Aquí encuentras mi opinión, lo que pienso sobre Venezuela y el momento que nos ha tocado vivir. Lecturas, crónicas, artículos, relatos y crítica... Bienvenidos.

lunes, 9 de febrero de 2015

Escasez de buenas intenciones


         La radio es un vaso comunicante del quirófano en el que se convirtió el país. Todos los días, a toda hora, los pocos noticieros y programas que se atreven a dar informaciones independientes, incómodas y preocupantes, emiten sucesos alarmantes. Historias, que de no ser en Venezuela, fueran poco creíbles. La voz de un señor mayor expresa con vehemencia la intolerable situación de deterioro que muestra el sistema de salud público y privado en el país. Su cuento, que es el relato de todos los habitantes del quirófano, carece de esperanza, y, por el contrario, enciende las alarmas del menos atento.
Desde hace un par de años, los ruidos de la bocina han comentado el colapso de los hospitales y clínicas. La carencia de insumos, la falta de dotación, el alto costo del inventario y la migración de profesionales calificados ha sido el contenido de aquellos lamentos desatendidos que emiten sin descanso los representantes del sector. La situación inició el cobro de vidas de los ciudadanos que por alguna razón, producto del caos económico, no han podido tener acceso a la intervención médica. Más de 50 personas murieron esperando por el tratamiento para el cáncer, de acuerdo a las estadísticas de un solo hospital caraqueño. La misma enfermedad que se llevó al Galáctico (atendido en Cuba, con los mayores honores y gastos), y que hoy está esparcida por todo el territorio, es una de las que ataca con mayor fuerza la integridad de miles de venezolanos. Vivimos en la desesperación de no encontrar los medicamentos obligatorios para esta y otras recetas.
De 27 productos que exige el récipe de los pacientes con cáncer, se pueden encontrar en el país, con suerte, cuatro o siete. La importación, mecanismo de adquisición absoluta de estos insumos, está paralizada. El doctor Cristino García, presidente de la Asociación Venezolana de Clínicas y Hospitales, expresa que “hoy, 27 de enero, no hay una sola orden de compra colocada del sector salud privado”.
Para desgracia de todos, no hay medicamentos acumulados en galpones ni bodegas. El sistema de salud subsistió durante 2014 con las reservas de 2013, y éste a su vez operó con lo heredado de 2012 y el gigantesco despilfarro de dólares que posteriormente el Ministro de Planificación calificó como necesario para ganar las últimas elecciones presidenciales del Supremo.
            Las fundaciones dedicadas al trasplante de órganos han colapsado. Las asociaciones civiles que donaban medicamentos a hospitales y ambulatorios rurales eliminaron ese ítem de su programación anual. Cuando no quiebran y cierran totalmente, las clínicas desincorporan servicios especializados. Las farmacias que promovió el gobierno terminaron siendo un amasijo de burocracia, locales vacíos y tristeza.
El régimen no ha hecho ni hace nada para cambiar la realidad. Mejorar, o por lo menos estabilizar la situación, no está en la lista de prioridades. Con este panorama, el venezolano parte a buscar remedio a su dolencia, perdiendo un día de trabajo para revisar ocho, doce, quince dispensarios sin éxito. Volvimos a los brebajes, hierbas y menjurjes de antaño, persiguiendo cura a una desgracia que no cesa.
            Una señora mayor murió en la cola de una farmacia mientras esperaba para comprar la “pastilla de la tensión”, noticia que se desprende de aquel título: “falleció bebé de meses luego de trifulca en cola de Farmatodo”. La radio es atravesada por una frase fulminante. García sentencia el diagnóstico de lo que sucede con el gobierno y el sistema de salud: “La escasez es de raciocinio, de sentido común y de buenas intenciones”.

Ángel Arellano

viernes, 6 de febrero de 2015

¡Murió Zapata!


            Zapata se fue hoy por la madrugada. La noticia se conoció a mitad de mañana. Todos los periódicos, aun los que no querían hacerlo, informaron sobre su imprevista muerte tendiendo el manto del luto en toda la nación.
            Las redes sociales no cesaron en su ir y venir con imágenes alegóricas al ahora difunto. Los mensajes de conmoción por el fallecimiento del ilustre caricaturista impregnaron el “buenas tardes” y el “buenas noches”. Fue uno de los momentos en los que el país se unió en una afligida frase: “Lamentable lo de Zapata”.
            Nadie pensó que con el vigor de Pedro León en cada palabra, cada trazo, cada sombra, cada reflexión justa sobre el pensar popular, la muerte lo buscaría tan pronto. Se lo llevó a los 85, la edad en la que falleció Gallegos, dos años antes de que el tren pasara por Borges, que fue cuando pasó por Márquez, y uno más del tiempo que la vida le dio a Paz.
            Ahora, a Zapata le tocará ingresar, como siempre se supo, al salón de la fama que reposa en el imaginario del pueblo venezolano. Será recordado, reivindicado, leído, copiado, seguido. Su obra, esa vasta muestra de inteligencia expresada en pinturas, dibujos, párrafos, frases y sonetos, será más reproducida y estudiada de lo que ha sido hasta ahora (bastante, por cierto).
            Hoy los periódicos piensan la primera página de mañana. Pelean por quién explaya más una caricatura de Zapata, una silueta de su rostro o alguna de sus tantas muestras de cariño esparcidas por toda la geografía patria en murales, cuadros y ofrendas. La radio disputará un pequeño combate por colocar el sonido más reciente o el más antiguo de su voz. La televisión tendrá un torneo por el mejor micro, de escasos segundos, para resumir más por obligación en la pauta que por interés de la gerencia censurada, el paso de este genio siempre incómodo al poder. Los medios digitales han dedicado horas, y lo seguirán haciendo, en pequeñas notas para encapsular su obra y hacerla digerible a un público que sigue convulso por la crisis económica.
            Zapata vino y se fue del mundo con una Venezuela bajo la bota del abuso, la intolerancia y la corruptela. Nació en 1929, un año después de las manifestaciones de febrero del 28 cuando los jóvenes idealistas pensaron un país distinto, libre, que luego vivieron con la luz del esplendor de una democracia ganada por la conciencia de la gente y adaptada al nuevo ideal de cambio y transformación que exigía Venezuela. Murió en 2015, en tiempos en que los represores tenían 16 años de haber vuelto al trono pues aquel sistema que se creyó perfecto se descompuso hasta traer como consecuencia un gobierno autoritario de zamuros y carroña que combatió con todo su ser.

            Zapata quedará por siempre en el panteón de nuestros afectos. Gracias por el ejemplo.

Ángel Arellano 

lunes, 2 de febrero de 2015

Todo se cae a pedazos

«Sacando cuentas»

Parte del techo del Palacio Federal Legislativo se quebró y cayó al piso

Se desprende un pedazo de la pared del Hemiciclo de Sesiones de la Asamblea Nacional un martes 27 de enero, justo el primer día de sesión ordinaria de esta agenda legislativa que no termina de arrancar culminado el primer mes del año. La prensa expectante debe conformarse con un par de fotografías que suben a las redes sociales algunos atrevidos. Desde hace años, por mandato del régimen, no tienen acceso al Hemiciclo y deben conformarse con ver la sesión y los actos protocolares desde una habitación del viejo edificio transformada en sala de exhibición a los comunicadores sociales.
El trozo de concreto que cayó en las escaleras de la tribuna de oradores del Parlamento es testigo del deterioro del patrimonio nacional. No hay cuidado, no hay mantenimiento, no hay protección. El “Legado” del difunto es permisivo con el deterioro de todo aquello que nos ha dado identidad nacional. También, con aquel pedazo de pared cae un escándalo, la noticia rimbombante, y alarmante para nuestra tragedia, de que el Capitán-Presidente de la AN está siendo inmiscuido por su ex escolta en graves casos de narcotráfico. Salazar, ese es el apellido del militar que pertenecía al círculo del Capitán-Presidente, estuvo en el equipo de seguridad del difunto. Abundan fuentes, testimonios y documentos que lo prueban. Se configura un nuevo bullicio, de magnitudes galácticas, sobre la participación del Capitán-Presidente en carteles traficantes de droga tan grandes como su fama de instigador y represor.
Hay muchas fotos de Salazar. Ya no es el par de imágenes que se colaron sobre el desmoronamiento del Hemiciclo. Esta vez son docenas, cientos, miles de fotografías circulando en Internet en las que aparece el soplón muy cerca de su antiguo jefe.
El Capitán-Presidente actúa ante el desprestigio que su nombre refiere a la humanidad. El mundo habla de este caso bochornoso. Los círculos oficiales del más alto nivel político se tambalean dando declaraciones incoherentes en un intento por salvar el buen nombre del segundo a bordo de la Revolución. El Capitán-Presidente ha acaparado la participación del alto gobierno en escándalos por lavado de dinero y narcotráfico. En orden de aparición: primero el caso de la maleta con $800 mil que transportaba Antonini Wilson a Argentina, Walid Makled y la exportación de droga desde Carabobo, las delicadas declaraciones del ex magistrado del TSJ Eladio Aponte Aponte y la situación con “El Pollo” Hugo Carvajal retenido en Aruba por asociación con el narcotráfico, para dar paso a Salazar, su acusación más despampanante.
El régimen, en uso de sus atribuciones autoritarias, violadoras de cualquier derecho humano y de la garantía más absurda que refrendan las leyes de la civilización, decreta una autorización a las Fuerzas Armadas para usar “armas potencialmente mortales” contra manifestantes. La finalidad, obvia, es desviar la atención del nuevo tropiezo del Capitán-Presidente. A la par, éste insulta, discrimina y aprieta el látigo con el que azota a medios de comunicación, empresarios, dirigentes de oposición y grupos no afines. Fustigará a todos los periódicos, emisoras de radio, televisoras y páginas web que osen informar algo respecto a su expediente internacional. El nuevo decreto es una suerte de escudo y su objeto es orientar el debate público hacia algo que no tiene punto de discusión con el inestable régimen: el derecho a existir y a disentir.

Ángel Arellano