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lunes, 21 de marzo de 2016

El suicidio de la izquierda

Aire Force One en su llegada a La Habana. 20/03/2016 Foto: Reuters

          A 15 años del predominio de los gobiernos progresistas en el sur de América, las conclusiones parecen evidentes. La izquierda aprovechó el momento de mayor bonanza que tuvo la región para marcar el terreno y mostrar sus resultados: líderes con ansia reeleccionista, actuaciones autoritarias, abundantes escándalos de corrupción, cercenamiento de la libertad de prensa y cierre de medios de comunicación, situaciones económicas complicadas cuando no caóticas como el caso de Venezuela, y un discurso deteriorado, empobrecido y sin expectativa de reorientarse en lo inmediato. Como marco a estos elementos cabe introducir una característica esencial de esta izquierda gobernante entre los años 2000 y 2015: la solidaridad automática dentro de sus filas y también con los gobiernos que estén en sintonía con sus postulados doctrinarios (o coqueteen con ellos). Solidaridad entre dirigentes, aun cuando estos estén acusados por la justicia o cuestionados de violaciones de derechos humanos entre otros principios refrendados ante organismos internacionales.
La izquierda ha trapeado tantas veces el piso con el estandarte de la ética y la moral progresista que esgrimieron con fuerza durante las últimas cuatro décadas del siglo anterior, que hoy esas banderas son solo tela sucia y remojada en el trasnocho de lecturas oxidadas que inspiran discursos febriles en el intento de tapar o maquillar alguno de los elementos anteriormente señalados.
“Si es de izquierda, no es corrupto. Y si es corrupto, no es de izquierda”, ha sido la frase-fuerza de Raúl Sendic, vicepresidente del Uruguay y miembro del Frente Amplio, la coalición progresista que gobierna el país desde 2005, para escudarse ante los señalamientos documentados de mal manejo de la única empresa petrolera sudamericana que acompañó a Petróleos de Venezuela en el reporte de déficit mientras el barril de crudo superaba los 100$.
¿Si es de izquierda no es corrupto? Esta interrogante quedó rezagada para la poesía progresista de antaño que vislumbraba un mundo mejor para cuando sus irreverentes líderes llegaran al poder derrochando bienestar, prosperidad y felicidad en todas las comunidades. Esa misma poesía, y los miles de libros escritos con la tinta del romanticismo guerrillero, quedaría pálida al mirar los carteles que recibieron en el casco histórico de La Habana al presidente de EEUU en su visita a Cuba: “Welcome Mr. Obama”.
Para ser corrupto no hay que estar afiliado a una corriente ideológica. Izquierdistas y derechistas han sido señalados por hechos de corrupción gravísimos que arrastraron a sus países a bárbaras crisis económicas.
            Para vergüenza de quienes hicieron del ideal progresista un punto de referencia inmaculado, la izquierda, a 15 años de su influencia casi total en los gobiernos de la región, deja una triste postal: los malos manejos económicos, corrupción y nepotismo en Argentina; la pretensión felizmente paralizada de reelección indefinida en Bolivia; la lucha contra los medios de comunicación en Ecuador; la aguda corrupción en Brasil que vincula a su ex presidente progresista y a su sucesora; el aviso hecho por el actual gobierno de Uruguay de excluir a toda la oposición de las instituciones y dependencias del Estado; y el desmantelamiento de la democracia con una crisis humanitaria sin precedentes y un profundo abismo económico en Venezuela.
         ¿Qué mensaje envían los dirigentes de la izquierda latinoamericana a las nuevas generaciones? ¿Qué enseñanza dejan los 15 años de gobiernos progresistas en la región? Pareciera que luego de controlar el poder en lo que va de siglo XXI se confirma la regla puesta en marcha en Europa, Asia y Estados Unidos: es momento del pragmatismo, atrás quedó la definición ideológica. El futuro impone retos que no saben de banderas ni colores.

Ángel Arellano

domingo, 20 de marzo de 2016

Ni mitos ni fenómenos: “La Positiva” sigue dando de que hablar

Reseña
  
            La campaña presidencial de Luís Lacalle Pou sigue llamando la atención del mundo académico uruguayo en el que figuran no pocos profesores que decidieron referirse a ella como “fenómeno”, apelando al término para señalar un cambio brusco, inesperado, distinto en la naturaleza política de la nación oriental. Pero, ¿es en esencia realmente un “fenómeno” político? En rigor no, toda vez que la dinámica política, actividad en la que el hombre manifiesta su deseo de gobernar o de participar en las decisiones de gobierno, permite hechos que sorprenden a la sociedad, puntualmente al público electoral, el soberano, que en un sistema democrático, decide quién asciende al poder, quien no lo hace y quien puede seguir esperando con la expectativa de una oportunidad futura.
            Sin embargo, el que casi año y medio después del evento electoral sigan llenándose auditorios para escuchar con interés los detalles de esta candidatura joven y poco común en un país con una cultura política conservadora cuyo último presidente menor a los 45 años de edad data de 1971[1], no sólo llama nuestra atención, sino que nos da a entender que algo está pasando en la política uruguaya.

¿Recambio generacional?

La cultura política del Uruguay es el ejemplo a seguir de la región. El país más pequeño de la Sudamérica continental cuenta con los partidos políticos de mayor tradición. Además, su población apoya en un 86,2% la democracia y en un 59,5% a su sistema político[2]. Por tanto, figurar en la comunidad política de esta nación es un hecho signado por una competitividad importante que requiere inmensa influencia partidista, arrastre popular y estrategias comunicacionales que permitan hacer espacio en una prensa bastante crítica y un público bien informado. “En Uruguay todos nos conocemos”, es la frase que recorre cada esquina.
Daniel Supervielle fue uno de los comunicadores detrás de la candidatura de Luís Lacalle Pou en 2014. Subraya su condición como “observador-participante”, lo que le ha permitido relatar pormenores de la campaña con máxima libertad. Critica, evalúa y expresa sugerencias para eventuales escenarios futuros. Habla con emoción sobre su participación en el proyecto más joven que aspiró la presidencia en la anterior contienda. Explica, detalle a detalle, el cómo, el por qué y el para qué de “La Positiva”, la peculiar filosofía que orientó la campaña. Toda esa historia está reseñada en su reciente libro publicado por Aguilar (“La Positiva”, 2015), que sigue fresco en las novedades de todas las librerías de Montevideo; no obstante, a pesar del tiempo que distancia aquella campaña que el propio Supervielle considera como pasado (asegura que en adelante cualquier aspiración del senador Lacalle Pou debe iniciar desde cero: “La Positiva es un referente… un objeto de estudio… habría que revisar ahora nuevas cosas”), los eventos para hablar de la carrera electoral del hoy senador se siguen celebrando en círculos muy relevantes de la vida política y académica uruguaya.
La Universidad Católica del Uruguay, en el marco de la promoción de su programa de Maestría en Comunicación Política y Gestión de Campañas Electorales, invitó el pasado jueves 10 de marzo a estudiantes, profesores, periodistas y politólogos a una charla sobre el tema que ha copado la agenda de Supervielle los últimos meses, quien es a la sazón, uno de sus exalumnos. El evento tuvo por nombre “Mitos y realidades de la campaña de Lacalle Pou 2014”, y se realizó en el salón Francisco Bauzá de su edificio central, un espacio formidable y acogedor que recibió a interesados por el tema. Los comentarios a la disertación de Supervielle estuvieron a cargo de Daniel Lema, presidente de la Asociación de Prensa Uruguaya, periodista del semanario Búsqueda y estudiante de la mencionada Maestría.
Algunas frases del autor de “La Positiva” resonaron en la ronda de preguntas y respuestas, colmada por la participación de jóvenes estudiantes. El interés sigue vivo sobre esta candidatura que no deja de dar de qué hablar:
“La estrategia se adapta al político que la va a implementar”. “Lo que vale es la impronta que coloca el líder a la campaña. Todo lo demás es bullshitt”. “¿La filosofía de la campaña fue un error o un acierto? No lo sé. Coherente estoy seguro de que fue”. “… Capaz ‘La Positiva’ termine siendo la semilla de algo más adelante”.

Ángel Arellano

[1]Apenas 12 de 60 presidentes uruguayos, entre interinos y titulares, han asumido el cargo con menos de 45 años. El presidente más joven fue el 15° presidente constitucional Máximo Tajes (1886-1890), quien asumió a los 34 años. El mandatario de mayor edad que ha ascendido a la silla presidencial es el 40° presidente constitucional José Mujica (2010-2015), jurando el cargo a los 74 años.

[2]Boldi, M., Queirolo, R. y Seligson, M. (2013). Cultura política de la democracia en Uruguay y en las Américas, 2012: hacia la igualdad de oportunidades. Nashville:Usaid.

viernes, 18 de marzo de 2016

Diputados de Venezuela en Montevideo

(Publicado el 14/03/2016) La semana pasada se realizó en Montevideo un grato encuentro entre venezolanos residentes en el Uruguay y un grupo de representantes ante el Parlamento nacional que realizan una gira por América Latina hablando sobre la crisis que vive el país, los aspectos que trabaja en estos momentos la bancada de la Mesa de la Unidad Democrática y los dispositivos constitucionales que están siendo aprobados para el cambio de gobierno en Venezuela.
Los diputados venezolanos de la Comisión de Politica Exterior, Luís Florido (presidente), Carlos Valero (miembro), Williams Dávila (miembro), y el asesor y perseguido político Carlos Vecchio hicieron un espacio en la agenda de reuniones con diputados, senadores, ex presidentes y hasta el canciller uruguayo, para escuchar a los compatriotas establecidos en la tierra de Artigas y compartir impresiones sobre diversas preocupaciones.
El encuentro se celebró en el anexo del Palacio Legislativo, cedido cordialmente por el Congreso uruguayo. Entre los temas abordados figuró el de las remesas familiares y las asignaciones de dólares preferenciales para estudiantes y pensionados. Al respecto, los diputados refirieron a los presentes informar su estatus ante la Comisión de Política Exterior, Soberanía e Integración de la Asamblea Nacional para incorporar su solicitud a la base de datos de los casos que el Parlamento está gestionando ante el Ejecutivo.
Fue un grato momento lleno de jóvenes, padres y madres que han salido dolorosamente de Venezuela por diversas razones. No recibieron de sus legisladores ningún tipo de reclamo ni cuestionamiento, solo un mensaje de esperanza, ánimo y valor para seguir colaborando desde el exterior a la recuperación del sistema democrático y la normalización del país por el bien de todos.
Desde este blog se aporta ese granito de arena. Sigamos adelante dejando en alto el tricolor que nos vio nacer.
Nota: Esta semana se encuentra en Montevideo otra delegación de diputados de la AN que asistieron a la XXXVI Sesión Ordinaria del Parlamento del Mercosur. La última imagen es una reunión de esta comitiva enviada ayer domingo 13 a las 11pm por nuestra amiga la diputada Marialberth Barrios, una de las legisladoras más jóvenes del país.