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miércoles, 7 de agosto de 2013

Paracaidismo y maquillaje


Todos cómodos en sus respectivas butacas porque en el quirófano de país inició el proceso de postulación para las 335 alcaldías y sus respectivos concejos municipales.
El gobierno dio inicio a este magno evento con rasgos propios de un reality show. Sus primeros nombres para ciudades que generan altísima opinión pública no son otros que el animador Wiston Vallenilla para Baruta, el también presentador de televisión y filósofo Miguel Ángel Pérez Pirela para Maracaibo, el pelotero Antonio “El Potro” Álvarez para el mirandino municipio Sucre y su colega beisbolista Magglio Ordoñez para Puerto La Cruz.
A todos los une una genuina característica. Más allá del profeso amor por Chávez y la naturaleza propia de paracaidistas, están ligados por la sencilla razón de que ninguno vota, ni reside, en los municipios encomendados.
Aunque la plataforma comunicacional chavista financiada con el Presupuesto Nacional buscó desmontar cualquier matriz negativa amparándose en el relevo que significan estas promesas “juveniles” para el país, no hubo trinchera que guardara el descontento generalizado en las bases rojas por el aterrizaje forzoso de estos recién llegados.
El oficialismo convulsiona. Tanto líder de base, tanto consejo comunal, comunas y publicidad gastada en “El Pueblo” para terminar nombrando sólo a personajes con tarjeta VIP en el salón de los enchufados. Es imposible no pensar en un revés impresionante para el 8 de diciembre. El pase de factura y el salto de talanquera volverán a colmar primeras páginas de esta Venezuela herida.
No falta quien considere que hay movimientos de Miraflores, o de Diosdado (no sabemos a ciencia cierta quien tenga más voz de mando en la agenda) que se anclan en la directriz de sacar del medio a cuadros bien vistos dentro del gobierno. Algunos sectores han reconocido la labor de Dante Rivas frente al Saime, INTT y ahora Minamb; así como la de Francisco Garcés frente el Ministerio de Transporte. Pero el gobierno penaliza aquel que pueda ejecutar una maniobra con un milímetro de amplitud o eficiencia. Así han salido muchos, para darle paso al maquillaje y al secador.
Los meses que restan de este turbulento 2013 carecen de matices de recuperación económica. Mientras exportamos unos $615 millones al imperio capitalista, importamos de ahí mismo unos $12 mil millones.
Maduro adolece de escasez, inseguridad, inflación. Trata de resolver los problemas aupando tempestades en las instituciones nacionales cavando una profunda tumba. No es amigo del empresariado, ellos sólo "han de tragar sapos vivos para mantener sus negocios pero no le comunican un ápice de legitimidad al hombre que vegeta en Miraflores", como diría Carlos Blanco en reciente texto.
Y para mal de males, la lucha contra la corrupción desplegada rimbombante en televisión es resumida en una breve y rodada mancheta: “Que Maduro marche contra la corrupción es como que Maradona proteste contra las drogas”.
Arrancaron, ahora sí, las municipales. No exclamemos “¡vamos a ver qué pasa!”. Sería cobarde e irresponsable. Reiteremos: “A participar todos, no dejemos espacios vacíos”. Salud y paz.


Ángel Arellano
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domingo, 28 de julio de 2013

Nuestro maizal en bancarrota


          Al ver luz estas líneas ya todos los espacios publicitarios del país fueron inundados por imágenes del difunto Hugo Chávez en su 59 aniversario. Pocos desaparecidos celebran su cumpleaños. Pero aquí, en tierra de nadie, donde sólo manda el desalmado y corrupto ramplón que ostenta la chapa poderosa, las urnas soplan velas.
            Tan patética como siniestra se presenta la realidad de la industria venezolana. El legado de Chávez a la Patria de Bolívar fue la bancarrota. La trágica y degradante situación de las finanzas nacionales humillan nuestro sentir más republicano, porque hoy día somos tan dependientes que hasta para exclamar, el gobierno debe pedir permiso a unos pranes antillanos pedigüeños.
            El maíz, un rubro necesario para el país de la arepa, está tan por el suelo que no generamos a la comunidad internacional otra reacción distinta a la burla. Solo un progresivo aterrizaje forzoso sería el esquema más acertado para explicar el bajón de una nación que hoy no exporta nada y que su mercado se mueve al ritmo de los gestores que cuadran las divisas en los círculos adyacentes a Cadivi y el estrenado Sicad.

            
Todos esperan un gajo de dólares porque la nutritiva tierra criolla está perdiéndose en tala, quema, químicos y basura. Decadencia, perversidad. Es más económico importar maíz que producirlo en suelo patrio. Cuesta 2,2 Bs. colocar en el mercado un kilo de maíz, pero traerlo de afuera sólo necesita 0,8 Bs. La falta de tecnología, apoyo financiero al agro, expropiaciones y retaliación contra el empresariado, nos ha llevado a este lamento. En eso hemos andado los últimos años.
            Para 2007 Venezuela producía 2.440.778 toneladas de maíz e importaba 546.112. En 2012, el año de la explosión del consumo por la hemorragia de divisas que aseguraron la victoria de Chávez en diciembre, la  conclusión fue una producción de maíz de 2.459.513 toneladas y otras 2.411.443 traídas del extranjero. Poco más de 48 mil toneladas de diferencia.
            En seis años la producción del rubro más importante en la dieta del pueblo no ha subido un solo peldaño. Sin embargo, las importaciones sí. Es casi lo mismo lo hecho aquí que lo hecho allá. ¿Soberanía alimentaria? Farsa, absurdo. Acabaron con el aparato productivo construido al calor de las familias venezolanas para llenar los puertos con granos de maíz traídos de países en mejores condiciones “a petrodólar limpio”.
            Los gringos, los afamados enemigos de la humanidad, publicitados más por sus impertinentes enemigos que por su maquinaria comunicacional, producen 6.818 kilos por hectárea de maíz al año: primeros en el mundo. Argentina suma 4.672 kilos por hectárea de maíz y Uruguay, un país de apenas 176 Km2, produce 4.587 kilos por hectárea. Paradójicamente la Venezuela de Chávez y su chavismo sin líder, sólo produce 3.556 kilos por hectárea en una extensión territorial cinco veces mayor a la del Uruguay.
            El 49,5% de las arepas que nos comemos son hechas con harina de un maíz Brasileño, Estadounidense, Argentino, pero no venezolano. 691.498 hectáreas fueron cosechadas en la tierra de Bolívar en 2012. Estimaciones hechas años antes de que la Revolución se instalara en Miraflores, proyectaban mucho más para la fecha. Pero al igual que la producción de petróleo, la de maíz nunca subió. Bajó o se mantuvo a los niveles de la mal llamada Cuarta República.
            Eso, entre otras cosas, festejamos en el nombre de Chávez. Gobierno sordo, indolente. A pesar de que Fedeagro asegura que invierto solo el 15% del dinero que gastamos importando maíz podemos reflotar la cosecha nacional, para el chavismo eso es muy lejano. Mejor es guisar puerto por puerto, contenedor por contenedor. Y ahí vamos.

            Ángel Arellano
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lunes, 22 de julio de 2013

Chávez dolarizó Venezuela

         
             La selección de básquet de la República Bolivariana de Venezuela se va a Miami a entrenar en modernas instalaciones imperialistas. No lo hacen en su tierra natal por múltiples razones. Entre ellas, el socialismo carece de infraestructura de primer nivel para ofertar a los deportistas de la patria un terreno adecuado con el que prepararse.
            Tan sencillo como que Miraflores develó en las encuestas que su reciente mini apertura con los EEUU, nombrando a Calixto Ortega y cambiando de tema de conversación haciéndose los locos, fue tan mal vista por el sector conservador y ultra radical del chavismo (liderado por Diosdado Cabello), que decidió darle otro fogonazo a las relaciones con nuestro proveedor de 180 mil barriles diarios de gasolina.
        Venezuela tiene rato, bastante, caminando por los senderos de una dolarización obligada. En el único rincón del planeta donde el bolívar tiene algún tipo de aceptación es en Colombia y por razones de un intercambio comercial donde todos salen beneficiados menos nosotros. Nuestra moneda es muy bonita, pero sin ningún valor.
            Cadivi tiene el dólar en 6,30 Bs., Sicad 11,7 Bs. y el paralelo ya usted sabe la altura por la que sigue volando sin parar. Triplicando. Dependemos en todo ámbito de la vida tal y como la conocemos, de una moneda que tiene impreso no el rostro de Simón Bolívar, sino el de George Washington.
             De niño no recuerdo una conversación en casa sobre dólares, mercado negro, cupos de viajero. De eso no se hablaba en este país. Donde yo nací comíamos sardinas de Sucre, carne del oeste de Anzoátegui y pescado de toda la costa oriental. Ahora todo es importado, con precios sumamente estrambóticos. Todo lo traen de afuera, tenemos un paladar turista pero sin medio en el bolsillo para viajar de verdad.
La ola de escasez es tan soberbia que un joven programador venezolano creó una aplicación para teléfonos inteligentes donde puedes ubicar qué establecimiento tiene productos de primera necesidad desaparecidos de los anaqueles.
            El 95% de nuestra economía depende religiosamente del dólar. No hay de otra. El resto es deuda pública y uno que otro negocito que produce a cuenta de bolívares y una poca materia prima que todavía pare la tierra criolla.
            En 2012, el año de la imparable gastadera, de $35 mil millones pensados para nutrir de divisas la dependiente economía venezolana, $56 mil millones ingresaron al mercado. $21 mil millones que se fueron por la rendijita del Sitme y otras jugadas maestras en bonos, títulos y papeles con sumo valor internacional. Hasta el economista de este parapeto denunció eso. Nadie escuchó a Giordani. Nadie destapó la olla porque todos iban a salir quemados con el vapor.
            No es un hecho aislado que el Fondo Chino haya sido desbancado recientemente con la coima de $85 millones. En Venezuela hay peces sumamente más gordos. Peces alimentados por Chávez, engordados por la Revolución Bolivariana que los mantuvo hasta que esta cosa que tenemos como país se secara a este nivel.
            Va mal hablar de un difunto, pero las cosas hay que decirlas como son. El plan de Chávez, la jugada del retruco, no fue otra que la sumisión absoluta. Total. Sin perder el bochinche diario del agua ardiente o la parranda, se ha venido apretando tanto a este país, que hasta el mismo gobierno no tiene como aguantar su corruptela. Ahí está la Gloriosa Misión Vivienda, bajó en los primeros tres meses del año un 39% la construcción de casas. Sigue descendiendo estrepitosamente, sin aparente muro de contención.
            Todo depende de San Cadivi y San Sicad. Todo mundo les enciende una velita. Todo mundo busca un contacto ahí dentro. Chávez que tanto habló de Bush y luego de Obama, arrastró a Venezuela al proceso de dolarización y arrodillamiento más vergonzoso de nuestra historia. No avanzamos un solo paso. Retrocedimos mucho, eso sí. Paz a sus restos.



Ángel Arellano
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