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domingo, 20 de septiembre de 2015

Las paradas se quedaron sin autobuses

(Versión original)

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         Desde el fondo de la unidad observaba a ratos la fila de hombres y mujeres que soportan los treinta y ocho grados del calor oriental. Ese día, la brisa se había extraviado. Quienes viajábamos en el autobús no podíamos mantener la mirada en un objetivo fijo por mucho rato. Un puñado de segundos eran acompañados con diminutos movimientos en zigzag sugeridos por el tráfico de la avenida y las irregularidades del asfalto.
         “Ta’ vacía’o. Suba, suba. Cárcel vieja, chica, fuente”, gritaba el desesperado colector. Su modulación era tan rápida como atropellada. En un abrir y cerrar de ojos podía mencionar 5, 6 ó 7 estaciones. Las paradas no tienen nombre, son un grupo de puntos al azar en la dinámica popular, una repartición que se hizo en honor al bochinche, la idiosincrasia nacional. Las vías que conectan la zona norte de Anzoátegui están aderezadas por el diccionario de la costa y no por los cuadrantes del Plan de Desarrollo Urbano Local olvidado en los archivos de la burocracia.
         En un autobús de 42 puestos nos congregamos poco más de 60 personas. En la fila, la fricción de los cuerpos generaba molestia. “Esto huele a cabuya de marinero”, exclamó una señora miembro de ese club que en Venezuela no tiene beneficios, llamado la “tercera edad”. Acto seguido, el colector discutía con un grupo de muchachos de franela azul porque arbitrariamente la unidad decretó el rechazo a todos los boletos preferenciales. El pasaje estudiantil quedó sin efecto. La indignación era un acuerdo tácito.
         Finalizaba la tarde. Casi todos venían de su faena diaria, la mal pagada jornada laboral. Una docena de amas de casa sostenían con sus piernas las compras del día. Aquellos rostros mostraban la fatiga de muchas horas en alguna cola. Faltaban productos. El dato propagado por la televisión oficial que afirma que Venezuela es el país más feliz del mundo, era combatido por las almas que iban en el autobús.

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         La ruta exigía trasbordo. Cuando el colectivo se detuvo en alguna parada con un nombre no registrado, un mar de almas se había amontonado para subir. Esta muchedumbre tenía quizá una o dos horas esperando, un espacio de tiempo similar al que yo había demorado en el centro de Puerto La Cruz para conseguir un transporte que me llevara a casa.
         Las paradas se han quedado sin autobuses, cada vez son menos. No huyeron, siguen en la zona, pero no están en funcionamiento. Se encuentran en algún taller, algún galpón o terreno baldío, alguna calle o vereda cómplice que los recibe una semana, o dos, o varios meses, mientras el azarado chofer resiste la peregrinación de la búsqueda de los repuestos. Son rehenes de la escasez y la inflación.
         En la zona norte, por lo menos un 50% de los autobuses se encuentran inoperativos. El gobierno ha activado una manada de unidades chinas, rojas, con pantallas electrónicas para escribir vivas al socialismo y cuyo único atractivo es el aire acondicionado, pues corren con la misma suerte de los vehículos paganos. El canibalismo se apoderó de los estacionamientos de estos autobuses “revolucionarios”. Los mecánicos desarman uno para mantener a otro con vida. Es una especie de donación de órganos forzosa de la cual depende la existencia de ese paciente crítico que es la movilidad de los ciudadanos de a pie.
         Las paradas dan cancha a una larga espera. En algún momento, no tan lejano, sólo la acostumbrada señal con el brazo, o el agudo silbido de costumbre, detenía diversas busetas, carritos y autobuses de todos los tamaños que pasaban gritaban sus rutas en busca de clientes. Era un intento de competencia en un mercado que tenía muchos demandantes. Hoy día, pasan sin saludar, van saturadas de pasajeros. Paradójicamente, todos dentro del vehículo comparten la misma desgracia: el desabastecimiento los ha tocado, los altos precios los espantan y están aterrorizados por la inseguridad. Nadie se salva. Usuarios, colectores, choferes y vehículos son víctimas de los flagelos que vive la Venezuela actual.

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         Una hora después, tomé una pequeña buseta. Las ventanas eran cuadros de cartón y cinta adhesiva que adornaban la estadía. El hombre tras el volante nos contó en el trayecto que durante un robo algunos disparos quebraron casi todos los vidrios. No obstante, la buseta sigue siendo un empleador importante: con ella se lucra el propietario que la alquila a un intermediario, quien se encarga a su vez de rentarla al chofer y éste recluta un colector, la más de las veces menor de edad. El vehículo cumple con la misión de alimentar todas esas bocas de la cadena. El intento es titánico, así la historia de todos los transportistas.
         En las paradas están miles, millones, esperando que la suerte caiga del cielo y les permita retornar a casa. Quienes no pudieron subir a la buseta, arrancaron la travesía a pie. Tiempo después, no sabemos si llegaron a casa. La calle, además de huecos, oscuridad y basura, tiene muchas balas, el único producto que no ha escaseado.

Ángel Arellano

martes, 25 de octubre de 2011

Diagnóstico

No vamos a sumar, ni a realizar una estadística de alta jerarquía. El diagnóstico de nuestra importante entidad lo realizaremos con la exposición de sus problemas y virtudes. A partir de allí, estimados lectores, podemos establecer los próximos pronósticos sociales que definitivamente determinarán la continuidad de un interesante relato llamado Estado Anzoátegui.

Es cuantioso el nivel de crecimiento poblacional que la región está viviendo. Más allá de ser un efecto continental, Anzoátegui es una tierra que aumenta su potencial natural muy muy rápido, y referente a eso el Instituto Nacional de Estadística ha declarado en los adelantos del Censo 2011, que nuestra entidad está dentro de las siete primeras con más población.

En la medida que más estudios se realicen de nuestra oferta turística, mineral y agrícola y pesquera; seguirán subiendo los indicadores que revolucionen el ideario político de aquellos que nos convencimos desde nuestra inscripción en la sociedad política nacional, con respeto al cambio que de cajón haya que realizar en profundidad.

Las virtudes de Anzoátegui pasan por la proyección que tiene a futuro, sí y sólo sí, hay una planificación acertada del provecho que podemos sacar a la actividad económica, administración de nuestros recursos propios y distribución equitativa, descentralizada y de la mano de las organizaciones vecinales que son eco de su realidad más directa.

El petróleo, las playas, la agricultura y diversidad son el talismán del oriente. Tanto recurso privado y público deben unificarse para reconstruir las troncales, crear nuevos sistemas de cloacas, dotar y equipar hospitales, y ver nacer un cuerpo de policía regional bien remunerado, profesional y con un compromiso ético para con la sociedad.

Es inevitable tener un diagnóstico preciso del Gobierno Regional, que no volverá al poder por su inoperancia y falta de voluntad.

La inseguridad, crisis acentuada en la zona metropolitana (norte) y sur de Anzoátegui, se encuentra hasta en el más pequeño de los caseríos causando estragos en las familias y comunidades. No permite la inversión en el estado y genera un efecto de pánico por sus altos números en homicidios, secuestros y robos.

¿Cómo gana el oficialismo en la zona norte, oeste, centro y sur del estado si todas tienen sus cifras de homicidios por las nubes? Única y exclusivamente Urbaneja, con una alcaldía dada a la participación vecinal incluyente, posee un modelo de gestión en seguridad admirable con un increíble cero en homicidios desde el año 2010. Eso no sucede por suerte o azar, es parte de un trabajo constante por regular y controlar los focos de delincuencia y violencia en una ciudad que es parte de la vía metropolitana.

Diagnostiquemos la vida del ciudadano de Anzoátegui en nuestro caminar diario. El pensar del pueblo pasa por primero retener en su memoria esas necesidades y penurias. Por tanto, los rojos son los únicos que no volverán y nuevas corrientes vendrán a manejar los destinos de esta región, con la importante y decisiva participación de su gente.

Ángel Arellano

www.angelarellano.tk

domingo, 31 de octubre de 2010

Rendición de cuentas: un arma para el éxito en la gestión pública

Rendir es ofrecer a la ciudadanía un espacio legítimo que más allá de estar reglamentado y sustentado en nuestra democracia, significa la oportunidad de posicionar la gestión en un ambiente positivo en el cual todos los gobiernos anhelan estar.
Para ello el trabajo es arduo. La gerencia pública es la tarea fundamental de saber pensar, planificar, desarrollar y mantener políticas que estén a la par de los intereses ciudadanos, y evaluadas por estos, nos produzcan un clima de bienestar necesario para poder obtener un diálogo sobre efectividad y buenas labores de gobernanza. Los gerentes deben decididamente comprender y fundamentar sus labores en una exhaustiva rendición de cuentas: cuanta más información le des al ciudadano, menos cabos sueltos quedan. Una sociedad informada en cuanto al desempeño de su gobierno local, está más cercana a ser una sociedad que coopere, que un público decidido a la contra de sus autoridades civiles.
Rendición de cuentas es para el investigador político austríaco Andreas Schedler “un concepto de dos dimensiones que denota, por un lado, la obligación de los políticos y funcionarios públicos de informar y justificar sus actos (answerability) y, por el otro, la capacidad para imponer sanciones negativas a los funcionarios y representantes que violen ciertas normas de conducta (enforcement)”.
Sobreentendido debe estar, y bajo ninguna circunstancia darle otra interpretación al sagrado precepto público de que el gobierno no es un escalón para el enriquecimiento ni el poder económico. Deriva sus vertientes con esos fines por la capacidad de maniobra e influencia que este ejerce en las normas que condicionan el mercado, entre otras variables, pero el lucro de capital económico y el fraude, son contrarios a los valores de la política como el paso para acceder al poder. En ese sentido, la rendición de cuentas se presenta como “un arma para el éxito en la gestión pública”.
La corrupción, el peor virus que tienen las autoridades ciudadanas, siendo regulado a su mínima expresión, crea climas de prosperidad enormes y una inspiración al trabajo comunidad – gobierno (compenetración necesaria para administrar, gerenciar y ejecutar), impresionante. Si un ciudadano ve que su alcalde se llena los bolsillos, sin ningún tipo de contraloría ni nadie que levante la voz, se desligará de cualquier iniciativa antes sopesada para ayudar a su comunidad y al bien común.
Entonces, la rendición de cuentas nos colabora a traspasar las sombras de la desinformación y en consecuencia obtiene un pueblo sabio sobre todo lo que se hace desde las instituciones del municipio. La ciudadanía consiente se obtiene exclusivamente con el martillo del ejemplo: gobernantes que luchen por ser cada vez más ejemplares, funcionarios y empleados que sean primero buenos ciudadanos antes de liderar un espacio público.
La rendición de cuentas no puede ser una eventualidad para congraciarse con la comunidad ni mucho menos una maniobra para que la opinión pública minimize los ataques. Debe ser una condición sine qua non en la estrategia del político y su equipo. Tener la venia de la ética sólo se logra a través de la transparencia y la eficiencia. Tampoco es mucho lo que logramos si somos claros como el agua pero un desastre gerencial.
Rendición de cuentas 2.0
Los medios de comunicación social masivos, oficiales privados, y las múltiples formas de transportar la información entre el ente público y el ciudadano, son necesarios para que toda la comunidad esté al día de las decisiones, movimientos presupuestarios, decisiones importantes, reformas, cambios estructurales, compras, realización y de obras, etc.
Un uso efectivo de los canales informativos en pro de la rendición de cuenta, apostando en que todos(as) puedan tener acceso a este necesario ejercicio de responsabilidad, es parte de una política comunicacional bien direccionada que interactúa con nuestra población: facilidades a la gente para escuchar sus necesidades, preocupaciones, inconformidades e ideas. Cada vez más involucramiento público para gobernar.
Las redes sociales y páginas web han tomado más campo en este aspecto. Son un mecanismo emisor y receptor inmediato, al momento. Mientras las cuentas Twitter, perfiles Facebook y dominios oficiales en el internet, móvil y fijo, sean utilizados a favor de la comunidad, la gestión será bien vista en ese ala. La 2.0 debe ser descentralizada. Cada dependencia municipal y dirección, tiene que manejar un espacio para poder informar a los vecinos y escuchar su clamor.
Las direcciones en la WWW requieren un sistema de administración que permita registrar información oportunamente y una base de datos que lleve el record histórico de cada archivo necesario para la comunidad. La dirección de sistemas e informática y dirección de comunicación de los municipios gestionan dicho servicio con una coordinación planificada para de manera agradable y confiable mostrar datos acertados y completos.

Ángel Arellano
asearellano@yahoo.es

Nota: trabajo elaborado para conversatorio sobre agenda local, participación ciudadana e instrumentos de gobernanza en la Escuela de Vecinos de Venezuela. Caracas, 31 de octubre de 2010