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lunes, 20 de julio de 2015

Violencia y odio en la cola

  ¿Por qué se desató la violencia en la cola? ¿Por qué dos mujeres iniciaron una pelea con tanta furia en el supermercado? ¿Por qué el remolino de odio persuadió a otros que intentaron apartarlas y luego se unieron al reparto de golpes, insultos y maldiciones? ¿Por qué los funcionaros policiales que atendieron la situación terminaron rebasados por la trifulca y por qué nadie se espantó cuando hubo disparos al aire y casi todos quedaron inmóviles para no perder su puesto en la fila?
                Lo primero: una mujer, “¡de viva!”, se instaló por sorpresa en los lugares preferenciales (más cercanos al portón) de la larga cola en la que cientos de almas esperaban el camión cargado de productos regulados que se trasladaba hacia el supermercado. Sin embargo, el vehículo tenía unas doce horas de retraso y extremó los ánimos de los asistentes. La respuesta desproporcionada de otra mujer, que tiró por los cabellos a la primera, atendió al cólera de tolerar más abusos en lo que ya resulta una humillación: invertir muchas horas en comprar algunos alimentos.
La escasez ha disparado los niveles de violencia en la sociedad. Existe una predisposición general de responder de la peor manera ante una situación que atente con el puesto en la cola. Esta conducta se evidencia igualmente en las personas que, en un intento por separar a las féminas, terminaron sumándose a la golpiza.
Lo segundo: la Venezuela sin valores, el país en el que ha predominado durante los últimos 16 años el lenguaje bélico, los improperios, insultos y amenazas, recoge los frutos de su siembra: el desbordamiento de la violencia. Hay odio en las calles, estupor, antagonismo. La sociedad venezolana hoy se caracteriza por su insensibilidad. Las buenas costumbres, los modales y la urbanidad son cualidades rezagadas a un fragmento muy pequeño y en extinción. Ese odio, esa animadversión, sobrepasó la capacidad de la policía para controlar la escena. La rabia desbordada mutó en algo superior, pero, además, la respuesta de la gente, en conexión con esa reacción, fue la de no moverse de su sitio, privilegiar el puesto de la fila por encima de cualquier situación hostil.
Un último dato, quizá lo más esclarecedor. Al final de la reyerta, todos en la cola murmuraban los detalles: quien intentaba burlar a los presentes para ubicarse entre los primeros con opción a entrar al supermercado era una “inspectora popular”, figura creada por la Superintendencia de Precios Justos para velar por la correcta venta de los productos regulados. Muchos en la cola conocían el proceder de esta combatiente de la revolución por hechos suscitados en ocasiones anteriores, empero, los oficiales de la Policía Nacional Bolivariana no habían atendido el caso y terminó saliéndose de cauce. Las autoridades han promovido la impunidad y con ella la arbitrariedad de quienes con una franela roja pretenden imponerse ante la desgracia de todos los que esperan por la compra de productos de primera necesidad.
“Lo que ha sido reprimido, suprimido y negado continúa ocupando un lugar y no ha dejado de existir por el hecho de que haya sido ocultado e ignorado”, refiere Maritza Montero en su estudio “Ideología, alienación e identidad nacional”. Somos habitantes de la barbarie, coexistimos con el desprecio y la repulsión. Tanto odio inyectado desde las esferas del poder ha colocado a la sociedad en el centro de una espiral de violencia en la que cualquier hecho, por mínimo que sea, puede terminar en un altercado, cuando no en tragedia.

Ángel Arellano

domingo, 24 de junio de 2012

El odio, un sentimiento decisivo

Así como un sentimiento que altera la conducta humana, el odio dentro de nuestro país es una realidad. Ha podido dividirnos y generar zozobra en quienes menos tienen que ver con la crisis de ingobernabilidad que vive Venezuela, por ello el alza de los no alineados, quienes suman dificultad al pronóstico de los escenarios electorales que se avecinan en la nueva campaña.
Palabras más o palabras menos, la sociedad se encuentra partida en tres bloques que todos los sectores han reconocido. Un aproximado del 30% de los electores se inclinan hacia la oposición, otro 30% se inclina hacia el oficialismo (aún hay muchísima gente que ve bonita esta “revolución”), 10% con rasgos que se identifican con la oposición, 10% con rasgos que aceptan la actual gestión del Gobierno Nacional, y un 20% neutro que se mueve según emociones cercanas al día D.
El odio es disgusto, aversión, repulsión, antipatía, todo lo contrario al cooperativismo, amistad y equilibrio. Incluso en los modelos ideológicos, el odio es una característica emocional del rechazo del capitalismo hacia el socialismo y viceversa. Es decir, un factor socialmente determinante para acabar con una propuesta o con la otra.
En nuestra nación el odio se convirtió en algo popular. Todo está dividido producto de la separación entre la sociedad abiertamente opositora y la abiertamente pro gobierno; dejando un vacío en el que se ubica ese 20% decisivo el día D, que se movilizará en favor del bando que menos odio transmita a ellos.
Para quienes no pertenecen activamente a la contienda político-electoral de hoy día, o sencillamente no se identifican con el acontecer político, el odio entre los polos 14 años opuestos, genera frustración, disgusto y estancamiento.
Veámoslo así: el Gobierno Nacional dejó pasar por debajo de la mesa el reciente nombramiento de Rafael Reif, ingeniero venezolano nacido en Maracaibo, como presidente del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts, sin duda un logro académico sin precedentes para nuestra nación, noticioso en toda Latinoamérica, pero en Venezuela sus representantes prefirieron tocar otro tema. Esto para la vocería gubernamental significaba avalar a las instituciones norteamericanas y la participación venezolana como importante recurso humano en estas latitudes, por tanto no era estratégico hacerlo.
El piloto venezolano de fórmula 1, Pastor Maldonado, fuertemente apoyado por el Poder Central, luego de importantes logros en su carrera, mantuvo a todo el país en ascuas peleándose su entrada en el podio del Gran Premio de Europa celebrado en Valencia, España, el cual terminó en un accidente que no le permitió concretar una llegada victoriosa, sin embargo concluyó en el puesto número diez y seguirá compitiendo. Para sectores radicales de la oposición el accidente fue producto de la inmadurez del piloto y se realizaron fuertes comentarios en su contra aupando a la burla contra el criollo.
Ambos hechos fueron totalmente reales y con amplia cobertura en medios de comunicación, llegando a millones de hogares venezolanos. En este par de situaciones se puede ver claramente la irradiación de odio de un bando y de otro, impactando en ese 20% necesario para lograr un cambio en positivo.
No sólo la selección de futbol nacional puede ser un imán de la reconciliación entre opositores y oficialistas, a nuestro pensar el sector que más sepa proyectar los logros de los venezolanos, sin distinción por su proveniencia, podrá sumar más adeptos, porque si hay algo claro en toda la polémica electoral es que a Venezuela le gusta triunfar y anotarse a ganador.

Ángel Arellano
asearellano@yahoo.es
Twitter: @angelarellano
www.angelarellano.tk