domingo, 20 de septiembre de 2015
Las paradas se quedaron sin autobuses
martes, 25 de octubre de 2011
Diagnóstico
No vamos a sumar, ni a realizar una estadística de alta jerarquía. El diagnóstico de nuestra importante entidad lo realizaremos con la exposición de sus problemas y virtudes. A partir de allí, estimados lectores, podemos establecer los próximos pronósticos sociales que definitivamente determinarán la continuidad de un interesante relato llamado Estado Anzoátegui.
Es cuantioso el nivel de crecimiento poblacional que la región está viviendo. Más allá de ser un efecto continental, Anzoátegui es una tierra que aumenta su potencial natural muy muy rápido, y referente a eso el Instituto Nacional de Estadística ha declarado en los adelantos del Censo 2011, que nuestra entidad está dentro de las siete primeras con más población.
En la medida que más estudios se realicen de nuestra oferta turística, mineral y agrícola y pesquera; seguirán subiendo los indicadores que revolucionen el ideario político de aquellos que nos convencimos desde nuestra inscripción en la sociedad política nacional, con respeto al cambio que de cajón haya que realizar en profundidad.
Las virtudes de Anzoátegui pasan por la proyección que tiene a futuro, sí y sólo sí, hay una planificación acertada del provecho que podemos sacar a la actividad económica, administración de nuestros recursos propios y distribución equitativa, descentralizada y de la mano de las organizaciones vecinales que son eco de su realidad más directa.
El petróleo, las playas, la agricultura y diversidad son el talismán del oriente. Tanto recurso privado y público deben unificarse para reconstruir las troncales, crear nuevos sistemas de cloacas, dotar y equipar hospitales, y ver nacer un cuerpo de policía regional bien remunerado, profesional y con un compromiso ético para con la sociedad.
Es inevitable tener un diagnóstico preciso del Gobierno Regional, que no volverá al poder por su inoperancia y falta de voluntad.
La inseguridad, crisis acentuada en la zona metropolitana (norte) y sur de Anzoátegui, se encuentra hasta en el más pequeño de los caseríos causando estragos en las familias y comunidades. No permite la inversión en el estado y genera un efecto de pánico por sus altos números en homicidios, secuestros y robos.
¿Cómo gana el oficialismo en la zona norte, oeste, centro y sur del estado si todas tienen sus cifras de homicidios por las nubes? Única y exclusivamente Urbaneja, con una alcaldía dada a la participación vecinal incluyente, posee un modelo de gestión en seguridad admirable con un increíble cero en homicidios desde el año 2010. Eso no sucede por suerte o azar, es parte de un trabajo constante por regular y controlar los focos de delincuencia y violencia en una ciudad que es parte de la vía metropolitana.
Diagnostiquemos la vida del ciudadano de Anzoátegui en nuestro caminar diario. El pensar del pueblo pasa por primero retener en su memoria esas necesidades y penurias. Por tanto, los rojos son los únicos que no volverán y nuevas corrientes vendrán a manejar los destinos de esta región, con la importante y decisiva participación de su gente.
Ángel Arellano
www.angelarellano.tk
domingo, 31 de octubre de 2010
Rendición de cuentas: un arma para el éxito en la gestión pública
Para ello el trabajo es arduo. La gerencia pública es la tarea fundamental de saber pensar, planificar, desarrollar y mantener políticas que estén a la par de los intereses ciudadanos, y evaluadas por estos, nos produzcan un clima de bienestar necesario para poder obtener un diálogo sobre efectividad y buenas labores de gobernanza. Los gerentes deben decididamente comprender y fundamentar sus labores en una exhaustiva rendición de cuentas: cuanta más información le des al ciudadano, menos cabos sueltos quedan. Una sociedad informada en cuanto al desempeño de su gobierno local, está más cercana a ser una sociedad que coopere, que un público decidido a la contra de sus autoridades civiles.
Rendición de cuentas es para el investigador político austríaco Andreas Schedler “un concepto de dos dimensiones que denota, por un lado, la obligación de los políticos y funcionarios públicos de informar y justificar sus actos (answerability) y, por el otro, la capacidad para imponer sanciones negativas a los funcionarios y representantes que violen ciertas normas de conducta (enforcement)”.
Sobreentendido debe estar, y bajo ninguna circunstancia darle otra interpretación al sagrado precepto público de que el gobierno no es un escalón para el enriquecimiento ni el poder económico. Deriva sus vertientes con esos fines por la capacidad de maniobra e influencia que este ejerce en las normas que condicionan el mercado, entre otras variables, pero el lucro de capital económico y el fraude, son contrarios a los valores de la política como el paso para acceder al poder. En ese sentido, la rendición de cuentas se presenta como “un arma para el éxito en la gestión pública”.
La corrupción, el peor virus que tienen las autoridades ciudadanas, siendo regulado a su mínima expresión, crea climas de prosperidad enormes y una inspiración al trabajo comunidad – gobierno (compenetración necesaria para administrar, gerenciar y ejecutar), impresionante. Si un ciudadano ve que su alcalde se llena los bolsillos, sin ningún tipo de contraloría ni nadie que levante la voz, se desligará de cualquier iniciativa antes sopesada para ayudar a su comunidad y al bien común.
Entonces, la rendición de cuentas nos colabora a traspasar las sombras de la desinformación y en consecuencia obtiene un pueblo sabio sobre todo lo que se hace desde las instituciones del municipio. La ciudadanía consiente se obtiene exclusivamente con el martillo del ejemplo: gobernantes que luchen por ser cada vez más ejemplares, funcionarios y empleados que sean primero buenos ciudadanos antes de liderar un espacio público.
La rendición de cuentas no puede ser una eventualidad para congraciarse con la comunidad ni mucho menos una maniobra para que la opinión pública minimize los ataques. Debe ser una condición sine qua non en la estrategia del político y su equipo. Tener la venia de la ética sólo se logra a través de la transparencia y la eficiencia. Tampoco es mucho lo que logramos si somos claros como el agua pero un desastre gerencial.
Rendición de cuentas 2.0
Los medios de comunicación social masivos, oficiales privados, y las múltiples formas de transportar la información entre el ente público y el ciudadano, son necesarios para que toda la comunidad esté al día de las decisiones, movimientos presupuestarios, decisiones importantes, reformas, cambios estructurales, compras, realización y de obras, etc.
Un uso efectivo de los canales informativos en pro de la rendición de cuenta, apostando en que todos(as) puedan tener acceso a este necesario ejercicio de responsabilidad, es parte de una política comunicacional bien direccionada que interactúa con nuestra población: facilidades a la gente para escuchar sus necesidades, preocupaciones, inconformidades e ideas. Cada vez más involucramiento público para gobernar.
Las redes sociales y páginas web han tomado más campo en este aspecto. Son un mecanismo emisor y receptor inmediato, al momento. Mientras las cuentas Twitter, perfiles Facebook y dominios oficiales en el internet, móvil y fijo, sean utilizados a favor de la comunidad, la gestión será bien vista en ese ala. La 2.0 debe ser descentralizada. Cada dependencia municipal y dirección, tiene que manejar un espacio para poder informar a los vecinos y escuchar su clamor.
Las direcciones en la WWW requieren un sistema de administración que permita registrar información oportunamente y una base de datos que lleve el record histórico de cada archivo necesario para la comunidad. La dirección de sistemas e informática y dirección de comunicación de los municipios gestionan dicho servicio con una coordinación planificada para de manera agradable y confiable mostrar datos acertados y completos.
Ángel Arellano
asearellano@yahoo.es
Nota: trabajo elaborado para conversatorio sobre agenda local, participación ciudadana e instrumentos de gobernanza en la Escuela de Vecinos de Venezuela. Caracas, 31 de octubre de 2010

