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domingo, 1 de noviembre de 2015

“No vale, yo no creo”


            El escepticismo tiene carrera en Venezuela. Aquí, en la tierra de los libertadores más consagrados (y alabados) del sur de América, cada afirmación tiene su duda y cada negación proviene de una intriga. No somos ajenos a las imprecisiones, tanto así que nuestra democracia fue el desarrollo de una imprecisión que duró 40 años y no superó la turbulencia del modelo rentista petrolero y los primeros intentos de distribución de poder político en el territorio.
                Nuestros días, o por lo menos los que cuentan desde la última década del siglo XX y lo que ha transcurrido del nuevo milenio, han estado rebosados de una frase que se convirtió en el verdadero himno nacional: “No vale, yo no creo”. Una muestra de incredulidad general fue el declive del sistema político democrático y el ascenso del autoritarismo de Hugo Chávez.
Nadie creyó en la disolución del Congreso Nacional, y sucedió. Tampoco, en la erosión de la influencia del bipartidismo AD-Copei, y también ocurrió. “No vale, yo no creo que Chávez elimine las parroquias”, y ya escasos venezolanos recuerdan ese avance de la descentralización. O, “no vale, yo no creo que le quiten a las gobernaciones los puertos, puentes, carreteras y aeropuertos si los han tenido toda la vida”, y, pues, esa herencia de la federación, que soportó todos los embates de las dictaduras que precedieron a la democracia, es, cuando menos, un recuerdo cada vez más lejano.
En días recientes el mundo rememoraba la película “Volver al Futuro” porque en el marcador de uno de los viajes en el tiempo de aquella trilogía ochentosa, los protagonistas partían del año 1985 para ir hasta 1955 y posteriormente visitar 2015. Treinta años después, sabemos que aun los autos no vuelan por las autopistas, cosa que hace falta en las vergonzosas carreteras venezolanas, pero el punto es acotado porque el caricaturista EDO realizó una interpretación gráfica en la que los protagonistas de la película, provenientes de 2015, visitan a unos venezolanos en 1998 y les advierten de nuestra realidad actual. ¿La respuesta? “No vale, yo no creo”.
Hoy, cuando redactamos este artículo, la Revolución Bolivariana cuenta dieciséis años en el gobierno y todas las advertencias (o exhortaciones) realizadas durante la toma de posesión de Chávez, no solo son ciertas, sino que, para nuestra desgracia, han hecho de Venezuela una vergüenza mundial, muestra (por demás reiterada en la historia) de que el militarismo y el populismo son el cáncer del mundo civilizado y el opio de los países subdesarrollados.
“No vale, yo no creo que tengamos que hacer colas de uno o dos días para comprar alimentos”; “no vale, yo no creo que las medicinas desaparezcan repentinamente y no se consiga una pastilla para la fiebre o un jarabe para la tos”; “no vale, yo no creo que dejemos de producir arroz, pasta, leche, harina, carne, pollo, azúcar, cemento, cabillas, tuberías”; “no vale yo no creo que el dólar llegue a 100 Bs. porque cuando eso pase el gobierno se cae”; “no vale, yo no creo que la cerveza y el ron aumenten de precio porque ahí sí el venezolano pasará factura”…
Para nuestra desgracia, estamos aprendiendo de la manera más dramática posible que siempre podemos estar mejor, pero que también siempre podemos estar peor. El éxito y el fracaso no tienen límites, y son las sociedades, su gente, sus aspiraciones y sueños, las que dirigen su destino.
Creer no solo es un acto de fe, es una condición que impone la razón. Quien no cree, no puede defender nada, pero además, nada (o nadie) puede defenderlo a él. Comencemos creyendo que es posible cambiar, porque lo es. Nunca lo ha sido tan posible y tan necesario.
Que Dios nos bendiga.

Ángel Arellano

lunes, 8 de noviembre de 2010

Las últimas de cambio

La útil interpretación de los hechos nos ha llevado a escribir en este espacio semanal, verdades del acontecer local y regional. La realidad nacional se repite en cualquier espacio y el público por el que trabajamos, unos despilfarrando los recursos, y otros haciendo la contra con honestidad.

Ser partidario del sector oficial pasó de ser el orgullo de una izquierda mal interpretada que podía generar cambios específicos para crear un clima de igualdad y prosperidad, a una raya en el expediente ciudadano de quienes son cómplices del desangramiento de la economía y obedientes a la injusticia.

A veces, cuando se hace una consulta para anexar datos a este escrito, precisamente de la mano con la comunidad, sus denuncias y reclamos; quedan cabos sueltos y entra la interrogante ¿qué le anexamos hoy al texto, hay algo más que no se haya dicho? Resulta impresionante saber que en Venezuela siempre hay de qué escribir. Lo más noticioso ahorita por orden de importancia: expropiaciones, presupuesto 2011, las aventuras de Walid Makled y los 5 motores reencauchados de la revolución que quiere meter la ahora moribunda AN por vía de circo, para que la legislación nacional en enero cuente con nuevos elementos de maniobra al Presidente.

Ya truenan los relámpagos de las candidaturas opositoras a concejales, juntas parroquiales, próximos alcaldes, gobernadores y hasta los que correrán el clásico Presidente de la República. Más allá de ser un 5 y 6 o un dominó con olor a gallo tapa´o, el juego es más favorable para la acera de enfrente que para el gobierno. Primarias mata galán y vemos que los que antes se encasquetaban la franela roja para gritar a los demás, hoy andan cabizbajos sin formar mucho alboroto. Saben que la oposición se puso las pilas en las últimas de cambio y el trabajo pesa como un ladrillo en la frente. Para mejor demostración vea usted las andanzas de nuestro señor gobernador o su comitiva de alcaldes: todos callados porque el regaño todavía les retumba en el cogote.

Hay Anzoátegui, pronto saldremos de la pesadilla que atesta tus calles llenas de huecos y empapadas de sangre por el reinado del hampa. Relevo generacional, no hay de otra. Pensar en futuro refiere a darle paso al futuro mismo. Alternativa, proyección y liderazgo para reformar el discurso que por años nos condujo al estancamiento y que las acciones sean cónsonas con lo que piensa la mayoría, porque no podemos seguir en este desastre de que sólo en elecciones aparecen los políticos a pedir votos, gastar plata y ya. Gobernar, legislar y aplicar justicia para todos por igual, de manera ponderada y equitativa: si todos somos de carne y hueso, todos debemos ser regidos por las mismas leyes y ser tomados en cuenta para avanzar.

Es nuestra humilde reflexión ante la continuidad de la noticia y lo rico del escenario informativo que se nos presenta para que la gente esté enterada de nuestra propuesta como jóvenes. Un buen consejo fue “no dudes y ten fe”. Unamos a Venezuela.

Ángel Arellano

www.angelarellano.tk