesura de Miraflores.
                Veremos pues en las próximas semanas algunos acuerdos entre ambos gobiernos y poco a poco se irán estabilizando las relaciones con ciertas “condiciones” que tendrán más de tratados retóricos que de tareas por cumplir. El chavismo juega el ajedrez en la frontera y toda la opinión pública lo sigue. Ante la falta de petróleo y recursos, el gobierno ha buscado otros mecanismos para ganar la atención absoluta. Hunden la aguja en la carne pero en la otra mano tienen el dedal.

Ángel Arellano

jueves, 9 de abril de 2015

Conversación con Gerardo Resplandor


Hace unos días pude hablar por teléfono con Gerardo. Como saben, él, al igual que otros estudiantes, permanece en los calabozos del Sebin, encerrado sin condena formal, ni juicio, ni pruebas que lo inculpen. Es víctima de la represión del régimen. Públicamente el gobierno acusa a estos jóvenes de "conspirar", como si organizar protestas, movilizaciones y actos de resistencia pacífica fuera algo ajeno a esa masa disidente que luego se transformó en la amorfa clase política del chavismo. Ellos, los hoy PSUV, Polo Patriótico o "revolucionarios", construyeron un programa político cuyo basamento esencial era la insurgencia y la transformación radical del sistema existente. Mandan al calabozo a quienes tienen una intención que en el algún punto coincide con su planteamiento inicial. No soportan que existan activistas de la democracia.
Tal como sucede con López, Ledezma, Ceballos y tantos otros, a Resplandor también le violan sus derechos todos los días: exactamente lo que no sucedió con Chávez quien siguió conspirando desde Yare. Durante la llamada telefónica, hablamos de las restricciones a sus visitas familiares, de amistades y defensa; del calvario para recibir unos libros; de la lucha emblemática y valiente de su madre quien es símbolo de fuerza, coraje y compromiso; de su candidatura a Diputado a las Primarias de la Unidad por Lechería, Puerto La Cruz y Guanta; de la celda de cuatro metros cuadrados en la que apenas puede estirarse; y de un elemento terrorífico y real: la tortura.
Gerardo y otros jóvenes presos en el Sebin han recibido graves golpizas y descargas eléctricas por parte de los carceleros del régimen, no sólo para que declaren su culpabilidad (falsa) ante los hechos (sin soporte) sobre los que se les acusa, sino para que delaten con historias erradas a dirigentes de la oposición. En otras palabras, el gobierno tortura a estos muchachos prometiéndoles la libertad a cambio de que inculpen a otros.
"Cuando baje la presión aquí adentro vamos a ver si te dejan entrar a visitarme para que veas los hematomas y heridas que me ha dejado la tortura. Aquí estamos sufriendo para no decir nada de nadie y no inculpar gente inocente", me dijo antes de colgar. Impresionante. Antes de que terminen de leer estas letras, cierren los ojos y visualicen unos segundos encontrarse dentro de una celda diminuta y oscura, recibiendo golpes de unos desconocidos, sufriendo descargas eléctricas y tortura psicológica sin poder escapar. Eso lo soportan estos muchachos, quienes sólo nos piden dos cosas obligatorias para cualquier ciudadano que aprecie la libertad y la vida: no olvidarlos y seguir luchando por salir del régimen.
Conozco a Gerardo desde hace varios años. Entre muchas cosas que hemos compartido, le estoy muy agradecido especialmente porque en un momento desgraciado en que necesité ayuda tras un terrible accidente de tránsito que tuve en Monagas, su apoyo fue inmediato y acompañó a mi familia mientras rescataban el vehículo y yo era trasladado de emergencia a un centro hospitalario. Es un buen amigo, colaborador y activista a tiempo completo. Esta vez lo escuché y percibí mucha madurez, mucha reflexión, un gran crecimiento espiritual, pero además la preocupación que todos tenemos sembrada en el corazón y la mente por el rumbo terrible que está tomando la nación.
Que el sacrificio de todos los presos políticos no quede en vano. Así como hemos contado con ellos, ellos cuentan con nosotros, y Venezuela depende de todos. Ofrezcamos una oración a Dios para que cese la tortura y la represión en nuestro país.
(Hoy pasé por la Plaza Altamira y tomé la imagen que aparece arriba, pensando en ilustrar el texto. En el sitio se mantiene un grupo de jóvenes agitando la conciencia de los transeúntes. Prohibido olvidar).


Ángel Arellano

Caracas, 07 de abril de 2015

viernes, 13 de marzo de 2015

Chaderton y sus palabras


Roy Chaderton no imaginó que su verbo trascendería en medio del extravío colectivo. Hizo uso, sin excusas ni atajos, de palabras que consolidaron la regla nacional: irresponsabilidad en las declaraciones de funcionarios públicos. En pocos minutos, alertó al país. Una gota de aceite en medio del mar de barbaries. Describió el efecto de un proyectil en la cabeza de cualquier opositor al chavismo: “es como un chasquido, porque la bóveda craneana es hueca, entonces pasa rápido”. Rápido. No hay obstáculos. Nadie tendrá problemas. Nadie será señalado. Así como la bala atraviesa el cerebro de la disidencia, sin justificación, sin reproches, es como se actúa en revolución. La Ley es un requisito de oficina que queda en las gavetas del escritorio. Y la justicia, esa intensión subjetiva que determina cualquier acto de discordia entre los hombres, está a merced, desde hace mucho, del poder reinante.
La línea de Chaderton ha seducido al extremismo oficialista, en el que se encuentran las tesis radicales de confrontación. La fragancia de estas palabras penetra en lo que Grijelmo ha llamado el “umbral de lo desconocido”. No es poca la subjetividad tras una declaración de este tenor. La situación de la nación es extraordinaria y cualquier elemento que incremente la fricción es bienvenido dentro de un conflicto tácito en el que un sector con el poder incita el odio y el otro es receptor, a veces paciente y disperso, a veces activo y errante.  Remata Grijelmo con que “los términos de una lengua no siempre resultan asépticos, ni denotan algo de forma objetiva, sino que a menudo traen consigo una determinada opinión ante lo expresado. Y rara vez perceptible para el intelecto, sino con efectos que se mueven en la banda de la seducción”.
Chaderton pensó que en un país colapsado por las colas de los hambrientos y el llanto de los dolientes que sufren sus muertos a causa de la delincuencia, no existirían oídos para el balbuceo que ejecutaba en Venezolana de Televisión. Su frase corrió suave y sin paradas, cual cuchillo en mantequilla. No alzó la voz, no mostró nerviosismo. Su contexto era la descalificación y su motivación el “humor negro”, como diría un par de días después en una emisora radial con una audiencia similar al número de presiones recibidas por el régimen para apagar su señal. Chaderton aprovechó los espacios en los que se hace reiterada crítica al Gobierno que lo financia, para “aclarar” su punto y drenar su inconformidad con lo que consideró una “descontextualización”, ese término rimbombante que persigue matizar cualquier exageración por más que el emisor haya hecho todo lo necesario para que el público lo condene y exija su expulsión de la faz de la Tierra.
Lo peor, desde luego, es que Chaderton no es Chaderton. Chaderton son cientos de altos funcionarios públicos, jerarcas y corruptores del tesoro patrio, que amparados en la ilegalidad del status quo y la reiterada estimulación de las cúpulas, piensan al igual que el embajador ante la OEA en que hay que asesinar disidentes.
Mientras hilamos estas letras recordemos que hace pocos días la lista de estudiantes fallecidos, unos durante manifestaciones públicas y otros en extraños sucesos vinculados directamente a los cuerpos de seguridad, ha llegado a ocho nombres, que se suman a los 48 ciudadanos que murieron el año anterior. El luto, después del pronunciamiento del “diplomático”, se tiñó de odio. ¿Qué palabra de consuelo toca a una madre desamparada luego de ver en televisión abierta que un representante del mismo Estado que asesinó a su hijo, ha dicho sin mayor pudor que las balas transitan rápido en la cabeza de opositores por su escasez de masa gris? ¿Cómo pedir control y calma a un pueblo sometido a tantas presiones y que encima debe asumir la frustración accesoria de mirar a quienes deberían representarlo insultándolo, fustigándolo, esquivando la mala noticia de la tortura y promoviendo la confrontación social?
Lo de Chaderton no sólo son palabras que construyeron una frase desgraciada conmocionando a millones de espectadores, es la letra de la política central del régimen. La directriz, la orden, el eje en el que gravita cualquier mensaje: todos los puntos pasan por atacar y humillar a la disidencia. No importa si esta representa el 82% de la población o el 10%. La línea que ha trazado el Gobierno es la de pulverizar a los contrarios, cueste lo que cueste. Y si en el camino algunas expresiones como la de Roy Chaderton salen a la calle generando más crisis y más estrés, el episodio se solventará con algo peor, de mayores magnitudes y mayor caos. El objetivo no es resolver entuertos, no se trata de ejecutar la visión de un proyecto; es sembrar discordia, destruir, humillar, todos los elementos que potencien la polarización y la exacerbación del radicalismo. En un país en el que, además, sólo falta un fósforo para que se enciende cualquier pradera. Citamos finalmente a José Miguel Contreras: “la fuerza de las palabras es tan estremecedora que incluso pueden cambiar la percepción de lo nombrado mediante una leve modificación de su envoltorio: la palabra misma”.

Ángel Arellano

martes, 17 de febrero de 2015

La celda de Leopoldo López


Hace 23 años atrás, con la intentona golpista del cuatro de febrero, el "por ahora" y la reivindicación de su aparición como soldado de la fortuna, Chávez recibía desde el pequeño cuarto que lo hospedaba en Yare a escritores, periodistas, intelectuales, abogados, militares, políticos y a los futuros miembros del movimiento que lo ayudaría a dar la estocada en el suicidio de la democracia.
Sus familiares no tuvieron problemas en el ingreso al pabellón de visitas. Su estadía, como se ha evidenciado en fotografías, cumplió con el respeto a sus derechos fundamentales. Además, se le garantizó, como "ñapa" de las instituciones democráticas que años después serían desmanteladas, una serie de privilegios que auparon su permanencia en la opinión pública: primero como anexo secundario o terciario de los temas de interés nacional, y luego, en 1998, como punto estelar.
Así pues, ofreció entrevistas a comunicadores de valía que difundieron textos al respecto en medios nacionales e internacionales, incluso se publicó aquel conocido libro que sigue sirviendo de referencia para auscultar la propuesta anterior del caudillo: "Habla el comandante" de Agustín Blanco Muñoz. Todo ayudó para que esta causa, que en el momento no era clamor nacional, permeara en esa idea consolidada de que el sistema hacía ascuas y necesitaba un cambio de raíz con nuevos actores.
Chávez salió de la cárcel no por una medida humanitaria, ni porque la ONU, la OEA, los parlamentos del mundo, las organizaciones más connotadas en la defensa de los derechos humanos, o líderes históricos de la democracia, exigieran su liberación. Su prisión alcanzó los dos años y fue absuelto por el Presidente de la República, residuo del sistema de conciliación entre movimientos políticos que mantuvo al país en paz durante los 40 años de la democracia.
Ya en libertad, Chávez tuvo todas las protecciones y garantías de rigor para movilizarse por el país pregonando un mensaje que no precisamente podía ser calificado como defensa de la misma institucionalidad democrática que lo devolvió a las calles. 
Ahora bien, 23 años después, Leopoldo López, quizá el preso político de más relevancia internacional que haya tenido Venezuela desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad, y me perdonan los eruditos pero no recuerdo la existencia de otro con cualidades similares, cumple un año en una celda cuyas dimensiones desconocemos, sometido a la violación sistemática de sus derechos fundamentales y arrojado a las miserias de la tortura constante que ejecutan sus carceleros sin reparo alguno por parte de la "justicia injusta".
Es un preso por atentar contra el autoritarismo que instaló Chávez, no con armas ni conspiraciones militares, sino con ideas y movilización ciudadana. A diferencia del difunto golpista, López sí es una causa nacional. Ha trascendido hasta ser mencionado por los líderes más importantes del mundo. Parlamentos enteros exigen su liberación. A esta demanda se han suscrito desde la ONU hasta todas las organizaciones pro derechos humanos que tengan cierta incidencia en el mundo.
No sabemos de las comodidades de López en su celda. Sabemos, sí, del sufrimiento de su familia, del lamento de todo un país que observa el sistema democrático en ruinas, urgido de una recuperación a partir del activismo, la protesta y la presión en todos los escenarios.


Ángel Arellano

lunes, 17 de marzo de 2014

El silencio de los chulos

 
            Imagino la puesta en escena del Estado venezolano en las instancias internacionales cercanas. Cada llamado o reunión solicitada por algún embajador en la OEA, Unasur y Petrocaribe, es inicio de un teatro en el que se enciende un video beam proyectando documentales finamente producidos para mostrar la agresiva oposición versus el amable gobierno que pregona diálogo y la paz.
            Sube el telón: las primeras imágenes descubren un enérgico Leopoldo López llamando a la rebelión civil y estudiantes manos blancas que sacan pistolas de entre sus libros de matemática, medicina o literatura, para atentar contra los guardianes de la paz hoy mal puestos como “Colectivos Paramilitares” por la irracional oligarquía fascista del este de Caracas.
            Pregunta el representante de Venezuela ante el auditorio extranjero: Hermanos, luego de ver esta exposición de hechos en un país cuyo Presidente ganó elecciones el año pasado sin ningún aspaviento, ¿ustedes permitirían semejante atentado contra el gobierno de su país?
            En ese contexto se han manejado las exposiciones del gobierno. Silencio total sobre las violaciones a los Derechos Humanos, presos políticos, más de 45 casos de tortura sin investigar, 1400 detenciones de manifestantes y parcialización absoluta de los poderes. Esa justificación usa la diplomacia para no elevar su voz ante el accionar de la represión madurista.
            Latinoamérica calla, sus naciones dan la espalda a la defensa de la democracia a sabiendas de que esto se puede revertir bárbaramente para la región. ¿Acaso no es peligroso de por sí convalidad la dictadura cubana luego de 50 años y permitirle un apéndice petrolero y armado? Los presidentes que hoy gobiernan el continente son los manifestantes de las últimas décadas del Siglo XX que salían a las calles en contra de los abusos del poder.
            Venezuela ha comprado cómplices a razón de la renta petrolera, el silencio de los chulos beneficiarios. Vaya a ser ejemplo de la regaladera de plata el subsidio a Petrocaribe. Desde 2014 entregamos parte de nuestra producción energética a 17 Estados de América y el Caribe para que cancelen Dios sabe cuando. Sin ir muy lejos, sólo en 2013 103 mil barriles diarios de combustible (a pagar en 25 años) se suministraron a los países de esta unión. Las cuentas por cobrar de Pdvsa superan los $41.700 millones mientras en los hospitales de la Patria muere gente a falta de insumos y la profunda escasez se encuentra en niveles insoportables.
            En 2013 Venezuela dio $3.740 millones en productos petroleros a Petrocaripe. Hoy en día esas naciones tienen harina, pollo, leche, papel higiénico, etc. ¿Y tú, que tienes que hacer colas a diario a ver qué consigues?, ¿qué tienes tú soberano habitante de la tierra petrolera? Petrocaribe tendrá años de gracia en un subsidio que compromete por lo menos dos generaciones de venezolanos. ¿Y quién financia tú bolsillo para combatir la inflación?
            El silencio de América Latina es socio del hambre, la miseria, el desabastecimiento, los altos precios de la vida y la corrupción reinante en la Patria de Bolívar: la más insegura de la región. Cuando Betancourt sufrió aquél lamentable atentado en Los Próceres (24-06-1960) no dudó en hablarle al mundo de inmediato con las manos vendadas y consternado por la explosión, para ratificar su apoyo a la democracia y condenar los sangrientos actos de la dictadura de Trujillo. Venezuela fue gran respaldo para esos mismos países que hoy nos dan la espalda. Por tanto, sigamos en la calle defendiendo lo que por derecho nos corresponde: una nación justa, plural, que respete la vida y sus libertades universales. Sigamos protestando.

Ángel Arellano
Twitter: @angelarellano

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lunes, 4 de febrero de 2013

El Chavismo y Pérez Jiménez




55 años atrás, Venezuela cogía el rumbo de la democracia entre aguas turbulentas. Un hervidero de dirigentes, ya no tan jóvenes, expertos por sus andanzas en el mundo universitario y la oposición a la dictadura, asumía el control de una sociedad triste por la resaca de la dictadura.
Pero comenzó a crecer nuestra nación. Inició un desarrollo indetenible durante la década de los sesenta y setenta comparable en exclusiva sólo con las principales potencias del mundo. La relevancia criolla en el mercado de los hidrocarburos y agricultura fue tal, que evidenciábamos signos que parecían mostrar una irreversibilidad distante y ficticia.
Aunque todo esto fue tan real como prometedor, los estragos desordenaron al país. La clase política se volvió vulnerable y con ella el Estado, impregnado por el clientelismo y la carencia de un sistema productivo mixto que garantizara la estabilidad nacional.
Culminaron los ochenta y noventa con más penas que glorias. La sociedad se había sacudido par de veces por un grupo militar que ahora es poder, y más allá, terminó convertido en una suerte de religión emergente, que sin salto ni seña, sólo con una nómina abultada, mantiene a su mayoría feliz y con la barriga llena.
Las páginas de la historia patria están saturadas de información, tanta, que pareciéramos perder la memoria por la exorbitante capacidad de almacenamiento de datos que hay que tener para archivar a lo que estamos expuestos hoy.
En la actualidad, para perder ese gusto por las noticias políticas que nos tientan a dejar plasmadas en ellas la opinión rebelde que llevamos dentro, podemos criticar con dureza la siempre reinante, magnánima, privilegiada y por sobre todas las cosas, legal, inseguridad. Los números no fallan, y aunque el mundo lleva la estadística de los muertos que caen cada día en Venezuela a manos del hampa, los petrodólares de Pdvsa compraron a los organismos calificados para hablar sobre el tema.
La OEA aplaude el vacío de poder, y la ONU se muestra distante e  invisible ante este hecho en desarrollo. Al corte de hoy (28/01/2013) mantenemos 50 días sin Presidente, a sabiendas de que volverá golpeado por la enfermedad, y de que pedirán tanto plazo como se pueda para estirar los tiempos de negociación interna en un chavismo dilatado que navega por el  profundo conflicto del “ponme donde haiga”.
Un tiempo atrás, el 25 de abril de 2010, en el programa oficial Aló Presidente número 355, Hugo Chávez ratificó su concepto de que Marcos Pérez Jiménez, el cruel dictador de hace 55 años, fue el mejor Presidente de Venezuela en su historia. Un criterio antónimo de lo que profesa con el cuantioso presupuesto invertido en publicidad y la sumisión de los medios públicos y los privados.
El chavismo se movilizó el 23 de enero, no sabemos el por qué, más si por dónde y cómo. La única excusa que queda en el tapete es que apoyan, en réplica de lo dicho por el Presidente, la vanagloria a Pérez Jiménez, quien en vez de enfrentar a la justicia de la nación, huyó sin rendir sus sangrientas cuentas.
Se desploman las tesis que levantaron el Socialismo del Siglo XXI, porque en la ausencia de su máximo exponente, sólo ha quedado al desnudo la capacidad de mantener en el poder a un grupo de la nueva oligarquía, tan resentida como corrupta.

Ángel Arellano
@angelarellano
www.angelarellano.tk

lunes, 19 de noviembre de 2012

El peligro del intelecto




Decía el ex rector de la Universidad Católica Andrés Bello, padre Luís Ugalde, que “la mala educación es como el cáncer, cuando usted lo siente ya no hay remedio”. Crítica experimentada de un luchador por una formación competitiva y exigente en la República de hoy.
La facilidad de asombro en esta época, ha superado con creces la capacidad de crear y superarnos como nación. Convulsionada y desvariada por la tormenta que significa la inflación y la inseguridad personal, nuestra Venezuela sigue en reversa a paso firme en lo que debería ser su más celado encanto: la soberanía.
En la producción económica nacional, hay un renglón que no despunta, ni ha recibido más allá de migajas en cuanto a su estudio, análisis y consideración para la planificación del país. Hablo del mercado de la propiedad intelectual o Industrias Protegidas por el Derecho de Autor (IPDA) como se conoce en el ámbito internacional. Una cartera incluso más soberana que el petrolero, porque depende de nuestras ideas y no de la explotación mineral.
Seguramente, siendo optimistas, faltó investigar más, pero lo cierto es que la información sobre este tema es escasamente profunda y la poca que se consigue, data de más de diez años atrás. La Unesco reconoce a las IPDA como las “que combinan creación, producción y comercialización de contenidos que son intangibles y culturales en su naturaleza”. En otras palabras, son: Publicidad y servicios de asesoría, artes gráficas y visuales, software, cine y video, prensa, libros, música, teatro, recaudación del derecho de autor, radio y televisión.
Hoy este segmento de la economía creció 2,5 veces más en el mundo que el promedio del resto de los sectores del mercado. La fertilidad de este rubro, depende de múltiples factores sociales y económicos. Pero por encima de todo, la Unesco reconoce que la educación es la vela de ese santo, y por esta poderosa razón, se convierte en un sector estratégico para la inversión en los nuevos tiempos.
Sin embargo, y sin ánimos de acongojarnos, sino más bien de alistarnos a la lucha de las ideas, Venezuela es un país que no aparece entre los primeros apuntados con las IPDA en posiciones destacadas dentro de su Producto Interno Bruto (PIB). Tanto es lo que importamos, que nuestra IPDA no es sujeta a un estudio comparativo. Vivimos de la importación, pronto hasta nuestro aire será importado… ¡Qué gran soberanía!
Veamos estas realidades vecinas: en Colombia las IPDA son un 3,3% del PIB y contribuye en un 5,8% a la generación de empleo; El Perú tiene un 2,6 de participación de las IPDA en su PIB y contribuyen en 4,5 al empleo; y en la cercana Panamá las IPDA aportan 6,3% al PIB y 3,2% al empleo. Es decir, sin echar mucho número, son un sector con un terreno bien demarcado y en franco desarrollo. En Colombia, por ejemplo, las IPDA tienen mayor participación en el PIB que sectores como el energético (con todo y que hoy día Venezuela importa combustible colombiano), cafetalero y hotelero.
No debe ser mera casualidad que los países antes mostrados tienen una calificación muy por encima al nuestro en cuanto a la dedicación a sus instituciones educativas, desde la primaria a la superior y especializada, donde se forja con suprema calidad el recurso humano soberano, creativo, intelectual, moderno, que requiere la pujante economía de América Latina.
¡Hay un golpe de Estado! Sí. En nuestra falta de lectura, en la baja capacidad que tenemos de desarrollar empresas que proyecten el HECHO EN VENEZUELA al punto de no ser relevantes, en la decadencia de la educación como motor del desarrollo, y en la conformidad de tener una sociedad que tenga los primeros y básicos oficios pero que no se especialice puesto que se vuelve peligrosa, porque su capacidad de pensamiento la puede hacer soberana, y por ende totalmente libre… Ahí representan un riesgo para el poder.
Dijo el padre Ugalde en una entrevista: “La dignidad de la persona se fundamenta en la noción de que puedas ser productor y que saques adelante a una familia por tu esfuerzo. No hay que dar limosnas sino oportunidades”.



Ángel Arellano
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