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lunes, 8 de junio de 2015

Boston Rex y Dan Delgado en el Taller de Análisis


 

         En la clase de hoy hablamos sobre las historias que se narran a través de las letras de las canciones. La composición musical es una forma de expresión rica en oportunidades para trasmitir un mensaje. Es inspirada por una reflexión, una experiencia anterior o se manifiesta persuadida por una idea que busca salir a la luz o por una que intenta mantenerse en el tiempo.
         Para hablar de este tema invitamos a dos exitosos músicos locales, amigos y creyentes de lo hecho en Venezuela: Reinaldo Goitía (Boston Rex) de los Tomates Fritos y Daniel Delgado de Planeador. Exponentes de nuestro rock and roll.
         Entre anécdotas, preguntas y respuestas surgió la recomendación de “La civilización del espectáculo”, el relevante ensayo de Mario Vargas Llosa, un libro que todos debemos leer. La degradación del arte, el triunfo de la banalidad, la aceptación de lo superficial por encima de cualquier ejercicio de profundidad intelectual y el extravío de la crítica, fueron preocupaciones que salpicaron el encuentro.
         De todas las citas que surgieron de ese intenso diálogo entre invitados y alumnos, rescato una de Reinaldo que me parece esencial. En referencia al contenido que está transmitiendo la música nacional, comentó que “el mensaje está mutando, la letra está mutando. Se siente otra cosa en la música de hoy… Antes un grupo que te estaba invitando a saltar hoy te dice ‘peguen el cementerio de aquí con el de allá porque nos están matando” (en alusión a la canción “Cementerio del Este – Cementerio del Sur” de La Vida Boheme).
         En la música están sucediendo muchas cosas. Hay mayor conciencia, mayor compenetración con la situación que vive el país. La crisis ha hecho de nuestra desgracia un tema recurrente que el arte no esquiva. La crisis ha estado ayer, ha estado hoy y seguirá estando por tiempo indeterminado. El arte es parte de la conciencia de la nación. Describe nuestras raíces, sentimientos, emociones, valores, felicidades y desgracias. Transmite un mensaje, aun cuando no siempre haya quienes quieran recibirlo.


Ángel Arellano

jueves, 14 de mayo de 2015

La clase especial de hoy

 En la Universidad planificamos una clase especial. Unimos ambas secciones del Taller de Análisis y Comprensión de Mensajes: poco más de 70 estudiantes de Comunicación Social. Intentamos debatir sobre el “¿cómo se construye un mensaje?” y el “¿cómo hacer del mensaje un elemento efectivo en el proceso de la comunicación?”.
Para quitarle la corbata al rigor cotidiano del aula, invitamos a dos amigos: Paola Soto, una joven periodista y novel poeta de la región, y a Carlos “El Negro” Castro, también comunicador y humorista.
Ambos llegaron temprano al salón. Marcadas las 9:30am iniciamos un breve preámbulo para discutir asignaciones pendientes. Acto seguido, los alumnos presentaron una breve reseña biográfica de cada invitado y se dio inicio a la dinámica de preguntas y respuestas en la que no pudieron faltar comentarios sobre la poesía en el entorno de crisis nacional y el humor como válvula de escape y como vaso comunicante de una realidad específica.
Fue una experiencia gratísima y exitosa. Todos los jóvenes participaron. Mucho interés por la lectura y la escritura. Otros siguen mostrando una creciente atención por el deporte, el espectáculo, el periodismo cultural, entre otras áreas que han quedado en el traspatio de la Venezuela politizada.
Agradezco a Paola Soto y a “El Negro” por su aporte, y sobre todo a los alumnos del Taller de Análisis por su compromiso, su organización, su orden y sus ganas de aprender. Siempre es bueno reiterarles que son parte de esa generación que colaborará en la construcción de una nación próspera, plural y libre.

La próxima clase especial será con músicos. Seguiremos indagando en el proceso de la comunicación y otros temas importantes en la formación del periodista.

Ángel Arellano

lunes, 6 de abril de 2015

A cuatro años de la partida de nuestro hermano Euris Naranjo (1989-2011)


Cuando Euris murió me tocaba asumir uno de los mayores retos de mi vida. El 4 de abril de 2011 había sido emitida la resolución oficial con la que me nombraban Coordinador de Prensa y Relaciones Públicas de la Alcaldía de Lechería. Apenas tenía 21 años, y como era de esperarse, aun cuando conocía los procedimientos y tenía un plan construido con el aporte de muchas manos que me ayudaron a cumplir con la tarea, los nervios eran tan altos como las expectativas de quienes habían confiado en mí capacidad para conducir los destinos del Departamento de Comunicaciones del Municipio Urbaneja.

Dos días después, debía recibir las llaves de la oficina y firmar las actas de entrega: montones de papeles, inventarios y fotocopias que requerían supervisión en miras de adaptar todo y comenzar el trabajo. Por tanto, me acosté muy tarde, casi a las 2am pensando en todo lo que debía hacer. El cansancio me venció y, como pocas veces sucede, dejé el celular encendido. A las 5am desperté con una llamada que contesté rápidamente asustado. Edgar, el hermano de Euris, con una voz sobria habló desde el otro lado del teléfono: “Aló, ¿Ángel? ¿Tú eres el amigo de Euris, no? Él siempre me habla de ti. Bueno chamo a las dos de la mañana se estrelló en un carro en el que iba con otros muchachos y cayó en un caño aquí en Tucupita. Fue una tragedia. Murió. Estoy aquí con mi familia, cualquier cosa este es mi número. Quería que le informaras a sus compañeros de clases”.

Tras un par de minutos resolví contestar enviando mis condolencias a sus padres e informé a Edgar que avisaría a los muchachos de la universidad y estaría en breve ahí con ellos. No creí que era cierto. Desperté a varios amigos. A todos los llamé con la sorpresa. No pude caer en la realidad de que algo así había sucedido a un amigo tan cercano, un compañero clave del movimiento estudiantil y además un joven talentoso, brillante y colmado de vida.

Organicé con Luís Matute, amigo de ambos, todo para salir de inmediato a Tucupita. Partí hacia la Alcaldía para notificar el por qué no podría recibir el Departamento de Comunicaciones ese día.  Debía ir a Delta Amacuro, un estado que no conocía, que sabía estaba muy lejos, pero que necesitaba de mi presencia para acompañar a los padres de Euris. En el carrito por puesto de la línea de Lechería estallé en llanto. Tras dos horas desde la noticia hasta la llegada a la Alcaldía había acumulado un shock que se mostró minutos antes de bajar del transporte. Lloraba con un dolor inmenso, como un niño. La gente que estaba ahí presente pudieron percatarse de lo acontecido. Desde ese momento, supe que al igual que el miedo, el dolor puede tan intenso y tan profundo.

Llegué a la Alcaldía, firmé un par de hojas y expliqué el objeto de mi retirada. En algún cajero automático saqué los ahorros que poseía en una cuenta electrónica de Banesco: esos espacios desechables que otorga el banco a quienes tienen unos pocos centavos en sus arcas. Con Matute fui al Terminal de Puerto La Cruz, de ahí hasta Maturin y después a Tucupita. Llegamos sobre las 7 de la noche a la casa de Euris. Visitamos su habitación. Un hogar humilde, como el de Luís, el mío o el de muchos de los estudiantes que en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Santa María, al igual que en el resto de las casas de estudios superiores, se han graduado con mucho sacrificio, acudiendo en no pocas ocasiones al auxilio de una beca o un trabajo de medio tiempo para cumplir con el objetivo. Euris, Luís y yo teníamos algo en común: ninguno de los tres éramos originarios de Barcelona, sede de la universidad. Nos conocimos en el camino, con las mismas inquietudes que traen a la ciudad los chamos de los pueblos pequeños y tuvimos en común unas frenéticas ganas de luchar en cualquier espacio para cambiar el país hacia uno que brindara más oportunidades a todos.

Esa noche en Tucupita rezamos mucho. Conocimos a gran parte de la familia de Euris y contuvimos el llanto ante tantas anécdotas que quisimos escuchar de él y no de los asistentes a su velorio. Un joven de 21 años, con dotes de buen orador, locutor, bailarín, organizador de eventos, colectas, viajes, parrandas y todo lo que a un soñador de la vida le viene en gana cuando sale a la calle en la búsqueda de nuevos rumbos. Euris era un amigo formidable y un compañero distinguido.

El día siguiente fue el entierro. Unos mariachis recibieron la urna en su salida de la funeraria. He vivido pocas cosas tan tristes como aquel momento. Caminamos mucho hasta llegar al Cementerio de Tucupita. Ahí lo dejamos con el dolor de muchas almas dolidas. En la tarde, estuvimos en casa de sus familiares. Comimos sopa de pescado del Orinoco y conversamos un rato largo. El retorno lo hicimos en un autobús de una empresa desconocida. El Terminal de Tucupita, ese amasijo de concreto sin concierto arquitectónico y bombillos apagados, nos dio la despedida junto a don Edgar, el padre de Euris. La frase con la que matizó su “hasta luego” fue el preámbulo de una relación afectuosa y muy cordial que mantenemos en la actualidad: “se fue Euris pero me quedan ustedes que también son mis hijos”. Al llegar a Barcelona, los compañeros del movimiento estudiantil de la USM y demás allegados, organizaron un par de misas en su honor. Fue un encuentro de decenas de jóvenes que despedíamos a uno de nuestros mejores dirigentes.

Nunca quise escribir estas letras. No sé si por nostalgia o por temor a que pudieran malinterpretarse. Desde hace unos días he estado pendiente del cuarto aniversario de la muerte de “El Negro” y quise homenajearlo contando el relato de lo que fue para mí aquel día, con los detalles que quizá a pocos pueda interesar pero que expreso con mucho cariño para su madre, la señora Uviderma, su padre el señor Edgar, sus hermanos, familiares y todos los amigos que desde el Frente Usemista tejimos una estrecha relación con un personaje único e incomparable. 

Es mi deseo expresar que para nosotros él sigue ahí, siempre presente. En la estampita que hizo Gabriel Mijares para recordarlo, o en los comentarios de Rodolfo, Oswaldo, Rogelio, Luisma, Hilianny, Carlos, y todos quienes lo quisieron por ser quien fue. En nuestros corazones no hay más que los mejores deseos para Euris, donde quiera que el Señor lo haya puesto dentro de su humilde morada. Que Dios bendiga a nuestro hermano Euris. Siempre en nuestros corazones y en nuestras ideas.


Ángel Arellano

miércoles, 11 de marzo de 2009

Aumento sin previo aviso

Otra vez, nosotros, estudiantes de la Universidad Santa María (USM), somos observadores de cómo se aumenta el costo del semestre sin haber visto por lo menos un papelito en la puerta de la entrada para que no nos agarre desprevenido el golpe y poder preparar la economía.
Como si no fuera poco con la mentada expropiación a una de las empresas que representa parte de la columna vertebral del sector productivo privado del país: Empresas Polar; la rebaja que sin un vistazo a los anaqueles se piensa hacer desde el gobierno central para con la arepa rellena (esa que cualquiera en todo momento se ha llevado a la boca por ahí); el problemita del arroz que tiene a todas las mujeres del hogar pensando en cual kiosquito meterse a comprar otro kilo; y los demás precios por las nubes a expensas de un petróleo en treinta y pico de dólares el barril; nos disparan a mansalva la noticia de que la Universidad aumentó el costo del semestre para los nuevos ingresos un 30%.






Aunque hubo su uno que otro que preguntó desmedidamente y sin considerar el sacrificio de muchísima gente que entra a la USM con esfuerzo y sacrificio, ¿y por qué se molestan si eso no afecta a los estudiantes regulares? La persona conciente se queda en la incógnita entorno a la elevación de los precios a sabiendas de que la USM se ha fijado una política económica cuyo eje elemental es el aumento dejando un semestre de por medio: uno sí, uno no, y así. Siempre el período del aumento es el segundo (octubre) porque representa mayor ingreso de estudiantes por la entrada de todos los bachilleres egresados en agosto.




El aumento anterior, del 30% también, significó un suplicio de diligencias para algunos dirigentes de los centros de estudiantes quienes dedicamos las vacaciones de agosto del año pasado en manifestar por todos los espacios competentes, el rechazo generalizado que mostraba la casa de estudio representada por nosotros. En esa oportunidad se cristalizó un diálogo con el Consejo Universitario usemista en el que firmaron un compromiso donde darían reivindicaciones estudiantiles competentes en mejores espacios de infraestructura y material académico. El Frente Usemista fue un movimiento piloto a nivel nacional con las actividades de expresión estudiantil sobre eso.
Nada de eso llegó. Hoy día lo que se firmó en Caracas en 2008 se ha cumplido en un 10 ó 15% cuando mucho. Es preocupante cuando queda la expectativa de que se le esté tomando al pelo a la dirigencia universitaria de la USM.

Ángel Arellano
asearellano@yahoo.es