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miércoles, 2 de diciembre de 2015

Hugo Chávez, el protagonista de la campaña oficialista en Venezuela

  
Los candidatos del Gran Polo Patriótico y la imagen del propio Nicolás Maduro, no existen en la propaganda electoral. La estrategia adoptada por el gobierno de Venezuela de cara a las próximas elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, ha sido reforzar la identidad chavista y estimular la recordación de los tiempos de “victoria” de la Revolución Bolivariana.
La épica del discurso oficialista, creada a partir de imágenes alusivas del líder carismático en distintas facetas, persigue el reagrupamiento de la base chavista, toda vez que los números más optimistas del gobierno le otorgan apenas un 40% de intención de voto, sobre un 58 y hasta 65% que las encuestadoras dan hoy en día a la oposición.
La presidencia de Nicolás Maduro ha sido por demás accidentada. Desde su inicio, tras una elección que levantó gran polémica por su legitimidad y microscópico margen de victoria (1%), la popularidad del heredero chavista no ha superado el 39%, según refiere un estudio de la empresa Hinterlaces, consultora cercana al gobierno. No obstante, la firma Datanálisis afirmó el 20 de noviembre que la aceptación del mandatario apenas alcanzaba el 22%, por lo que el sector oficialista, a tres semanas del día D, se enfrenta a su adversario con un líder que no reúne la mitad del apoyo que tuvo, en su peor momento, el difunto Hugo Chávez.
Ante esta situación, el Gran Polo Patriótico ha dirigido una propuesta propagandística distinta a las anteriores 14 contiendas en las que ha participado el chavismo. En los avisos no aparece el nombre de los candidatos ni algún dato referencial a la elección. Optaron por la imagen de Chávez, un mensaje emotivo y la tarjeta del partido afiliado al GPP. Vale decir que algunas organizaciones dentro de esta coalición han incorporado algunas modificaciones a sus artes, sin embargo, el que se impone, potenciado a través de todo el aparato comunicacional del Estado, con gran énfasis en las emisoras de radios comunitarias y públicas, así como en la red de canales de televisión y portales web institucionales, es el antes mencionado.
El eslogan de la campaña roja comulga con la épica construida a partir de la reinterpretación de la historia, según el punto de vista chavista: “somos un pueblo valiente”. Anterior a este, la precampaña, en el mismo aire, estuvo marcada por la frase “Solos somos una gota, unidos el aguacero”. El GPP intenta persuadir a los electores del gobierno que a raíz de la profundización de la crisis económica y las deterioradas condiciones de vida del venezolano, se han manifestado inconformes con el gobierno. Tengamos en cuenta que los números de rechazo han ascendido hasta un 82%, cifra sin parangón en los últimos 16 años.
El “pueblo valiente” es llamado a defender la Revolución usando como carnada la sobreexposición de las misiones sociales y los logros más importantes de la gestión de Hugo Chávez. Como refiere un artículo publicado por los periodistas venezolanos Álex Vásquez y Franz von Bergen, “todas las propuestas siguen la misma línea: reforzar el carácter épico del movimiento chavista y la idea de que siguen una misión y un objetivo que van mucho más allá de la coyuntura actual y sus problemas, como una inflación que economistas estiman que cerrará por encima de 180% en 2015”.
Entre octubre y noviembre, como antesala a la campaña electoral, la administración Maduro aumentó el salario mínimo en 30%, incrementó la entrega de viviendas y vehículos subsidiados, y otorgó 110.000 pensiones para potenciar su mensaje de “no permitir que roben las conquistas sociales del pueblo”.
El reto del chavismo es cerrar la brecha ante su oponente, una oposición que tras sortear diversos tropiezos, luce cohesionada electoralmente bajo el eslogan “Venezuela quiere cambio”, y usa, como principal insumo de campaña, un contexto ineludible: la dramática situación nacional marcada por la escasez de alimentos y productos básicos.


lunes, 3 de noviembre de 2014

El reto de 2015


            Como en el camino hay de todo, no ha faltado quien obvie las elecciones parlamentarias de 2015, un episodio en el que inicia una nueva legislatura sin el predominio del Presidente Chávez y con un gobierno cuyos índices de aceptación se muestran tan por el piso que atreverse a levantarlos será un acto de encantamiento, suerte de reedición del “Dakaso”, en el que optarán nuevamente por poner el cuchillo en la yugular del país sin importar las consecuencias.
            La crisis nacional, la de la escasez, la del lamento por no conseguir los remedios para subsistir ni la medicina para curar la fiebre, mantiene la nube negra de la frustración sobre todos nosotros. Vivimos en ese pasaje de Doña Bárbara: “y la noche se echó sobre el rancho de Juan el Veguero… Donde un hombre tuvo unas vacas y se las robaron quienes debían protegerlo. Y tuvo tres hijos, que se los mataron el brujo, la culebra y las fiebres”.
            La última encuesta del IVAD evidencia la consolidación de la superioridad numérica de los opositores por encima del régimen vigente. Confirma lo que se ha gestado en los últimos meses: el rechazo más profundo a la gestión de Nicolás Maduro y del chavismo. La muestra, terminada el 17 de octubre, expone que 49,3% de los venezolanos quieren a los candidatos de la oposición en la AN y sólo 27,4% a los del oficialismo. 50,2% de los encuestados se identifican como opositores y 30,3% como oficialistas.
Mientras la canasta alimentaria familiar mensual brincó el cerco de los 25 mil Bs., Maduro decretó aumento de salario exclusivo para los militares por un 45%. Sin fracciones ni espera, de un solo guamazo. Distinto de los incrementos que dan al pueblo raso: primero 10%, luego otro 10%, después un 5%, y así… El hombre de los pajaritos rechazó las críticas a esta medida y dijo “defender a la Fuerza Armada por encima de cualquier cosa”. Es evidente el temor.
La informada periodista Marianella Salazar, haciendo alusión al triunfo de los colectivos armados en la expulsión del gobierno del ex Ministro Rodríguez Torres dijo, luego de corroborar con sus fuentes: “Lo que viene no es precisamente joropo sino enfrentamiento entre grupos de poder. Léase: colectivos vs FANB”.
En el caso de las parlamentarias, dentro del plan chavista está filtrar al máximo su gruesa lista de aspirantes para incorporar a rostros jóvenes de la revolución, muchachos de hacer el mandado, pues pocos, por razones obvias, han desarrollado independencia, personalidad y autonomía de vuelo en los vientos áridos del claustro gobiernero.
El PSUV se prepara con intensidad para la prueba de 2015. Su mayor reto es volver a tener mayoría de diputados gracias al sistema electoral actual que prioriza la sobrerrepresentación de las tarjetas únicas. En la maleta que llevaba la nana de Elías Jaua en la colita pdvesera a Brasil, además de la pistola que generó el escándalo, estaban algunos documentos que llaman nuestra atención. Cito el título de uno que debería resumir la ocupación del gobierno: “Elecciones Legislativas 2015 Documento Estratégico Asamblea Nacional Hacia una estrategia ganadora”.
Eugenio Martínez, en un análisis sobre el 2015, aclara: “No es cierto que la oposición obtuvo la mayoría de los votos en 2010. De ser cierto, el sistema lo hubiese sobrerrepresentado. En estricto sentido, lo que sucedió fue que los candidatos de la alianza opositora obtuvieron 47% de los sufragios (más afines llegó a 52%) y el PSUV capitalizó 48,5%”. El reto para ser mayoría, no sólo numérica, que ya lo es, sino en curules, es mantener la alianza en la tarjeta única y no permitir ninguna candidatura disidente o artesanal.
           
Ángel Arellano