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lunes, 1 de abril de 2013

La tarascada del poder




          En los previos a las elecciones presidenciales de 1998, Oscar Yanes sentó en la silla caliente a un personaje que no era candidato pero que se consideraba sumamente calificado para opinar sobre la realidad nacional.
            Varios militares de disputaban el ingreso a Miraflores pero sólo uno tenía posibilidades ciertas de mejorar en las encuestas y ganar en un hecho que rompería con los 40 años del puntofijismo.
            Fue una entrevista larga, que pormenorizó cada detalle de la vida del país. Marcos Pérez Jiménez, el hombre que según Yanes “partió la historia venezolana del siglo XX en dos”, se presentaba en pantalla desde La Moraleja, su residencia en Madrid, a 35 años de su auto exilio.
            En sus aclaratorias y comentarios sobre Venezuela, Pérez Jimenez a los 84 años, resaltó y reiteró su preocupación sobre la decadencia de la democracia por la partidocracia y la corrupción.
            A su parecer, el sectarismo de los partidos y la burocratización de sus estructuras, habían hecho un daño impresionante a la vida institucional del Estado, sirviendo para mantener a las militancias de las organizaciones políticas y no para nutrirlas con mayor cantidad de profesionales nacionales. Manifestó que los partidos en el momento en él que ejerció la presidencia (1953 - 1958), significaban una “rémora” para el sector público.
            Sobre la corrupción, otro factor que angustiaba al último dictador venezolano, dijo que el flagelo de la “picada”, esa mordida que le daba el político-funcionario público al dinero de la nación a través de comisiones en los servicios gratuitos que el Estado presta a los ciudadanos, asignaciones de obras y administración de servicios a amigos del partido, y pedimentos de coimas, tajados o peajes a quienes quisiesen beneficiarse de alguna manera del gobierno en sus diferentes niveles: el “tírame algo” y el “póngame donde haiga”.
Pérez Jiménez, trascendió que la “picada” había evolucionado en los ochos lustros de la democracia, en una “tarascada”. Se permitió acuñar ese término como muchos otros, para denominar la gigantesca y violenta mordida a los recursos públicos que habían a su criterio, empobrecido a la República.
Posterior a esa entrevista, llegó el suceso electoral. 1998 se convirtió en un año de estruendosas noticias, había aterrizado en el poder por los votos, el comandante Hugo Chávez, planteando una reforma del Estado y, entre otras cosas, una implacable lucha contra la corrupción de la cuarta república.
14 años después, Chávez fallece lamentablemente, y para tristeza de Venezuela, su tesoro y la sociedad en general, el bochorno de la corrupción no se redujo en un centímetro. Más bien se agravó, a tal punto que nos hemos convertido en el país más corrupto de Latinoamérica, posición que por supuesto no envidia nadie, más bien nos acorrala en críticas y opiniones mal sanas que no engloban el sentir nacional, sino el de una minoría que se está enriqueciendo a costillas de nuestras riquezas minerales y fiscales. Las primeras provienen del subsuelo patrio, y las segundas de nuestros bolsillos.
También, no se puede quedar por fuera la advertencia hecha de Pérez Jiménez con respecto a la partidocracia. 55 años luego de su salida de Miraflores, vivimos la burocratización política más grande de nuestra historia republicana. AD y Copei se quedaron en pañales con el PSUV, un partido “de izquierda” que no sólo metió a su gente en todos los cargos habidos y por haber, sino que gozan de la publicidad estatal, Pdvsa, institutos públicos, y pare usted de contar en cuanto a carteras repletas de petrodólares para financiar sus actividades proselitistas.
Así está Venezuela, sumida en las desgracias que relató el dictador que partió el siglo XX en dos, antes de ingresar al poder un colega militar. Es tiempo de Unidad, de superar a los partidos y de que la ciudadanía confluya en una opción que colabore en la depuración de las devastadoras hemorragias que sufre la administración nacional.
Tiempos de cambio y no de lamentos, tiempos de votar y vencer en democracia. Paz y libertad.


Ángel Arellano
Email: asearellano@yahoo.es
Twitter: @angelarellano
www.angelarellano.com.ve

lunes, 4 de febrero de 2013

Cheques trasatlánticos




Apenas 252 meses atrás, Venezuela vivía el único golpe de Estado en su historia que tiempo después se ha tratado de vestir con atuendos de legalidad.
A los que somos jóvenes y no comprendimos lo que sucedía en el país el 4 de febrero de 1992, nos han querido construir desde el Gobierno actual una fábula de heroísmo y corazones latentes por la Patria. Una lucha que se disputó en contra de la democracia enferma que estaba destinada a muerte por la incomprensión nacional de las medidas económicas emanadas durante el segundo periodo de Pérez.
Los chavistas hoy recopilan en extensa bibliografía la necesidad de ese fallido atentado contra la democracia, alegando que las diversas situaciones en el devenir del Golpe no colaboraron a tener en aquel momento el deseado gobierno que hoy en ejercicio pleno se ha desarrollado durante 14 años ininterrumpidos.
Sin embargo, sabemos que pese a no ser espectadores en primera fila de lo sucedido hace 21 años, conocemos los principios alegados por los protagonistas de la intentona: Rechazo a las políticas neoliberales de Pérez, la represión en el Caracazo, la sumisión de las Fuerzas Armadas a un liderazgo político incompetente, las bajas condiciones socioeconómicas de las tropas y la corrupción en los altos cargos del poder público.
La corrupción fue, en esencia, el leitmotiv de los alzados para justificar su proceder. El desprecio hacia las “cúpulas podridas” fue el alegato más constante en el desenvolvimiento de los hechos y en la etapa posterior.
Hoy cuando Venezuela recuerda otro año más de este suceso en nuestra accidentada democracia, el primero bajo la incertidumbre de la desaparición pública de Chávez, la muy vigente corrupción oficialista hace un estrambótico alarde internacional: un cheque no declarado de 300 millones de bolívares portado por el ex ministro de finanzas de Irán, Tahmasb Mazaheri, fue interceptado en el aeropuerto de Düsseldorf, Alemania.
Vergüenza nacional. Otro escándalo de esa corrupción que tanto denunciaron quienes atentaron contra el Estado de Derecho en el pasado. Aunque ya Miraflores trazó un cuento de amores sobre esa “olla” montada por la oposición del incaute al hasta 2008 miembro del gabinete de Mahmud Ahmadineyad, comienza la investigación de la aduana alemana ante un factible hecho de lavado de dinero.
Es pertinente dejar claro que el Estado Alemán no tiene nada que perder en esta delicada situación. Un procedimiento de rutina dejó en exposición la capacidad que tienen los aliados del PSUV para intentar burlar las fronteras del Mundo.
Ya salieron alegatos al viento de que ese dinero era para construir unas 10.000 casas. ¿Cómo? si este señor Mazaheri ya no es funcionario en ejercicio del gobierno iraní. La perorata trasciende entonces en que la Misión Vivienda Venezuela  cancela compromisos en cheques transatlánticos. ¿Cuántos pagos de este calibre, en manos tal vez de cubanos y otros pares del chavismo, habrán cruzado las aduanas sin problemas?
A la juventud de hoy, que lee, estudia y se forma para el futuro, le queda claro con esta breve interpretación, que ninguno de los postulados que guiaron la puesta en escena del Golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, han sido reivindicados.
Nuestra hiperinflación se traga lo labrado en el día a día. Neoliberal el gobierno que condena a su pueblo a la pobreza, y hoy lo vemos sin rumbo claro, ansiado aun de controlar el poder. Somos la nación más corrupta de Latinoamérica, donde como diría el Presidente de la Academia de Economía nacional, Pedro Palma: “lo más barato después de la gasolina es el dólar a 4.30 Bs.”. Absurda e infausta, pero realidad al fin.

Ángel Arellano
Twitter: @angelarellano
www.angelarellano.tk