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lunes, 31 de agosto de 2015

Yo conocí a Franklin Brito

 
         Ver a Franklin Brito convertido en un esqueleto, perdiendo facultades mentales y físicas a causa de un ayuno que no tuvo retorno, impresionó a todo el país. Fue expropiado, secuestrado y torturado. Su único anhelo era recuperar su propiedad, la principal garantía de la democracia. Chávez lo dejó morir. Cinco años después, Brito es un símbolo de la lucha por los derechos fundamentales de la sociedad venezolana.
                Septiembre del año 2009: diez jóvenes estudiantes universitarios del estado Anzoátegui y una joven de Monagas decidimos iniciar una huelga de hambre en las inmediaciones de la oficina de la OEA en Caracas. Finalidad: la liberación de Julio Rivas, joven carabobeño hecho preso en una manifestación estudiantil en la ciudad capital algunos días atrás. Varios días de ayuno nos hicieron ganar la atención del mundo ante la cruenta represión que Hugo Chávez iniciaba con el movimiento universitario que impidió la reforma de la Constitución de Venezuela un par de años atrás. A unos pocos metros del campamento de la huelga a la que se sumaron 146 jóvenes con el pasar de los días, yacía Franklin Brito, un biólogo y productor agropecuario del estado Bolívar que reclamaba el correcto proceder del Estado ante el solapamiento de parte de sus tierras y la aclaración de algunos turbios beneficios que quería otorgarle el gobierno.
                Los mecanismos de Brito siempre fueron radicales: llegó a cortarse un dedo en frente de las cámaras de televisión, se cosió la boca y cumplió siete huelgas de hambre. Sin embargo, en un país convulso y colapsado por un ambiente hostil en todos los órdenes, el grito de un hombre del agro parecía una hoja más en la selva… hasta que la noticia en la OEA tomó otras proporciones.
En el año 2004, Franklin Brito hizo su primera huelga en la Plaza Miranda de Caracas en protesta por la invasión en parte del terreno del fundo “La Iguaraya”. 2005, 2006 y 2007: años de disputas con el INTI y el TSJ por la revocatoria de las cartas agrarias de la propiedad de Brito. Incluso, fue emitida una indemnización de 150 mil bolívares con algunos beneficios sociales en el año 2008, acción cuestionada por el biólogo quien demandó el esclarecimiento de los fondos de esos recursos. El 2 de julio de 2009 inició una huelga de hambre en la sede de la OEA en Caracas.
Desde diciembre de 2009 hasta agosto de 2010, el caso de Brito ganó la atención de la opinión pública nacional y de la prensa internacional. Fue trasladado por la fuerza desde la sede de la OEA en Las Mercedes, hasta el Hospital Militar de Caracas. En enero de 2010 la CIDH dictó medidas cautelares para que se retirase a Brito del Hospital Militar y recibiera cuidados médicos por la Cruz Roja Internacional. El dictamen nunca se acató. El 17 de agosto de 2010 el peso de Brito era de 38 kilos y su masa muscular apenas alcanzaba el 10%. Falleció trece días después.
En mayo de 2011 los familiares de Brito fueron agredidos en las puertas del Ministerio Público en Caracas, cuando intentaban introducir un documento solicitando la investigación de los hechos que condujeron a la muerte del huelguista. El caso llegó a instancias internacionales aunque las recomendaciones y comentarios emitidos no fueron escuchados por el gobierno chavista.
El periodista Joseph Poliszuk, inició su Expediente sobre el caso con las siguientes líneas: “Cuesta imaginar que de un fundo perdido en el camino a Caicara del Orinoco salieron las patillas más grandes del estado Bolívar. Donde había yuca, melón y otras siembras, ahora lo que sobra es monte. El paisaje es único: la maleza hoy arropa casi todas las 290 hectáreas por las que Franklin Brito murió en huelga de hambre” (El Universal, 31-07-2011). “La Iguaraya” llegó a producir millones de kilos de patilla, ñame y otras frutas y verduras. Hoy es una tierra improductiva, peleada por invasores.

Ángel Arellano

martes, 1 de mayo de 2012

Potes de humo


Un Presidente que gobierna desde una isla a través del Twitter, a una nación con cuantiosos y profundos problemas de todo tipo, es el encargado de firmar la nueva Ley Orgánica del Trabajo durando un show televisivo muy acomodado y con características disímiles a las ya conocidas por Miraflores y sus palcos de prensa.
Tal como lo sostiene el periodista Nelson Bocaranda Sardi, en su conocida columna semanal, se cambió el habitual escritorio por un podio bastante grueso en el que era difícil observar con detenimiento el verdadero estado físico del mandatario. Sin muchos movimientos y con unos invitados bastante seleccionados, se llevó a cabo el evento por meses esperado.
Un discurso corto, no conveniente para el trascendental momento, con una voz que se quebró un par de veces durante la alocución, fueron rasgos que evidenciaron el mal estado de la salud de Hugo Chávez.
Así mismo, y como se estaba rumorando desde hace un par de días, otra noticia fue lanzada a la vorágine de opiniones que comenzaron a moverse en torno a su anuncio: la salida de Venezuela de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Inmediatamente diversos voceros salieron a su rechazo. Los noticieros abrieron con ambas informaciones desplegadas.
Delsa Solórzano, diputada al Parlamento Latinoamericano, exigió la evaluación oficial del comentario presidencial, tomando en cuenta que eso dejaría a la República sin protección internacional en materia de Derechos Humanos y que para separarnos de este ente tendríamos que también decir adiós a la Organización de Estados Americanos a escasos meses de las elecciones presidenciales.
La Convención Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San José de Costa Rica, firmada el 22 de noviembre de 1969, puesta en vigencia el 18 de julio de 1978 y que actualmente suscriben 25 Estados de América, resalta que para poder materializar una separación de la misma debe darse por lo mínimo un año de preaviso, lo cual da un carácter de “protección” al país por ese período de tiempo de formalizarse la ruptura por parte del Ejecutivo Nacional.
Sin duda, este anuncio accidentado y al que el chavismo le salió al paso para “analizar” es el pote de humo necesario para no desgastar tanto en la disputa televisiva el “aura” de la nueva LOT y pueda concretarse como una gran estrategia electoral.
En una especie de escapismo, Chávez una vez más coloca dos temas totalmente distintos en la palestra para que sean discutidos por el sector opositor: una Ley profundamente populista, sin consenso y que atenta contra el sistema productivo privado e inclusive público por sus desatinadas condiciones de colocar al trabajador por encima de la empresa misma, estableciendo una especia de dictadura del proletariado constitucional del siglo XXI; y un pote de humo blanco para advertir a la comunidad internacional el rumbo que tomará Venezuela de ganar Chávez el 7 de octubre separándose de CIDH, OEA y similares.

Ángel Arellano
Twitter: @angelarellano
asearellano@yahoo.es
www.angelarellano.tk