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martes, 16 de julio de 2013

Cuidando el Cerro El Morro



           ¿Sabía usted que el 99% de la basura en el Cerro El Morro de Lechería es doméstica? Sí, doméstica. Es decir, botellas, papeles, bolsas, recipientes de plástico, tela, latas, y todo lo que usted pueda imaginar que el ciudadano común puede lanzar a la intemperie a través de la ventana de su vehículo, caminando, trotando, en bicicleta o aquél cómodo enemigo de la sociedad que coloca las bolsas de basura bajo las estrellas, esperando que la metástasis de sus desechos acaben con un ecosistema antes limpio y de necesaria referencia turística nacional.
            Pues esta incógnita la hemos desarrollado en una mesa de trabajo en el Gobierno Municipal de Urbaneja, espacio de debate en el que se han incorporado opiniones de vecinos, deportistas y visitantes de Lechería que miran con preocupación la creciente proliferación de basura en este monumental espacio natural.
            Desde que he tenido la dicha de residir en Lechería y más recientemente trabajar en el equipo que administra la gestión de su Alcaldía, he podido perder la cuenta del número de operativos que han realizado en este sitio hoy destinado para el deporte. Mucho se sabrá, siempre es bueno refrescar el recuerdo en nuestro desmemoriado país, que bastante daño se hizo al Cerro El Morro con el agregado de desarrollos urbanísticos que carecieron de planificación para el futuro y hoy son grandes las penas pagadas por esta imprecisión que benefició sólo el bolsillo de un puñado de personas que hoy no ostentan la palestra institucional, más sí política.
Ante esta incesante preocupación social, vale reivindicar la pregunta con la que abrimos el artículo de esta semana: el 99%  de los desechos que reposan en los suelos del Cerro El Morro son domésticos. Propiedad exclusiva e intransferible de aquellos que olvidamos los valores del hogar para acabar con un patrimonio turístico. Y me incluyo, no en un acto de querer flagelar la opinión que quien humildemente escribe y opina, sino porque seguramente en algún momento de esta vida me equivoqué y tiré una lata de refresco o un pote de agua en este escenario natural.
Sin embargo, las toneladas de basura que ahí reposan no se deben a falta de atención o carencia de tránsito del servicio de aseo urbano. Al igual que la penosa final de Marinos versus Cocodrilos donde me salvé de un botellazo en la cabeza, lo que está escaso ya no es el plástico de las bolsas de basura, sino la conciencia civil y ciudadana.
Hago esta aclaratoria, bastante desaliñada con la tónica semanal de este papel, para que reflexionemos en cuanto a nuestra participación en la sociedad. A veces como vecinos nos sentidos desconvocados, desinformados, no avisados, pero olvidamos el sentido ciudadano de estar al día con el acontecer local, ese de primera mano. Muchas veces por falta de tiempo, otras por falta de intención. El asunto es que la pérdida de iniciativa es lo que se está llevando a media humanidad a su punto de inicio: la nada.
En un lugar diseñado por Dios para la historia, hoy miles de deportistas, atletas de calle y familias enteras se pasean a diario para compartir un amanecer o un exuberante atardecer, pero bastante que queda atrás el vaso de jugo o el paquete de la galleta. Visitantes, turistas o personas que pasean suben y estacionan en la copa que domina la vista sobre la bahía de Pozuelos y las playas de Lechería, pero enorme es el número de botellas y pare usted de contar en el sitio. Papeleras, papeleras, papeleras. El municipio que más gasta en papeleras en el estado Anzoátegui es el que también invierte más en limpieza con barredores por su falta de uso práctico.
Los espacios naturales hay que cuidarnos, indistintamente de los matices críticos que nos alejen de esta percepción individual, somos mejores ciudadanos cuando colaboramos y participamos en nuestro entorno. Asumiendo el compromiso y materializando la iniciativa de tener un hogar mejor. Así le ganamos terreno a las acciones negativas que nos separan del avance en el que se montó América Latina pero que Venezuela aún no toma la cola ni fiada, por el semejante mamotreto de gobierno que reposa la pea en Miraflores. Cuidemos lo nuestro. Mi abrazo para todos.


Ángel Arellano
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martes, 9 de julio de 2013

Pepe, háblale al Maduro



Alebrestaba una cumbre por allá en Río de Janeiro José Pepe Mujica en junio del año pasado, diciendo cosas como esta: “En mi país (Uruguay) hay tres millones doscientos mil habitantes, pero hay unas 13 millones de vacas de las mejores del mundo. Unas ocho o nueve millones de ovejas estupendas. Mi país es exportador de comida, de lácteos, de carne. Es una penillanura, casi el 90% de su territorio es aprovechable”.
Coloridas palabras para una de las interpretaciones contestatarias más importantes del año pasado en Latinoamérica. Su trascendencia desencajó a muchos conservadores en la región, pero generó expectativas positivas en los mercados locales. Porque si algo sabe el Pepe, como cualquier otro miembro pleno del Mercosur, es que si no se trabaja con la empresa privada, a nada se llega y sales disparado como corcho de botella. O cómo le dijo en algún momento de este mismo año en curso a su amigo Nicolás Maduro, “quedas como leche al vino”.
Consejero del “mientras tanto”, Mujica glorifica los avances uruguayos en el agro y su importancia en los mercados internacionales. Pero su defendida Revolución Bolivariana no ha hecho nada para siquiera semejarse a las potencias del sur que engloban la quinta economía más importante del mundo.

En mayo del corriente, el Gobierno Nacional aumentó en 20% el precio que controla las ventas de carne, pollo y leche. Al corte de los primeros nueve días de julio se ha aumentado en 9,4% la importación de carne. En lo que va de 2013 la inflación se registra así: enero 3.3%, febrero 1.6%, marzo 2.8%, abril 4.3%, mayo 6.1%, junio 4.7%. El subdesarrollo tiene tan colmada a Venezuela que tenemos las reservas de petróleo más grandes del mundo pero importamos algo más de 200 mil barriles diarios a EEUU.
Señor Mujica, mi país no exporta ni la leche de las chivas que en los llanos mueren por la sequía amen de la falta de sistema de riego en nuestras muy extensas sabanas. Tenemos bastante más terreno apto para el agro que Uruguay, pero traemos carne, pollo, caraotas, café, arroz y azúcar de todos lados menos de nuestro campo que está mucho más deteriorado que los territorios árabes en conflicto.
Apreciado Pepe, es bueno que usted, reconocido como “el Presidente más pobre del mundo”, por sus muestras de humildad y desprendimiento material, hable con su homólogo que en proeza tan tramposa como ilegítima, se hizo con la silla de Miraflores, para que “le baje dos” en verdad verdad a los incrementados gastos suntuarios que desde las full equipo partidas del Despacho de la Presidencia, se despilfarran por el mundo como si fueran caramelos en Carnaval: “quieren la cancha y los cuatro reales”.
No en vano de reojo se ve el rechazo internacional de tan mal hablado y poco original dirigente político. Maduro no levanta ni polvo. Sólo consigue tararear canciones con adeptos que logró el difunto Chávez a través de la petrochequera que hoy está viviendo una catastrófica deuda negociada con China y a punta de títulos en valores de la República misma.
Si en Uruguay la política del gobierno fuera expropiar haciendas productivas, industrias nacionales e internacionales eternamente establecidas
y servicios que por muchos años funcionaron bien, esos 3.200.000 habitantes estuvieran como sus hermanos venezolanos, migrando despavoridos al resto del Planeta o haciendo de buhoneros, en la zozobra de una inseguridad generalizada que no respeta siquiera a una madre junto a su hija que recibieron más de 50 impactos de bala por Guardias Nacionales que están en la calle trabajando por una Patria que está tan insegura como traumatizada.
Snowden no es nuestro tema. Sólo representa una cortina de humo para huir al espanto de la escasez y la quiebra económica que sumerge a Venezuela.
En el fango de la ineptitud y el desprestigio se mueven nuestras instituciones democráticas. No hay justicia ni resguardo al disidente. Tan perseguidos los contrarios como los inocentes. Si no eres boliburgués no cuentas con la protección del sistema. Basta saber que en el estado Anzoátegui hasta diciembre del año pasado el 60% de la Policía Regional hacía labores de escolta según denunció la rectora de la Universidad Experimental de la Seguridad.
Pepe, favor háblale al Maduro, que mi país se fragmenta en pedazos de odio mientras el tuyo crece. Venezuela navega en aguas profundas cuya orilla sería una guerra civil y el tuyo disfruta de mayor crecimiento turístico. Aquí las oportunidades ni calvas las pintan. Colabóranos y no seas parte de esa América Latina que olvida que Venezuela estuvo ahí con su brazo democrático cuando ellos más lo necesitaron.


Ángel Arellano
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lunes, 1 de julio de 2013

Sociología del whisky


          El whisky, una adoptada bebida patria. De los monjes irlandeses saber que Venezuela iba a estar entre los ocho primeros consumidores del mundo de su religiosa bebida fermentada, capaz en la época de la colonización hubieran migrado masivamente. Somos el mayor comprador de América Latina, por tanto, si me lo permiten, me atrevo decir que es un asunto de Estado.
            Los fenómenos sociológicos son aquellos acontecimientos que impactan en cierta manera, positiva, negativa, constructiva, destructiva u ordinariamente, la vida de las sociedades, asentándose en ella en un período de tiempo que sólo esta colectividad determina.
            Como sociedad, hace años Venezuela determinó que era el whisky el marcador de muchas pautas nacionales. En el ideario nacional se premia no al padrino que alquiló el festejo, ni el papá que compró las costillas para la parrilla, o la madre abnegada que hizo los bollitos, yuca asada o laboriosa ensalada con suculento aderezo, sino al tío que se apareció con las botellas de whisky. ¡Aplausos para el tío! ¡Busquen la mejor silla que llegó el hombre con la caña! Así es la patria de Bolívar, ¿o me equivoco?
            Sin embargo, como en la actualidad hasta lo más sagrado ha sucumbido a las deformaciones de una trastada económica que se puso hace ya trío de décadas, afincada a toda mecha en los últimos tres lustros, la inflación disparó con fuerza esta costumbre venezolanísima.
            Somos la nación con mayor tasa de homicidios por cada mil habitantes, y también la que más litros de whisky consume per cápita en toda la región. Ni los superávits chilenos, crecimientos colombianos o peruanos, éxitos panameños o agigantados pasos mexicanos, nos han superado en esto.
            El ciudadano venezolano promedio, humilde y sin mucho que ofrecer en la sencillez de su hogar, aspiraba en navidad poder comprar un par de ejemplares de 12 ó 18 años para adornar la mesa y compartir en familia. Esta navidad se verá los cambios, la escasez y altos precios transformarán la dieta líquida de fin de año.
            Apenas el pasado diciembre en Margarita con 90 ó 100 Bs podías comprar una botella raya roja para completar la fiesta. Ese “algo especial” hoy oscila en el mismo anaquel por algo más de 250 Bs y en tierra firme supera cómodamente los 440 Bs. Una botella de lujo azul, dorada o con impactante estuche llamativo ya superó el sueldo mínimo nacional. Tenga usted una idea de a dónde llegan estos linderos.
            Escuché mucho en la calle: “cuando el gobierno se meta con la caña ahí sí es verdad que se va a caer” o “con mi caña no te metas, Chávez”. Lo cierto es que no sólo se metieron, sino que alteraron ese fenómeno sociológico hasta 2012 bien cuidado pero que en la precaria gestión del “mientras tanto” se ha deshilachado cual hoja de palma.
            En 50% ha descendido la venta de este tipo de licor según la Asociación de Licoreros de Caracas. Las divisas entregadas a cuenta gotas reducen el nivel de importación. Por eso la gigantesca afectación en la cultura venezolana. Dirán los bebedores, ¿qué carajo es lo que se produce en Venezuela? Pues ron. Nadie nos manda a enamorarnos de líquidos dorados escoceses.
            En lo que va de 2013 el ron se ha ubicado como el licor de mayor crecimiento nacional. Aunque sus precios suben en proporciones iguales a la cerveza y otros productos, sus presentaciones Premium se perciben hoy en el mercado como una oferta de “estatus”. Ese mismo “estatus” que la gente aspira al tener un vaso de whisky en las manos. Y por ahí va la cosa. Sociología venezolana, de la frustración a la adaptación. Todo menos dejar de tomar. Será con ron que pasemos estos ratos amargos.



Ángel Arellano
Twitter: @angelarellano