Aquí encuentras mi opinión, lo que pienso sobre Venezuela y el momento que nos ha tocado vivir. Lecturas, crónicas, artículos, relatos y crítica... Bienvenidos.

sábado, 10 de enero de 2015

15 años de la Constitución de 1999


         Como bien sabemos, el país ha tenido 26 constituciones, trajes a la medida del momento. La mayoría no aportaron a la edificación de un sistema de instituciones sólidas y útiles. Fueron instrumentos de dominio del caudillo de moda. De todas, la más duradera y que en mayor medida colaboró no sólo con modernizar a Venezuela, sino proveyendo de libertades democráticas y garantías republicanas a la ciudadanía, fue la de 1961, luego derogada por el aluvión revolucionario que dio paso a la vigente, hoy quinceañera.

¿De qué ha servido a Venezuela su última Constitución?
        
         Para establecer comparaciones puntuales, usaremos los datos que aporta la compilación que ha hecho el Dr. José Curiel en el libro “Del pacto de Punto Fijo al Pacto de La Habana”. Veamos algunas diferencias entre la República Civil (Constitución 1961 vigente hasta 1998) y la República Bolivariana (Constitución 1999 aún vigente):

1.      Ingresos totales. República Civil: 427.393. República Bolivariana: 1.295.000. (En millones de dólares hasta 2011).
2.    Precio promedio del barril de petróleo. República Civil: 13,08$. República Bolivariana: 51,80$. (Hasta 2012).
3.     Deuda pública. República Civil: 32.809$. República Bolivariana: 215.000. (En millones de dólares hasta 2012).
4.    Homicidios por cada 100 mil habitantes. República Civil: 9. República Bolivariana: 275. (Hasta 2012).
5.     Camas hospitalarias por cada 100 mil habitantes. República Civil: 25,32. República Bolivariana: 17,01. (Hasta 2012).
6.    Reducción de 6.772 industria entre 1999 y 2007.
7.     Alumnos inscritos en primer grado: 657.448 (1997-8), 590.235 (2011-12).
8.    Embalses de agua potable, riego, generación eléctrica y control de crecientes. República Civil: 83. República Bolivariana: 2.
9.    Kilómetros de autopistas. República Civil: 2.059. República Bolivariana: 402.
10.           Aeropuertos construidos. República Civil: 63. República Bolivariana: 0.


Luego de 15 años de la nueva Constitución, revolucionaria, bolivariana, ¿hay mejores resultados? ¿Cambió para bien o para mal el rumbo de Venezuela? ¿La solución es una nueva Constitución Nacional o restablecer el sistema institucional de libertades democráticas y garantías republicanas perdidos?

Ángel Arellano

martes, 6 de enero de 2015

2015 y el plan necesario

Escasez. Foto: El Nuevo Herald.
          “Viejo, y ¿por qué esta cola de hoy?, ¿qué hay?”, pregunté al vigilante del Farmatodo a las cinco de la tarde del lunes. “No sé, por lo que llegue esta noche en el camión”, me respondió. Una primera impresión de 2015. Multitudes haciendo colas por cualquier producto, el que sea, no hay ninguno. La escasez, el desabastecimiento, el hambre y la carestía han sumido a la población en un clima de intenso estrés, angustia y frustración. Una alteración a nuestra salud mental que se refleja en el denso y pesimista aire que estamos respirando.
            Esa misma tarde, desde la Asamblea Nacional, el circo daba apertura al año legislativo. Nada nuevo. Algunas piezas de la fracción psuvista fueron movidas de acuerdo a la conveniencia del Capitán-Diputado para reafirmar al país que mientras el chavismo sea mayoría en el remedo de Parlamento, nunca la disidencia tendrá participación en la directiva o en comisiones permanentes y por ende nunca se legislará.
            La sesión de instalación de la AN fue un intento de teatro con una coreografía muy pobre, gala de la desafinación que caracteriza a las focas en su esfuerzo por cantar como una coral polifónica. Los diputados del gobierno se dedicaron, una vez más, a maldecir el sistema democrático, insultar a la crítica y alabar al chavismo, la religión que los subió de estatus, la que logró que el hampa conduzca la nación por unos oscuros 15 años de penas y decadencia.
            No hay una sola proyección que diga que a Venezuela le irá bien en 2015. Ni una sola. La inflación se convirtió en un indicador en el que nadie cree. Se habla de que el año pasado cerró con un incremento de precios superior al 70% pero en la calle el común denominador encuentra bienes y servicios con aumentos de dos, tres, cuatro, cinco veces o más su valor. Para muestra un botón: Corpoelec subió sus tarifas en más de 100% sin “precio justo” que importara.
Un huevo cuesta 17 Bs., un litro de aceite más de 100 Bs., una sardina pequeña 60 Bs., el kilo de carne a partir de 250 Bs. y el de pollo de 180 Bs., la lubricación del motor de un vehículo pequeño supera los 2500 Bs., y el dólar, el germen del imperio, se encuentra en 175 Bs. (05-01-14).
En el marco de este desastre, la alternativa democrática, que desperdició todo el 2014 en dimes y diretes, salvo excepciones de algunos dirigentes que despuntaron por su valentía y coherencia con los postulados que pregonaron, se presenta vaga, en estado de hipnosis. La crisis ha sido un aluvión del que la oposición tampoco se ha salvado. El único plan ventilado es el de las elecciones primarias para seleccionar los candidatos a las parlamentarias. Nuevamente el evento electoral tiene total prioridad por encima del plan político.
La “unidad” se mantiene en permanente revisión. La “calle” es un término que quedó sin definición concreta. La “organización” no ha trascendido a la revisión del padrón de testigos. La “lucha” sigue siendo una actividad de redes sociales y contados medios de comunicación. No hay plan, o por lo menos, no uno visible hasta el momento. Una bandera que incluya a la elección, pero que sea más amplia, más grande, más profunda. Que llegue a la cola, al hospital, a la frustración, al lamento, al clima de pesimismo, para sacar de ese aire negativo, la fuerza necesaria. Que dé respuesta a las preguntas de siempre: “¿qué vamos a hacer nosotros?, ¿cuándo nos activamos?”.
El plan requiere de liderazgo, sacrificio, compromiso. No de mesías ni falsos redentores. Más activismo y menos habladuría. Caras nuevas y viejas. Equipos colectivos y no de guerras de partidos. Renovación e ideas vigentes. Amplitud y contacto con la gente.

Ángel Arellano

Comentario a un año de la muerte de Mónica Spear

Un año de la muerte de Mónica Spear, el crimen que sumió a Venezuela en el reconocimiento de su atroz marea de inseguridad, antecedente de miles de protestas que quitaron la máscara al autoritarismo que nos gobierna. Fue asesinada una ícono, una joya de la venezolanidad. Pocas cosas describen nuestra cultura como la devoción por el Miss Venezuela, el certamen que todos los años reúne a la familia tras el televisor de la sala para engrandecer lo que queda de orgullo nacional.
Spear estuvo en dos escenarios muy preciados por la sociedad: fue nuestra Miss en 2004 y luego actriz de exitosas novelas de TV. El pecado que el hampa le cobró fue vacacionar con su esposo y su hija. Él también murió, la niña recibió un disparo. 365 después, la noticia que resalta la prensa nacional es la siguiente: “Sin rastros del sujeto que asesinó a Mónica Spear y su esposo en Carabobo”.
Impunidad, complicidad, ineficiencia, inoperancia, desconocimiento, ignorancia, despreocupación, palabras que resumen este caso todavía no resuelto. Un año después, Venezuela sigue en el atolladero, iniciando un 2015 en el que sólo es recomendable luchar unidos contra el régimen que desangra al país.
Que en paz descanse Mónica Spear y la seguridad de la que alguna vez gozó la nación, aun cuando sea un vago y extraño recuerdo.

Ángel Arellano