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martes, 9 de junio de 2015

Nuevos ricos. Viejos pobres

 
        
         Mientras apunta con maestría el certero machetazo que corta un lateral del coco, el coquero ha resuelto sazonar la conversación con una frase popular: “ahora todos somos más pobres”. Quien espera la cocada es una cincuentona jubilada, de esas que el Estado abandonó a su suerte negándole el pago de sus prestaciones sociales por retaliación política.
            “¿Pobres?”, respondió la doña. “¿Dijo pobres? Ciertamente ahora somos más pobres, mi hermanito. Más pobres, porque nunca dejamos de serlo. Pero no todos son pobres con esta crisis. ¿O tú crees que nadie se ha llenado los bolsillos?”. El coquero extiende su mano, sirve la crema que mezcló en la licuadora y agrega un intento de arequipe hecho con azúcar que procuró por medio del bachaqueo a falta de leche condensada: “en eso la acompaño. Aquí todos los días llega gente que antes andaba mamando y ahora se bajan de camionetas ‘virgas’ de paquete. No como nosotros doña, que estamos mamando y locos”.
            Galeano reflexionaba en “Las venas abiertas de América Latina”, su obra más famosa, sobre la desigualdad de origen entre el nuevo continente y la vieja Europa. Parafraseo: si existen algunos ricos es porque hay otros pobres… otros muchos, otros en demasía; fuimos explotados por la existencia de unos depredadores que se lucraron a sus anchas; si perdimos fue porque otros ganaron. Tales expresiones quedaron confinadas a la penumbra. Ese fue el destino que el autor dio a su libro poco antes de morir.
            No obstante, vienen al caso las reflexiones sociológicas de Galeano por el punto en el que concuerdan la doña jubilada y el coquero: no todos somos pobres porque hay algunos que se hicieron ricos.
            Cuando Jorge Giordani, ministro y mentor de Chávez, comisario de la planificación y ejecución del “Socialismo del Siglo XXI”, dijo a la sociedad que los beneficiarios de la corruptela en el sistema cambiario estatal se habían robado 25 mil millones de dólares, quedó en evidencia la cualidad del régimen. Si hoy hay un vacío a falta de esos recursos (y muchos más) es porque otros los tomaron, y éstos, a diferencia del común denominador, no están sufriendo. “Se los están rumbeando”, sintetiza el argot popular.
            No hay hombre en el gobierno que no esté salpicado por la crónica diaria de la corrupción. No hay figura, por más impoluta y santa que pretenda mostrarse, que no aparezca en algún expediente, algún informe de un caso de desfalco al erario público. El chavismo tiene una nómica entera inmiscuida en la larga, larguísima, cadena de corrupción que ha patrocinado la Revolución Bolivariana. El socialismo socializó el atraco a las arcas del Estado. Gentes que antes eran mortales ahora sienten que compraron un puesto en el Olimpo con los petrodólares que labraron en el algún guiso. Ostentan, derrochan, restriegan en la cara de todos sus nuevas riquezas.
Si muchos estamos haciendo colas bajo el sol, angustiados por la escasez y agobiados por la desinversión en todos los sectores de la vida económica, es porque algunos no lo están. Y esos algunos son la causa del lamento. O no. No son la causa, sino la consecuencia. Pues, en resumidas cuentas, un sistema que ha promovido la división de clases, el odio entre hermanos, la extinción del empresariado y el extrañamiento de la productividad, sólo abrió las puertas a los amigos de lo ajeno, a quienes colocó en puestos de comando y son los ricos de hoy, los nuevos ricos. Mientras, los más, somos pobres, viejos pobres.

Ángel Arellano

lunes, 2 de marzo de 2015

Lo escaso y lo abundante

 

         El desasosiego abunda. La angustia se convirtió en el rasgo más característico de la crisis. Desde la distancia sólo se expresan preocupaciones y críticas en medio de la zona de guerra en la que se convirtieron los sectores populares y urbanizaciones producto de la delincuencia. Las avenidas y puntos de concentración son plazas de la represión política. A lo interno, el venezolano está cada vez más expuesto a un deterioro progresivo de su fuerza espiritual. La insania mental y pérdida de la fe son dos elementos recurrentes en los testimonios de las infinitas colas. Cada quien llora su relato buscando desahogar el descontento.
            También abunda la imprecisión. No son pocas las incoherencias del oficialismo, pero, para nuestra desgracia, no dejan de preocupar las del sector opositor. Incluso, son las que más inquietan, pues, en medio de esta hecatombe social, de este sinsentido desparramado a la mitad de la que los sabios han catalogado como la última década en la que el petróleo tendrá importancia, la propuesta alternativa se muestra difusa. Sin embargo, no podemos dejar de rescatar que hay un empuje colectivo, un impulso desde el rechazo a la crisis, reivindicador del liderazgo opositor. Quizá este manto no cubra a toda la dirigencia. Es posible que sea así y no hay razones para que sea de manera distinta: la actitud, la acción y el discurso varía en matices de acuerdo a las diversas posiciones que se muestran en la acera de enfrente. Lo que nos lleva a pensar, y a intentar creer, a veces con fervor, a veces escépticos, que hay una salida, un camino distinto por el que transitar.
            Inquieta la juventud. En los primeros 60 días de 2015 van siete estudiantes fallecidos, un centenar ya pasaron por las jaulas de las comandancias policiales y los que sufren la tortura de “La Tumba”, en el Servicio Bolivariano de Inteligencia, siguen desvariando por no tener noción del tiempo. Éstos últimos padecen desnutrición, frío intenso y lo que los expertos diagnostican como “torturas blancas”. “La Tumba” se mantiene cinco pisos bajo tierra, hospedando a los enemigos más incómodos del régimen.
            A propósito del Sebin, este organismo que en brevísimo tiempo se ha ganado el cólera de las mayorías nacionales por sus actuaciones al margen de la Ley y los abusos constantes contra ciudadanos disidentes, de seguir así, estimulando el odio y el rencor, intuyo que su historia puede terminar en una suerte de símil al ocaso de la Seguridad Nacional. Aquella institución perejimenizta se labró tanto la repugnancia de la sociedad, que terminada la dictadura miles de manifestantes quemaron sus sedes y liberaron los presos.
Recuerdo un cuento de mi abuelo. Él vivía en el 58 en Caracas y desde una azotea miró cómo el 23 de enero la gente prendió en llamas el cuartel general de la Seguridad Nacional. Apalearon funcionarios, arrastraron esbirros. La muchedumbre tenía muy presente las heridas que habían ocasionado durante años estos desalmados bajo órdenes de unos pocos que se enriquecieron y tras la primera turbulencia cogieron un avión y le dijeron adiós a todo el daño que hicieron. Esperemos que esta historia no termine así y se hagan notorios gestos de civilidad y perdón. No obstante, sí perturba que el régimen no crea en aquello de “quien a hierro mata no puede morir a sombrerazo”. Se abrigan en la impunidad, la misma que tienen más de tres lustros sembrando sin parar.
            A un liceísta le pregunté en la calle, justo antes de comprar unos cambures para la semana: “¿Qué pasó mi pana?, ¿cómo está la vaina?”. Tomó su tiempo y me dijo: “Escasa chamo, hasta la vaina está escasa”.

Ángel Arellano

martes, 1 de abril de 2014

A propósito de la antipolítica

          Para preludiar este breve comentario sobre un tema que una vez citado ocasiona prolongadas discusiones, quiero decir que aunque la antipolítica es la perenne condena a la incapacidad política para generar cambios en la sociedad, muchos de los notorios protagonistas de esta práctica han aprovechado los ríos revueltos como trampolín para hacerse un lugar en el estrado político.
            La situación venezolana, con sus tragedias y tensiones propias de la lucha entre el bien y el mal, ha dejado un mar de oportunidades para los críticos férreos, pescadores sin puerto, que andan quejándose de cuanta cosa se hace en la oposición y en el gobierno, sintiéndose sólo dignificados por aquellos que desde un fugaz atril mediático arremeten contra todo lo que ha costado construir.
Los movimientos estudiantiles universitarios, los partidos políticos tradicionales y emergentes, las asociaciones civiles y ONG levantadas a lo largo de años de lucha contra la desigualdad y arremetida incesante de 15 años de edificación de una dictadura, son parte importantísima en el restablecimiento de la democracia. Para impulsar un cambio hay que estar muy organizados y caerle a plomo las 24 horas a unas estructuras, que bien o mal aglutinan a un sector de la población, es rodar por el camino equivocado.
Digo esto a propósito de los voceros aparecidos, habladores del infortunio, que desenvainan improperios contra la posición de cierta dirigencia que no se alinea a la antipolítica. Unos segundos en CNN o el micrófono de un auditorio repleto de ciudadanos vulnerables al mensaje ultra radical, no pueden ser mayores credenciales para hacer política en un país tan dividido y devastado.
Es evidente que hay nuevas caras. Algunas, quizá aceptando el apoyo de corbatas desconocidas e infiltradas, salen envalentonadas a la palestra a arremeter contra Maduro, pero también contra quien lo adversa, sin plantear nada, carente de cualquier soporte organizativo. Voces repletas de crítica y cosas que decir, pero vacías de propuesta.
La antipolitica no saca dictaduras, las atrae y consolida. Si usted tiene la razón en algo, argumente, proponga y trabaje. ¿Qué propone la oposición? El regreso de la democracia y la institucionalización del país. ¿Tienen varias visiones? Sí, hay pluralidad y se debe empujar con fuerza para una sola agenda. ¿La MUD ha tenido mal desempeño? Sólo el 38% de los venezolanos la ven con buenos ojos en esta coyuntura y tiene que replantearse. ¿Falta un plan conjunto? Ciertamente, sin abandonar la calle y la protesta pacífica.
El gobierno no vive un buen momento. Se siente a gusto enlutando a la nación pero su base está confundida, divida entre radicales y “lights”. Según la última encuesta del IVAD el 53% de la nación está de acuerdo con solicitar la renuncia del Presidente y 61% con una Asamblea Nacional Constituyente. ¿Acaso más muestra de rechazo?
Ante esto, la actitud de todos los sectores políticos, estudiantes, jóvenes, profesionales, partidos, gremios, intelectuales y demás organizaciones, debe ser la de continuar la lucha en unidad. Buscar los puntos de encuentro en función de avanzar. Unión real, un fuerte pacto como alternativa a la dictadura y condenar la antipolítica, porque entre tanta desmemoria, suelen repetirse malas experiencias.


Ángel Arellano
Twitter: @angelarellano

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